NÍGER, CULPABILIDAD Y AGOTAMIENTO FRANCÉS EN ÁFRICA

8 de agosto de 2023

En espera de que los gobernantes del oeste africano se pongan de acuerdo para enfrentar el desafío que les plantea el golpe de estado perpetrado el 26 de julio en Níger los civiles occidentales se han marchado. Si no cambian radicalmente las cosas los militares harán lo propio como sucedió en Malí. Son americanos y franceses con la enormidad de material y de logística que han implantado estratégicamente en una zona alrededor de la cual pivotean muchos factores claves para la lucha anti-terrorista. Es una cartografía objetos de ambiciones transformada en cóctel explosivo. Los más implicados son los militares franceses quienes desde hace diez años poseen bases en ese país, como parte de un esfuerzo internacional, cuyo objetivo es contrarrestar las acciones enemigas, encarnadas por el Yihad y su guerra santa. Y a la vera del camino los traficantes de drogas con el corolario de contrabandistas de mercancías y de emigrantes que le es consustancial. 

Los franceses en fuga de la semana pasada abordaron seis vuelos militares preparados en toda urgencia por Exteriores desde París. Casi todos partieron con lo que tenían puesto. Junto con ellos huyeron cientos de ciudadanos de otras nacionalidades, excluidos los americanos quienes también evacuaron Niamey, pero muy discretamente. Como el síndrome de la evacuación cuando Afganistán en agosto de 2021 es relativamente reciente la Administración Biden actuó de otra manera.  Pero lo mismo para el caso.

Aquellos de nuestros lectores atraídos por las cuestiones internacionales, por las africanas en particular, estarán siguiendo una actualidad que está en desarrollo. La principal consecuencia de estos hechos es el incremento de la influencia de China y de Rusia en la región. Ambas grandes potencias miembros del Consejo de Seguridad están labrando la tierra africana desde hace tiempo. Habría que reconocerle a Fidel Castro el haber sido un pionero en la materia con las llamadas «guerras africanas de Cuba» que promovió personalmente y que le sirvieron para captar simpatías entre los negros, dinero para mantenerse en el poder como dictador intocable y una imagen de adalid para con los oprimidos.  Curiosa incongruencia ensalzada por las izquierdas alrededor del planeta.

En este asunto de Níger concurren todos los elementos que han transformado a casi toda África en ingobernable.  Manido y soslayado es el racismo tribal que allí enseñorea: Mohamed Bazoum, el presidente depuesto es considerado no-negro y hasta no-nigeriano por los militares que lo han desposeído de una función a la cual fue elegido democráticamente en 2021. Los golpistas se apoyan en vecinos que en Malí y en Burkina Faso han protagonizado recientemente asonadas similares. Existe entre gran parte de las cúpulas militares de esos tres países salidos un denominador común que acopia sentimientos antifranceses, racismo anti blanco y cheguevarismo trasnochado.

Mientras los chinos comunistas hacen gala de eficaz discreción, los rusos teleguiados por Putin capitalizan una implantación que dura desde hace por lo menos una década. Su punta de lanza son los mercenarios del Grupo Wagner, los mismos que implicados en la «operación especial» contra Ucrania se enrocaron días atrás allá por Bielorrusia, en gesto que ha quedado sumido en gran misterio. El llamado Continente Negro es una verdadera mina de riquezas para esos dos países, sus agentes y sus matarifes. Concurre igualmente el pugilato por minerales tan codiciados como raros. En Níger, por ejemplo, hay uranio. Otros países poseen tierras fértiles que están siendo arrendadas mediante operaciones entre estados en las cuales la corrupción garantiza opacidades inconfesables. Con la correspondiente opresión a campesinos y a obreros los productos cultivados son enviados sin escala a las dos metrópolis. Mientras, da la impresión de que Estados Unidos y Europa se obstinan en mirar para otra parte, desentendiéndose de realidades comprometedoras para el futuro del planeta.

En cuanto a Francia le ha tocado encarnar un sentimiento anti-occidental que los negros abrazan mayoritariamente. Como el llamado Sur Global posee la palanca imparable de la demografía y de la victimización como culpa inexpiable, la cosa ha seguido empeorando. El «final de la historia» que alrededor de 1991 predijo Fukuyama nos ha dejado no solo sin final sino también sin inicio palpable. Estamos observando que el choque de civilizaciones se ha transformado en confrontación de ellas, que aquí en París deriva esporádicamente en motines y planteamientos ideológicos haciendo círculo vicioso. Las impaciencias de las minorías de aquí y de allá, transformadas en mayorías en potencia según lugares y casos, nada bueno auguran.

La realidad antes descrita tiene gradaciones y en cuanto al África se manifiestan de diferentes maneras según se esté en los países antes, en Senegal, en Costa de Marfil o en Madagascar. Por otra parte, no parece existir antinomia entre crecimiento económico y autoritarismo porque se observa que una cierta armonía colectiva en sociedad se conjuga con la exacerbación de un individualismo obsesivo entre las masas. Y esa supuesta armonía se manifiesta en los países diferentes mediante la existencia de una pobreza que se incrementa de generación en generación pese al enriquecimiento de las élites y de los militares que dominan.  El chivo expiatorio es el enemigo exterior, los occidentales que Francia encabeza.

Durante los últimos treinta años la guerra civil en Ruanda y las intervenciones militares francesas en Costa de Marfil, Libia, Mali y República Centroafricana han empeorado las cosas. Y no debe olvidarse que la propaganda enemiga y el papel de las redes sociales han sido factores agravantes de una situación que a estas alturas veo como irreversible. Paralelamente parece existir un panafricanismo naciente cuyos sus orígenes no están claros. Se concreta en él la idea de que están viviendo el gran continente del futuro. Es una concepción de las cosas que se aprecia como tal en el interior de nuestros países, a comenzar por Estados Unidos, donde los intereses predominantes solo aspiran a obtener ganancias a corto plazo y nada más.

Lo cierto es que cualquiera que sea el desenlace de la actual crisis en Níger habrá que ver quienes se montan y quienes quedan en el andén al paso de este tren por Dahomey. Su destino es por el momento incierto observándolo desde París y desde América Latina.

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