Por J. A. Albertini, especial para LIBRE
Por supuesto, en aquellos primeros meses del año 1959, gracias al elogio del paredón de fusilamiento, con despliegue de fotos laudatorias para los verdugos y denigrantes para las víctimas que desplegó, como ningún otro medio informativo, la revista Bohemia en sus tres números iniciales; con tiradas de más de un millón de ejemplares; bautizadas, en conjunto, como “Edición de la libertad” y que salieron de imprenta los días, 11 y 18 de enero y 1 de febrero, una parte sustancial de la población aceptó, se acostumbró y aplaudió el paredón; la sangre ajena derramada y la injusticia revolucionaria. Al igual que la mentira, gestada también en la revista Bohemia, de que durante el gobierno del general Batista se habían asesinado a más de 20,000 cubanos.
En verdad la novedad macabra del paredón de fusilamiento se extendió por toda la Isla con tal fuerza que hasta los niños jugaban a víctimas y victimarios. Fue en aquel éxtasis de libertad ganada, por otros, para nosotros que en las afueras de Santiago de Cuba, entre la noche del 12 de enero al amanecer del día 13 de 1959 con frivolidad del dios mitológico Raúl Castro, al pie de una gran zanja, cavada por un buldócer, ordenó pasar por las armas a 72 reos. Siendo el último Bonifacio Haza Grasso, ex comandante de la policía en la capitalina ciudad oriental.
Luego de este hecho de memoria imprescindible en nuestra historia reciente, vuelvo a Santa Clara y les cuento que Testar, para ir a visitar a Esperanza ya no transitaba a pie por la acera de mi casa. Ahora y por el tiempo que duró su reinado de terror lo hacía, con chofer militar, en un lujoso automóvil confiscado a elementos catalogados como batistianos.
Mi abuelo fiel a sus sentimientos de amistad y justicia, creyendo que era su deber, una noche visitó a Testar en su casa, que si mal no recuerdo, estaba en la calle Colón entre Síndico y Caridad.
—Alfredo, ¿qué estás haciendo…? ¿Te has vuelto loco…? ¿Quién crees que eres…? ¡Se te ha ido la mano…!
— ¡Qué paguen estos cabrones! ¡Mucho que abusaron…! ¡A mí me quisieron matar! ¡Qué se jodan! —respondió airado.
—Te están cogiendo de caballito de monta —abuelo recurrió a una frase socorrida.
— ¡A mí nadie me coge de comemierda!
—Alfredo, aunque me duele decirlo, ojalá me equivoque, este proceso se está llenando de comunistas. Lo que estás haciendo mañana te podría pesar.
— ¡Esta revolución no es comunista! —afirmó agitado. —Además estoy haciendo lo correcto. Porque ver en los tribunales, como espectadores, a un viejo y desprestigiado comunista como Félix Torres o al profesor Gaspar Jorge García Galló u otros ñángaras del patio, no da pie para pensar mal. Al final el proceso los eliminará. Recuerda lo que Fidel dice y repite: Esta revolución es tan verde como las palmas.
—Creí era mi deber… —abuelo comenzó, pero Testar, con voz fría, lo cortó.
—Lo agradezco, pero no era necesario que te molestaras en venir.








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