OCTUBRE: MI COLUMNA CUMPLIÓ 57 AÑOS

Written by Esteban Fernández

1 de noviembre de 2022

No, no vayan a imaginar que yo soy viejo, simplemente estaba gateando cuando comencé a escribir.

Algunos lectores se han tropezado con mis escritos recientemente gracias al Periódico LIBRE, a Facebook etc. y creen que es algo nuevo, pero de eso nada, esta columna es más vieja que Matusalén. Surge en la época de Ñañaseré.

Yo tenía una mota más grande que la de Elvis Presley, el Presidente era Lyndon B. Johnson…

Barack Hussein Obama estaba montado en un velocípedo en Hawai, Michael Jackson era un muchachito, la organización más antigua del exilio, Alpha 66, estaba dando los primeros pasos en Puerto Rico.

No existía el CID, ni la Junta Patriótica, ni Abdala, ni la Fundación Cubano Americana, Otto Sirgo era un galán y Celia Cruz todavía estaba en la mitad de su carrera artística.

Jorge Ramos era un muchachito pesado empinando papalotes en México, nadie sabía quiénes eran Willy Chirino, ni Thalía, ni Shakira. Emilio Sánchez y familia recién inauguraba el Liborio en la 8 y la 8 del SW, Andy García ni sabía que iba a ser artista de cine.

El gordo Raúl de Molina aún estaba en la primaria comiéndose la merienda de los demás muchachos, la flaca Lili tenía un año de nacida, el mejor columnista del exilio era Humberto Medrano.

No existía Radio Martí y teníamos que conformarnos con “Radio Swan” y comíamos arroz frito en el Peking de Rafael y Federico. Todavía Antonio Calatayud y Roberto Soto no habían abierto el local del RECE en Los Ángeles y Jorge Más Canosa era pobre.

Cuando comenzaron mis escritos la mayoría de los que entrevistaba María Elvira en Mega T.V. se estrenaban de milicianos y chivatos.

Carlos Prío, Fulgencio Batista, Guas Inclán, Andrés y Aurelio Nazario, Diego Medina, Agustín Tamargo, Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar, Mimí Cal, estaban vivos.

Tony Cuesta, René Cruz, Renán Llanez y miles de compatriotas estaban en las cárceles de la tiranía. El M.I.R.R. de Orlando Bosh comenzaba los ataques aéreos contra el castrismo.

El único libro anticastrista era “Daga en el Corazón” de Mario Lazo, no existía la disidencia pacífica, ni se usaban palabras como “relajarse” ni “estresarse”, no se conocía la terrible enfermedad del SIDA, Shirhan Shirhan todavía no había asesinado a Robert Kennedy, yo no tenía hijas y ya soy abuelo.

Cuando comenzó esta columna, nadie recibía un correo electrónico (Email), nadie le llamaba “salsa” a la música cubana, la gasolina costaba menos de un peso el galón, el Che Guevara no había llegado al infierno, Ronald Reagan no era ni gobernador de California.

Y al terminar mi primer escrito con una pluma dorada regalada por Carlos Fandiño, se lo enseñé a uno de mis mejores amigos, Luis Beato. Lo leyó con mucha paciencia, me miró fijamente, se sonrió, y me dijo: “Chico, sigue, sigue escribiendo, escribes bastante bien”. Se lo puso en un bolsillo y lo llevó a La Prensa de Los Ángeles.

El Director Renán Romero dijo: “Lo publico si Estebita se compromete a hacerme por lo menos cinco artículos”, y me he excedido, ya he redactado más de tres mil.

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