MORAR EN EL DESTIEMPO

Written by Libre Online

15 de noviembre de 2022

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

CRONOS Y YO

Tiene que haber un otro,

Un destiempo, digamos,

Un contratiempo, un anti-tiempo,

¡Cartílago de vida sin luctuosos 

Instantes denigrantes de la muerte!

Iván Pórtela.

Y como lo planificó, y experimentado en ocasiones múltiples, al día siguiente, mientras los conspiradores, armados fuertemente y provistos de una malla  inmovilizadora y sierra manual con la que le  cercenarían el cuerno milagroso, se agazapaban en la maleza, Salam, a la sombra del árbol, se tendió a mi lado. Siguiendo los hechos anteriores, colocó la cabeza en mi regazo y simuló dormir. Pasado un intervalo breve la red cayó sobre nosotros y la quietud del bosque se quebró en voces de mando e interjecciones triunfales: ¡Ya lo tenemos!, en el fragor del instante, gritó quien fue mi prometido. En tropel se encimaban cuando el unicornio abrió los ojos y me ordenó: ¡Hazlo ya! Sin que el pulso me temblara extraje la daga y con el filo ocasioné una rajadura en la malla por la cual Salam, rápido y certero, introdujo el cuerno, deshizo la efectividad de la red y emergió, repartiendo coces, mordiscos y corneadas menores, en todo su poder de bestia mitológica. Despavoridos; perdida la disciplina del propósito, los confabulados huyeron en diferentes direcciones.

A continuación, con habilidad, trepé a su lomo. Primero, a lo largo del bosque, marchó despacio. Luego inició un trote corto que paulatinamente se convirtió en galope que se adentró en una noche repentina, rasgada de rayos, ráfagas de viento gélido y retumbar de truenos lejanos. En algún tramo del recorrido las alitas pequeñas que están encima de las pezuñas que le sirven de patas se agitaron como mariposas; Salam se elevó, un poco, en el aire y tomó rumbo a la cumbre de luz azul. El mismo punto de luz que acabas de traspasar, Virginia le señaló a Arturo.

¿Y ahora qué hacer, qué hacemos, con tanta paz y tranquilidad?, el joven interrogó a la doncella. Hacer lo que se hace en el destiempo, ella, sin mayor explicación, acotó. Después, montó a Salam y de la misma forma que habían llegado partieron. Sin embargo, antes de desaparecer, en un recoveco del destiempo, Virginia elevó el brazo derecho y profirió: Cuando esta fase del círculo del destiempo se cierre volveremos a coincidir.

Y Arturo anduvo a lo largo y ancho de la pradera. Y fue noche cuando quiso que fuese y fue día cuando quiso que sucediese. Y fue él en las edades que quiso serlo y también tuvo encuentros interesantes con partículas semejantes. No obstante, cuando deseó ver a los seres que fueron su esposa e hija le resultó imposible. Entonces, le informaron que ciertas entidades que vivieron y murieron en el espacio tiempo-persona quedaban, dentro de una dimensión diferente, circunscritas a lo acontecido y medible. Y Arturo supo que las pasiones e ilusiones que agitaron su género anterior nada tuvieron que ver con ideales del corazón. Conoció que algunas sustancias químicas, entre muchas, como la norepinefrina, oxitocina, adrenalina y serotonina, regían el comportamiento humano y de otras especies animales. Y Arturo, inmerso en el sosiego invariable del destiempo comenzó, de manera natural y espontánea, a experimentar el tedio de la eternidad que está más allá de la inmortalidad. Y como Virginia había vaticinado, cuando se cerró la fase del círculo del destiempo, doncella y unicornio se hicieron presentes. Con naturalidad de intervalo no transcurrido ella, a orillas del lago con rostro de loto, descabalgó del brioso Salam y le dijo que venían del tiempo humano donde acababan de recrear, una vez más, la leyenda del unicornio y la virgen. ¿Por qué volver a lo acontecido; a lo que fue?, Arturo se interesó. Porque somos mito cósmico; savia fundamental del decálogo que nutre la idea universal de los dioses indispensables. Sin pensamiento motriz no existiría el destiempo. Y Arturo no necesitó escuchar más para entrever que el destiempo era un concepto antojadizo, presuntuoso, trivial y vanidoso que se alimentaba, aun antes del comienzo de la vida, del temor anticipado al dolor y a la muerte física. Y de sopetón advirtió que el hastío que le aquejaba se originó en la futilidad de la patraña adormecedora. Por un instante cerró los ojos. Al abrirlos el entorno, incluyendo unicornio, virgen, pradera, laguna, flores de loto y luminosidad, había desaparecido para destapar la oscuridad y el guiño de luz azul que le había facilitado el ascenso.

Entonces, entendió que debía regresar al lecho donde su cuerpo agotaba la noche. Columbró que tenía que luchar contra los dioses falsos que se agazapaban en inteligencias artificiales y canalizar el dolor de la perdida de los seres queridos en el renuevo implacable de la vida; las siempre precarias flores de juventud y los mordiscos del apetito universal. 

Y en lo alto de la cumbre del destiempo la luz azul parpadeó. El unicornio ensartó el candor de la virgen y Arturo, presintiendo la alborada, instintivo se arrebujó en la cama de sábanas tibias y estrujadas. 

FIN

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