NOS DESPEDIMOS DEL 2022

Written by Rev. Martin Añorga

27 de diciembre de 2022

El próximo sábado 31 nos despediremos del año 2022. Este es un apropiado día para que hagamos una evaluación de nuestro recorrido a lo largo de la ruta que llega a su final. Hay, en el transcurso de un año, incidentes que agradecer y sucesos que lamenter. No sé si todos estaríamos dispuestos a dar gracias a Dios por ambos.

¿Podemos con toda sinceridad expresar gratitud por los dolores, las pruebas y las lágrimas…? Intentémoslo, haciendo un alto en el camino para repetir con fervor esta oración personal con nuestro Dios:

“Señor, te doy gracias por el dolor que me llevó a conocer la altura de tu consuelo, gracias te doy por las lágrimas que convertiste en rayos de luz que me permitieron mirar la vida con mayor madurez. 

Gracias por las decepciones, que me han capacitado para no empeñar mi fe en frivolidades.

Gracias por las frustraciones que me han abierto la mente para no depositar confianza en los que no la merecen.

Gracias por dejarme conocer que hay grietas de deslealtad en las amistades, tintes de hipocresía en los que extienden la mano negándome el corazón, porque todo eso me impulsa a comprender mucho más a los demás, sabiendo que son imprefectos como lo soy yo.

Gracias por la Muerte que me hizo creer en la vida verdadera.

Gracias por la caída que me dio fuerzas para que me levantara.

Gracias por la enfermedad que me enseñó a respetar mi salud.

Gracias por los fracasos que me hicieron ver que soy frágil y que no puedo dejar de depender de ti para la obtención del triunfo.

Gracias, Señor, por mis horas de angustia: el desempleo que me ha impulsado a honrar con más disciplina el trabajo; la soledad que me ha hecho buscar la cercanía de aquellos a quienes debo amar y que me han permitido descubrir que el que contigo anda, jamás siente abandono.

Mi padre del Cielo, gracias por mis dudas que me han producido raices de fe; por las abruptas expresiones y las agresivas actitudes, que me condujeron a la paz de la reconciliación.

Gracias por el nieto que me llenó de colores la camisa, porque con él aprendí que vale más el cariño que lo efímeros goces materiales.

Gracias por la rotura de mi automóvil, que me ofreció el gusto de una caminata.

Gracias por la escasez del dinero, con el que aprendí que tengo lo suficiente y lo que me sobra no es necesario.

Gracias por el dolor que me avisó de que algo andaba mal dentro de mí.

Gracias por el olvido que después me regaló la alegría de encontrar inesperadamente lo que buscaba.

Gracias porque me has concedido llegar hasta hoy, con tropezones que me pulieron el carácter y experiencia suficiente para apreciar las bendiciones que se encierran en el vientre de cada día.

Gracias por la vejez, señal de que vivo; gracias por la lentitud de mis pasos porque me animan a disfrutar del paisaje que antes ignoraba.

Gracias por mi vista escasa, que me hace glorificarte por las auroras que todavía veo y que antes desafiaba con mi indiferencia.

Gracias Padre, por el accidente que me ha hecho más precavido; por los peligros de que me has librado, enseñándome de que jamás debo tomar riesgos innecesarios.

Gracias por la sed agobiante que me hizo pensar en el valor del agua, de la que otros carecen y que yo he desperdiciado indolentemente.

Gracias por el regreso del amor que perdí, porque ahora lo valorizo con mucha más gratitud. Gracias por la ausencia de mis hijos que han fabricado sus propios nidos, porque al reunirme con ellos me doy cuenta de cuanto valen y cuanta falta me hacen.

Señor, gracias por mi destierro, porque me ha hecho amar más intensamente a mi patria y por la nostalgia de su distancia, porque me obliga a no resignarme a haberla perdido.

¡Gracias señor por todo…! la dulzura y el amargor; la calma y la tempestad, el llanto y la sonrisa… la luz y las sombras… la mañana y el atardecer, gracias por la vida…! ¡amén!

Espero que esta oración, que me ha brotado del alma, sea una sencilla manera de honrar a Dios por todo lo que ha sucedido en el 2022.

¡Levantemos ahora la mirada, ajustemos nuestras habilidades, fortifiquemos nuestra Esperanza y entremos en el pórtico del 2023 con ánimo de conquistadores!

Termino compartiendo esta interesante información: ¿Saben cuánto durará el año que empieza? El año 2023 tendrá 12 meses, 52 semanas, 365 días, 8,766 horas y  525,600 minutos.

¡A disfrutarlo bajo la dirección de Dios!

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