Ossiel González se refugió en la embajada de Argentina. “En la Embajada se oía toda clase de rumores de una posible guerra nuclear entre Rusia y EE.UU.”

Written by Germán Acero

8 de noviembre de 2022



Ossiel González, directivo de Alpha 66, solo oía una serie de rumores, que corrían de boca en boca, entre la gente que se encontraba en la Embajada de Argentina en La Habana, por allá en el año 1962, cuando estalló la Crisis de los Mísiles y puso al mundo a temblar.

“En aquel octubre 1962 cuando sucedió la Crisis de los Mísiles, yo estaba todavía en Cuba, en ese momento en la Embajada de Argentina, donde me asilé buscando protección para mi vida ante el huracán de intimidación y persecución que desató Fidel contra los opositores”, afirmó. 

“Un año después, en el 1963, yo llegué entonces a los EE.UU.  En aquel entonces estaba adscrito al Estado Mayor del Ejército de rebeldes. Yo me asilé en el año 1961 en la embajada de Argentina. Sabía que, si los esbirros de Castro me encontraban, entonces, me fusilarían. No había de otra”, relató.

“Y la crisis fue en 1962 en octubre cuando yo estaba en la embajada.  Nos informaron de todo esto porque teníamos las noticias y oíamos las primicias por la radio y la TV: En aquel entonces se captaba todo por la Voz de América de los Estados Unidos”, insistió.

“Allí se monitoreaba todo. Y siempre había noticias al día. Y de lo que estaba pasando también en Estados Unidos donde también se vivía una tensa situación por la supuesta amenaza nuclear anunciada por Rusia”, narró González.

“Eran noticias a diario.  Se comentaba y se decía que ya venían los americanos a invadir Cuba para abrir la libertad en la isla. Y entonces aseguraban que así se acabaría el comunismo. En esa época se pensó y también se comentó mucho en los medios que Fidel estaba pensando irse de Cuba”, aportó.

“Como te digo, específicamente que quería irse de la isla y, para ello, se estaba preparando con todo y sus camaradas compinches. Tenía miedo de lo que estaba pasando con la Crisis de los Mísiles la cual él prendió poniendo al mundo en tensión máxima”, sostuvo.

“Y aparte que los barcos ya habían virado cuando venían cargados con mísiles aire-tierra para invadir a Cuba, pero un acuerdo, rápido entre Khrushchev y Kennedy lo disolvió totalmente y disminuyó entonces la tensión mundial”, aseguró.

“Sin embargo, teníamos temor de que sucediera cualquier cosa. Que a lo mejor íbamos a morir porque el barco era de los EE.UU. y tenía el poder para comandar una invasión a Cuba navegando a marchas con intenciones muy terribles”, destacó.

“La tensión era muy grande porque también estaba la contraparte, que era Rusia, ya que Nikita había advertido que su país iba a apoyar a Cuba ante la amenaza estadounidense, lo cual hubiera desatado una guerra nuclear entre estas dos potencias”, advirtió.

“Se habían activado, inclusive, las baterías norteamericanas en el golfo de la Florida para despegar un ataque rápido hacia Cuba que no iba a demorar más de 5 minutos. Hubiese sido algo desastroso comentaban los periodistas y analistas de aquella época por los medios de comunicación”, afirmó.

“Lo único que puedo aclarar es que, en aquel entonces, no hubo comentarios de que iban a comprar raciones para sobrevivir ya que al fin y al cabo estábamos a la buena de mi Dios. En ocasiones estaban grupos de manifestantes jalándole a las revueltas en la Plaza de la Revolución “, añadió.

“Recuerdo mostraron que por la calle G un grupo de cubanos simpatizantes de la dictadura se habían recostado sobre las cerca de la embajada para tumbarla. Sentimos miedo. Porque si podían meterse, al interior de la sede diplomática, a lo mejor nos iban a linchar”, resaltó.

“Era una cerca bien hecha de hierro. Y casi la tumban. Pensábamos que, si la turba se metía, no habría nada que hacer, porque estaban fuertemente armados. Algunos de nosotros teníamos armas”, insistió.

“Pero ellos eran muchos. Un compañero nuestro, de apellido Padilla, se suicidó allí. Más tarde otro murió en un accidente cuando manipulaba un taladro y se electrocutó cuando preparaba un barco. Heredio Peña también estaba armado. Lo mismo que Arruca Pacho”, añadió.

“Cuando se supo del arreglo a que habían llegado Rusia y

 EE.UU. respiramos profundo. Había pasado una de las peores pesadillas de nuestras vidas. Pese a que en algunos momentos pensamos que había llegado el final de nuestras vidas. Pero superamos, por fortuna, el miedo y el terror”, enfatizó.

Yo salí de la embajada en febrero del 1963 y lo hice hacia Puerto Rico. Mi esposa estaba en los Estados Unidos. Yo tenía en ese entonces 26 años. Mi salida  fue respaldada por un embajador plenipotenciario que lo mandaron para que me acompañara para que no me pasara nada”, sintetizó. 

“Finalmente, quiero resaltar que este embajador le advirtió a Fidel que, si nos mataban, entonces, le envolvería la bandera de la embajada a todos los refugiados que estaban allí”. “Al final todo salió perfecto”, concluyó.

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