¡NO MÁS!

Written by Esteban Fernández

29 de septiembre de 2021

Hoy voy a escribirles sobre los grados militares castristas. En Los Ángeles conocí al comandante José Duarte Oropesa. La gente decía que “él mismo se había puesto los grados”, un día se lo pregunté pensando que airadamente iba a negar eso, pero sonriente me dijo: “Es cierto, pero en realidad todos nos pusimos los grados, empezando por Fidel”.

Así fue. Inmediatamente -al poner una pata en La Plata- el tirano en ciernes se puso el grado supremo: Comandante en jefe. Al segundo que le regaló las estrellas fue al enfermero Ernesto Guevara como premio por haber asesinado a sangre fría al campesino Eutimio Guerra.

Como ustedes se lo pueden imaginar ahí mismo el feminoide Raúl le dio una perreta, completamente histérico, y Fidel lo complació, lo hizo comandante, pero lo envió para la Sierra Cristal para no tener que aguantar sus lloriqueos y pajarerías.

No existe ningún ejército en el mundo que con un simple picnic en las montañas de varios meses y varias escarnamusas los reclutas pasen de civiles a comandantes.

En 1959 el relajo fue tan grande de descarados poniéndose altos grados que Camilo Cienfuegos llamó a una tumultuosa reunión urgente en Columbia (ahora “Ciudad Libertad’) para bajarles los grados y arrancarles sus estrellas a los oportunistas.

Después intentaron formar un verdadero ejército, y de todas partes (detrás de la Cortina de Hierro) llegaron verdaderos generales comunistas los cuales sufrieron al darse cuenta que dentro del Ejército Rebelde no había nadie que verdaderamente tuviera conocimientos militares para ser ni tan siquiera sargentos.

A los que verdaderamente (como Arnaldo Ochoa y varios más) les vieron cualidades militares -y potenciales- los enviaron a estudiar al extranjero, sobre todo a la academia rusa de Frunze.

Cuando los “comandantes” cubanos se quejaron acomplejados de que “al reunirse con sus contrapartes rusas o checas, se encontraban en inferioridad de condiciones” entonces de sopetón los subieron de “comandantes a generales” en un abrir y cerrar de ojos.

A varios les dieron absurdos títulos de “comandantes históricos” y están por encima de los generales. Increíblemente. Otra incongruencia castrista.

Al final de la jornada las Fuerzas Armadas Revolucionarias no le aguantan ni un “round” a los Marines.

Vaya, dos horas después del inicial bombardeo, despavoridos tirarán los rifles al suelo y como Roberto Durán gritarán: “¡No más!”

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