NOCHE DE PAZ

Written by Rev. Martin Añorga

19 de diciembre de 2023

Probablemente uno de los cánticos más famosos en la historia de la cristiandad es “Noche de Paz”. Sus orígenes son muy interesantes.

En una humilde aldea llamada Hallein, perdida en los remotos paisajes de los Alpes austriacos, el 24 de diciembre de 1818 leía con unción diversos pasajes de La Biblia el padre José Mohr. Hasta él llegaban las voces de los niños de la comarca, quienes entonaban diversas melodías navideñas, disfrutando de la rara oportunidad de estar despiertos a altas horas de la noche.

Hay que imaginar el paisaje. Las montañas estaban decoradas de nieve y el aire frío soplaba con silbante intensidad. Las rústicas cabañas se iluminaban con las débiles luces de las inquietas velas y el pequeño valle lucía como una inmensa alfombra de blancas nubes. Una Nochebuena en un punto clavado en las faldas de las montañas era propicia para la nostalgia y la meditación.

En medio de sus estudios, tocó a la puerta del sacerdote Mohr una aldeana, empapada de nieve, nerviosa y asustada. “Padre – le dijo -, hace pocas horas dio a luz la esposa de un carbonero de la región. Son muy pobres y viven en las laderas de la montaña; pero están muy felices y quieren que usted vaya a bendecir la criaturita que les ha nacido”. El noble cura pueblerino no se molestó por la inusitada interrupción ni por el ruego que se le hacía. Se echó encima el viejo gabán que le protegía del frío y se fue rumbo a la cabaña donde le esperaba una familia que, en Nochebuena, disfrutaban también de un niño que les había llegado.

El padre Mohr se sintió profundamente emocionado por la visita realizada. En un estrecho camastro halló a una madre, paupérrima, mal cobijada en viejos retazos, que sonreía tiernamente a la criaturita que amparaba en sus brazos. De regreso por el hosco camino, pensaba el sacerdote en la similitud de este nacimiento con el del niño Jesús en Belén. Afuera el frío cortante, dentro la miseria de una choza envejecida; pero iluminada por el gozo y santificada por la presencia de Dios.

Después de los servicios religiosos tradicionales de la Nochebuena el padre Mohr, sentado en su humilde despacho, revisaba sus experiencias del día y se dedicó a escribir sobre los sentimientos que se agolpaban en su corazón. En las brumosas horas del amanecer, sus ojos irritados por la vigilia, leyeron los versos que más tarde conmoverían al mundo. Nació, en forma de poesía, “Noche de Paz”.

Al día siguiente, cuando se celebraba la Navidad, Francisco Javier Gruber, maestro de música de la escuelita local, compuso una melodía apropiada para los versos del padre Mohr. Para estrenar el himno no pudieron utilizar el viejo órgano de la iglesia, que estaba inservible, así que con el acompañamiento de la guitarra a cargo de Francisco Javier, se cantó por vez primera la melodía que hoy cantan millones de seres humanos alrededor del mundo.

“¡Noche de paz, noche de amor!

Todo duerme en derredor.

Entre los astros

que esparcen su luz,

bella, anunciando al niñito Jesús,

brilla la estrella de paz.

brilla la estrella de paz….”.

¡Noche de paz, noche de amor!

Oye humilde el fiel pastor

coros celestes

que anuncian salud.

gracias y glorias

en gran plenitud,

por nuestro buen Redentor,

por nuestro buen Redentor.

¡Noche de paz, noche de amor!

Ved qué bello resplandor

luce en el rostro del niño Jesús,

en el pesebre, del mundo la luz,

Astro de eterno fulgor,

Astro de eterno fulgor”.

Eran muy queridos en el valle de Zillertal, en el Tirol austriaco, cuatro niños llamados Carolina, José, Andreas y la pequeña Amelia que a duras penas podía pronunciar correctamente la letra de las canciones que cantaba. “Esos muchachos Strasser – decían todos -, son como ángeles que cantan”. Y, en efecto, por el talento que desplegaban eran reiteradamente invitados a cantar en todas las celebraciones, no tan solo de la comarca, sino en muchos otros lugares del área. En cierta oportunidad fueron llevados a un solemne concierto en la Gewandhaus, antiguo recinto gremial de los pañeros de Leipzig, al que asistieron los reyes de Sajonia. Cuando estos cuatro muchachitos, después de entonar diferentes melodías cantaron “Noche de Paz”, el público presente se conmovió y de pie todos, dedicaron a los cantores una espléndida ovación.

“¡Bellísima, increíble …, nunca habíamos oído esta melodía de Navidad!”, – dijeron los monarcas.

“Es una canción popular tirolesa”, explicó alguien.

El 24 de diciembre de 1832, catorce años después de la noche inolvidable en que un sencillo sacerdote de una aldea alpina concibió su letra, los Strausser cantaron en la Capilla del Palacio Real de Pleisenburgo, ante los absortos monarcas y miembros de su corte, el bello himno “Noche de Paz”.

En 1938 el reino de Austria fue borrado del mapa; pero siempre le cabrá la gloria de ser la cuna de Noche de Paz. Se afirma que este bello himno ha sido traducido a más de 400 idiomas y dialectos en todo el mundo. La versión en español más usada se debe a Federico Fliedner. Nunca se sabrá cuántas impresiones y grabaciones se han hecho de la melodía, que es hoy patrimonio de la humanidad.

Por diversas razones, todos los que oyen Noche de Paz se emocionan profundamente. La melodía está impregnada de una ternura conmovedora y la letra es de un profundo tono evangélico. A Dios rogamos que en estas navidades, haya de veras para todos los humanos el disfrute pleno de la verdadera paz.

Aprendamos a mirar a las estrellas y recibamos de las alturas la bendición amorosa del dulce niño de Belén. Desde estas páginas acogedoras de LIBRE deseamos a todos, unas Navidades muy felices y bendecidas.

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