Memorias de un párroco

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2 de marzo de 2022

Monseñor Jenaro Suárez Muñiz

Los relatos de El Padre Jenaro, de 1965

 (VIII de XXI)

CORO PARROQUIAL

Una de las grandes necesidades de una parroquia para sus cultos, es sin duda la formación de un coro. Acometióse la empresa, quedando encargado de ello el entendido Sr Coadjutor R. P. Puig, que puso manos a la obra, obteniendo la cooperación de las hermanas Monina y Lolita Rodríguez, Lolita y Celia Michelena, Libertad González, Asunción Ayo, María Isabel y Aurora Cabo, Consuelo y Concha Lamothe, Alicia Dávalos, Blanca Luisa Vallice, la Sra. Margarita Penichet, los jóvenes hermanos Marcote, Urrutia.

Angel Aguirre, Vitin Garay, Torréns y otros que, a la llegada de D. Justo Ojanguren, nombrado organista por defunción del Sr. Sáez, llegó a formar un orfeón, cuyas ejecuciones repercutieron fuera de la ciudad, a la que la Providencia amable adjuntó el R. P. José Larrea y Epela.

El Sr. Ojanguren, notabilísimo organista y compositor, ejecutor de canto gregoriano y el P. Larrea, barítono de valiosísima melodía y gregorianista sin segundo, lograron que la Catedral de S. Carlos ofreciera, así en las misas parroquiales de los domingos y días festivos, como en las grandes solemnidades, hiciese la ilusión de asistir a los cultos de las grandes basílicas romanas.

Son notables los conciertos que, con motivo del Sermón de las Siete Palabras el Viernes Santo, ejecutaba el Orfeón, al que se añadían más cantores, hasta sesenta, para cantar las Siete Palabras del Maestro Dubois. A veces, con motivo de la arribada de algún barco español en domingo, los cantores de la tripulación se sumaban a nuestro coro. Las melodías de Perosi, Battmam y otros resonaron por varios años en nuestro templo.

Por fin, una de las prácticas introducidas por esta época fue el canto solemne de la Salve todos los sábados.  Fueron decayendo tantos entusiasmos y labores por causas que no son de este sitio enumerar, pero que, de un modo o de otro, fueron el fruto de la siembra clandestina de la cizaña, no pocas veces sembrada, más que por el inimicus homo, por celos indiscretos y additicios a los cuales, como dijo el clásico, es mejor no meneallos.

Más de una vez he pensado en aquella escena del Evangelio, en que los setenta y dos enviados por Jesucristo, al volver se quejaban de que había quienes predicaban sin ser del colegio, y el Señor les respondió que mientras no se presentaran como enemigos.

REPARACIÓN Y PINTURA DE IMÁGENES Y ALTARES

1) Se hizo necesario sustituir el Sagrario del altar de la capilla del Sacramento, pues aunque de caoba, no era como a mí me gustaba y mandé construir uno de cedro, conforme a modelo diseñado por el R. P. Pedro Pastor C. M. y que fabricó el que con el tiempo pudo llamarse el carpintero de la Catedral, el joven Juan Mijenes. Construido el Sagrario, de forma exagonal, se procedió a su decoración interior con bandas de seda labrada, obtenido todo ello por gestiones piadosas de la Asociación Eucarística, cuya presidenta era la Sra. Angela Pérez de Fernández, secundada por doña Angélica Oliva de Domínguez: la decoración exterior, en imitación de ónix y mármoles, fue confiada al decorador Sr. Domingo Díaz, que desde entonces quedó también consagrado decorador de la Catedral.

La llave, hecha de una moneda de plata del tiempo de Carlos III. Este sagrario está hoy en el altar del Sagrado Corazón, cuando se adquirió el que hoy está en la capilla, riquísimo, de metal y bronce, comprado en Madrid. Conjuntamente se adquirió una imagen nueva de la Inmaculada, siendo colocada en la hornacina que hasta entonces ocupaba la imagen de Nuestra Señora del Amor Hermoso, imagen vestida, con corona y media luna, al parecer, de plata. Como recuerdo venerable se guarda en los armarios de la sacristía o ante sacristía.

2) Por este entonces, aunque ya antes de venir yo, estaba planeado, se procedió a la restauración del altar del Rosario, que constaba de urna con cristales en el centro, donde se daba culto a Nuestra Señora del Rosario, imagen antigua, que fue sustituida por la que ahora está sobre un pedestal en la capilla del Sagrario. A los lados, en repisas aparte estaban las imágenes de S. Francisco de Asís y la de San Sebastián.

Hecha la modificación merced a las gestiones de la entonces presidenta de la Asociación, la Srta. María de Jesús Ramos, conocida por Chuchita, y obtenida la nueva imagen, se procedió a la decoración del altar en color mármol rosa, a tenor del escabel o suppedáneo anteriormente encargado al Sr. Eirín. Es de marmolina rosada. Se procedió a la bendición que efectuó Mons. Saínz, se celebró una fiesta propiciada por la citada Srta. Ramos, secundada por otras señoras, entre las que se contaban Angélica Oliva, Caridad G. Pella, etc.

3) Parecióme lógico que, al arreglo del Sagrario, se procediese a un mejor acomodo del Baptisterio, ya que, además de ser como la puerta de entrada de la iglesia, encierra dentro una Pila Bautismal, que yo considero, después de haber visto las de diversas e importantes iglesias de Cuba, por la mejor de la Isla, pues a la antigüedad, cerca de 150 años, añade las dimensiones, ya que mide 1-20 m. de diámetro, siendo lo notable que la copa o fuente es de un solo bloque de mármol de Carrara, horadado y pulido dejando, conforme a las disposiciones canónicas de la época, el tabique enterizo.

El pie sobre que descansa, es otro bloque. El piso era de mosaico criollo, que andando el tiempo cedió su sitio al que hoy tiene de mármol. Se procedió ante todo a cubrir las vigas del techo, que es uno de los pisos de la torre del reloj, con un cielo raso de barrotillo, obra encomendada al Sr. Mijenes y su hermano, que era maestro de obras y buen albañil. El Sr. Díaz se encargó de la decoración sencilla, de color azul celeste aprisionado por viñetas de color poniente.

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(Continúa la próxima semana)

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