NUESTRO CLIMA ESTÁ CAMBIANDO

Written by Libre Online

19 de octubre de 2022

Por Norman Carlisle (1955)

Un día de agosto del año 1928, un pequeño aeroplano despegó del aeropuerto en Rockford, Illinois. En sus «controles» estaba sentado un joven y resuelto piloto, llamado Hassell, que se proponía llegar hasta Estocolmo, la capital de Suecia.

Cuando se hallaba sobre Groenlandia, Hassell llegó a una conclusión aterradora. No sabía cómo había pasado por alto la estación de abastecimiento de combustible que establecieran allí. Después de volar sin rumbo fijo durante horas, aterrizó en las desoladas extensiones del gran casquete de hielo, y él y su piloto partieron a pie hacia la costa. 

Transcurrieron dos semanas antes de que los encontraran y retornaran a la civilización. Dieciséis años más tarde, un aeroplano de reconocimiento de la marina de los Estados Unidos voló sobre las grandes extensiones de témpanos flotantes. Debajo, algo extraño llamó la atención del piloto. Más tarde, cuando logró aterrizar junto a ello, el intrigado aviador se halló frente por frente al viejo avión de 1928 vuelto del revés por el viento.

Para los científicos del mundo entero el suceso fue algo más que mera noticia. Porque, en los largos años en que había permanecido en aquel desolado yermo helado el aeroplano debía de haber sido profundamente sepultado bajo el hielo. El hecho de que no fuera significaba que las arrolladoras tempestades de nieve de Groenlandia no estaban ya constituyendo el casquete polar. 

Entre una masa abrumadora y cada vez mayor número de pruebas, la mayor parte fruto de estudios detallados, pero en parte compuesta de indicios accidentalmente cubiertos, tales como el aeroplano de Hassell, los hombres de ciencia tienen una pasmosa respuesta a la pregunta que hacen miles de personas: ¿Está cambiando nuestro clima?

Si se les hubiera hecho esa pregunta hace unos años, los climatólogos sólo hubiesen podido menear la cabeza. Pero ahora, a medida que se practican nuevas observaciones, tienen que confesar que nuestro clima está cambiando —y está cambiando de prisa.

En realidad, el mundo se está tornando más cálido

Mes tras mes, año tras año, los Picos se mueven lentamente hacia el norte, los grandes glaciales se derriten, las temperaturas suben en todas partes. Ciclos de temperatura por largo tiempo establecidos presentan extrañas variaciones.

—Sabemos a ciencia cierta —dice el doctor George H. T. Kimble, afamado geólogo y director del Observatorio Meteorológico de la Universidad de McGill, en Canadá que están ocurriendo en la actualidad importantes cambios en el clima.

Fue significativo el tiempo insólito que predominó en 1953 y que produjo incomodidades y desastres y muerte a millones de personas en el mundo entero. Espantosas sequías en el sudoeste de los Estados Unidos…, lluvias sin precedentes en la costa oriental norteamericana.., un calor sofocante de 80 grados Fahrenheit (26.7 centígrados) en Kansas City en pleno mes de marzo… olas de calor achicharrante y sequías en América del Sur. Lluvias que establecieron récord en la seca África del Sur, niebla solamente el año antes en Londres tan densa que asombró, inclusive, a los habitantes de esa brumosa ciudad.

Los hombres de ciencia no saben cuáles de estos fenómenos pueden achacarse directamente a los extensos cambios de clima; pero todos ellos cuadran perfectamente en el marco de un mundo que está comenzando una nueva era climática.

Algunas de las más notables pruebas provienen de las grandes “veletas indicadoras” del mundo: las sábanas de hielo que todavía cubren seis millones de millas cuadradas -más del 10 por ciento- de la superficie terrestre del globo. En 1900, nueve de los sesenta glaciares del Glacier National Park cubría cada uno una milla cuadrada o más. Hoy sólo queda una gran sábana de hielo, y cubre poco más de media milla cuadrada.

Los ríos alimentados por las “nieves perpetuas” de las montañas de la costa norocidental del Pácifico están mermando a medida que los glaciares se reducen, circunstancia que hace al doctor Richard Flint, geólogo de Yale, conjeturar que las comunidades de esa región «pueden esperar que llegue un tiempo —y no muy distante en lo futuro por cierto en que su abastecimiento de energía desaparecerá prácticamente», a menos que haya una reversión de la actual tendencia de la temperatura.

En Alaska, donde la Sociedad Geográfica Americana ha estado enviando expediciones anuales para estudiar los glaciares, los cambios han sido espectaculares. Cuando John Muir visitó Alaska, en 1880, vio una vasta y sólida extensión de hielo a la cual se le puso por nombre Glaciar de Muir, en honor suyo. Hoy ese gigante se ha convertido en doce pequeños glaciares que están desapareciendo rápidamente. La muralla de hielo ha retrocedido más de ocho millas en un punto registrado. En algunos lugares donde un tiempo tuviera el espesor de 2,500 pues, o sea, dos veces el alto del Empire State Building, ha desaparecido totalmente. Los tales cambios están ocurriendo en todas las regiones árticas, en lo que los científicos denominan “la desaparición catastrófica del hielo”.

Ese hecho quedó dramáticamente probado en 1952 cuando el rompehielos “Eastward”, de la guardia de Costa de los Estados Unidos, avanzó por agua libre y hielo que se desmoronaba hasta un sitio sólo a 508 millas del Polo Norte -el sitio más septentrional a que hubiera penetrado jamás un barco.

Hoy los barcos navegan hasta regiones situadas muy al norte, alrededor de Spitzbergen durante siete meses del año, cuando no hace mucho la navegación estaba limitada a sólo tres meses. En Groenlandia, las grandes masas de hielo flotantes de una milla de profundidad están retrocediendo lentamente, y revelando mera tierra.

En los Alpes, en Europa, desde hoteles construidos hace medio siglo en localidades dramáticas con vistas absolutas de grandes glaciares no se ve actualmente glaciar alguno. En África, las nieves del Kilimanjaro, un tiempo descritas como “perpetuas” están desapareciendo rápidamente, como los del monte Kenya.

En poco más de medio siglo el Gran Lago Salado ha perdido la mitad de sus aguas. En África, el Lago Chad presenta una constante baja en su nivel año tras año, como los mares Caspio y Aral, en Asia.

Los hombres de ciencia se sienten impresionados por la constante alza de las temperaturas en todas las ciudades del hemisferio occidental. La temperatura media anual ha subido cuatro grados en Filadelfia en un siglo, tres grados en Nueva York. En Washington, D.C., los días de temperatura bajo cero han reducido en más de un tercio. En Montreal, dícese que las temperaturas bajo cero son la mitad menos frecuentes que en el siglo pasado.

-La naturaleza tiene, en sus plantas y animales -dice Alwin Seifert, ecólogo conocido internacionalmente- indicadores más sensibles del cambio de clima de los meteorólogos con sus medidores de temperaturas y lluvia.

Botánicos asombrados están descubriendo que el curbaril, un tiempo limitado a las regiones cálidas de los Estados Unidos, está apareciendo en muchas partes frías de Europa. Trazan su progreso a partir de trasplantes originales hechos a partes cálidas del sur de Rusia. En Alaska y la parte norte de Quebec hay una constante marcha de árboles hacia el norte, a terrenos hasta ahora yermos. Bosques mal desarrollados están dando muestras de normal crecimiento. En Noruega y Suecia, los árboles crecen en altitudes donde antes no podían sobrevivir.

Las plantas importadas a climas en un tiempo considerados demasiado fríos para ellas dan muestras de asombrosa adaptación. Por ejemplo, el pino gigantesco de California, otrora morador solamente de la costa occidental de Norteamérica, ha sido cultivado con buen éxito en Pennsylvania; en el sur de Ontario, los labriegos están haciendo experimentos hasta con el cultivo de algodón.

La naturaleza, de un modo u otro, ha transmitido también a sus criaturas la información de que ya pueden avanzar en procura de nuevos territorios.

Los climatólogos pueden estar aún en desacuerdo unos con otros sobre la interpretación correcta de los registros de la temperatura, pero nuestras especies salvajes no están aguardando sus conclusiones, avanzan hacia el norte -dice el doctor Joseph J. Hickey, ornitólogo de la Universidad de Wisconsin.

Ha habido algunos cambios asombrosos en la fauna al norte de una línea trazada entre Iowa y Nueva Jersey, reporta el citado hombre de ciencia. La vida salvaje animal que antes raras veces se encontraba por encima de esta línea, pero ahora aumenta en número, incluye la zarigüeya, el aura tiñosa, el pájaro penachudo, el cerrojillo aliazul y el cardenal.

Los seres humanos pueden ser también «veletas indicadoras» que proporcionan pruebas notables del cambio del clima. Estudiando los efectos del clima en las personas, el doctor Clarence Mills, climatólogo médico de la Universidad de Cincinnati, ha descubierto que están ocurriendo cambios fisiológicos en las gentes. Estudios de hombres y mujeres de edad universitaria revelan que la tendencia a una mayor estatura se ha invertido ahora, una época en que las normas de nutrición han llegado a su más alto nivel, la estatura del adulto arrojó un descenso definido.

La creencia popular de que las muchachas alcanzan la madurez más pronto en los trópicos ha sido refutada por estudios de largo alcance que demuestran que el comienzo de los periodos menstruales realmente ocurre uno o dos años antes en la zona templada en los Estados Unidos que en las Filipinas. El doctor Mills ha descubierto que en las dos pasadas décadas ha habido una tendencia a demorar la madurez en las muchachas de los Estados Unidos, tendencia que apareciera primero en los estados situados en la latitud de las Carolinas, haciéndose evidente luego en las latitudes de Ohio y más tarde Wisconsin donde «todavía sigue siendo una insinuación indefinida».

De esto el doctor Mills deriva la conclusión de que «el mismo retardo semitropical que antes engolfara a los países mediterráneos de Europa está avanzando lentamente sobre los Estados Unidos y Europa Central».

Con todas estas pruebas sobre el cambio del clima, los científicos se ven frente a una gran interrogación: ¿Por qué?

Ellos entienden el estado del tiempo cotidiano del mundo. Saben por qué rugen los huracanes desde el mar, por qué giran violentamente los tornados sobre la tierra, por qué hay furiosas tempestades de nieve, por qué van y vienen las olas frías temporales y las olas de calor. Pero no saben qué fuerzas titánicas de la 

naturaleza están creando este decisivo cataclismo climático de largo alcance.

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