Cuentan los primeros habitantes del pueblo inuit, cercano al río Yukón, que, hace mucho tiempo, no existían el Sol ni la Luna en el firmamento. En aquella época vivía una familia formada por cinco hermanos: cuatro varones y una mujer.
Tres de los hermanos se dedicaban a cazar. El menor, a quien consideraban muy torpe, se quedaba al cuidado de su hermana. La ayudaba a preparar la comida para sus hermanos cazadores y permanecía siempre junto a ella.
Cada otoño, los hermanos cazadores iban a la costa para cazar y, en primavera, subían a las montañas. Cada vez que regresaban a la aldea, la joven y su hermano menor les preparaban abundante comida.
Un día, los tres cazadores regresaron exhaustos después de una dura jornada. La hermana había preparado la comida y se disponía a llevársela a la tienda donde ellos descansaban. Sin embargo, a mitad de camino encontró una escalera junto a una cuerda que llegaba hasta el cielo. La joven, movida por la curiosidad, no lo pensó dos veces y comenzó a subir por la escalera. Cuando esta terminó, continuó trepando por la cuerda.
El hermano pequeño y el origen de las fases de la Luna
Su hermano menor, que lo estaba observando todo, corrió hasta la tienda de los cazadores:
—¡Vengan, ayúdenme! ¡Nuestra hermana está subiendo al cielo y no se detiene! ¡Tenemos que hacer algo! —gritó, asustado.
—¡No digas tonterías! —respondió uno de ellos—. Además de torpe, estás mal de la cabeza. ¡Déjanos descansar!
—No les estoy mintiendo. ¡Vengan a verlo!
Los hermanos decidieron seguirlo y, efectivamente, vieron la escalera y la cuerda, tal como él les había dicho. A su hermana apenas se la distinguía ya. Sin embargo, ninguno quiso hacer nada. Pensaron que podía tratarse de algo mágico y sintieron miedo.
Solo el hermano menor, tan unido a su hermana, decidió seguirla. Pero ella siempre iba por delante. Cuando llegaron a lo más alto, la joven se transformó en el Sol y su hermano, en la Luna.
Desde entonces, él la sigue constantemente. A medida que corre tras ella, va adelgazando hasta que consigue acercarse y ella le da comida, como solía hacerlo cuando estaban en la Tierra. Entonces comienza a engordar cada vez más y vuelve a alejarse de ella.
De nuevo se queda sin comida y empieza a adelgazar. Entonces se hace más rápido y vuelve a alcanzarla, justo a tiempo para que ella le dé comida otra vez.
Y así, un día tras otro, un año tras otro, hasta la eternidad.
Reflexiones sobre la leyenda de las fases de la Luna
• La unión entre la joven y su hermano menor. De los cinco hermanos protagonistas de esta historia, dos estaban especialmente unidos: la joven y su hermano menor, a quien los demás consideraban incapaz de cazar. Su vínculo era especial y, por ello, el final de la historia habla de una unión que va más allá de la vida terrenal. Ambos permanecieron juntos, aunque ahora en el firmamento, para siempre.
• Cuidado con la curiosidad. La joven que encontró aquella extraña y tentadora escalera en medio de la nada se dejó llevar por la curiosidad y por un primer impulso, sin pensar en las consecuencias ni considerar que podía ser peligroso. ¿Fue una imprudencia? Sí. Las consecuencias ya las conocemos: nunca pudo regresar a su mundo y, además, su hermano menor la siguió en un intento desesperado por alcanzarla, dando así origen a las fases de la Luna.
• El coraje y el amor del hermano menor. Ya hemos dicho que el vínculo entre los dos hermanos era especial. Ninguno de los tres cazadores, pese a considerarse valientes, se atrevió a subir por aquella escalera para intentar recuperar a su hermana. Lo hizo precisamente aquel a quien consideraban torpe y cobarde.
A pesar del riesgo, fue el hermano menor quien se lanzó en busca de su hermana y demostró tener verdadero coraje. Se sacrificó por ella y, de paso, nos regaló la explicación legendaria de las fases de la Luna.
Al final, los dos hermanos, que parecían carecer de importancia a los ojos de los otros tres, resultaron ser esenciales para toda la humanidad.
• La metáfora del Sol y la Luna. Es hermoso pensar que el Sol y la Luna son hermanos y que el hermano intenta constantemente alcanzar a su hermana para que vuelva a la Tierra. Es una metáfora del amor eterno entre hermanos y un hermoso símbolo: dos hermanos son los encargados de iluminar el día y la noche en nuestro planeta.







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