MEDICARE Y SOCIAL SECURITY DEBEN SER REFORMADOS

Written by Adalberto Sardiñas

7 de marzo de 2023

La crisis del Social Security apareció por primera vez en la década de los 80s, cuando se proyectaba su insolvencia para 1983. Estaba Ronald Reagan en la presidencia.

  Para evitar el colapso económico del programa, se creó, por el Congreso y el presidente, en 1981, lo que se llamó informalmente la Comisión Greenspan, por haberse nombrado al economista, Alan Greenspan, su presidente, o chairman. Se requería una seria revisión del programa para estabilizar sus finanzas, y garantizar su solvencia por largo tiempo. En enero de 1983, la Comisión emitió el resultado de su estudio, con la recomendación de un plan titulado Social Security Amendments, que, puesto en práctica, fortaleció un sistema supuesto a entrar en déficit a más tardar en agosto de 1983, y que ha sobrevivido, eficiente y solventemente, por más de 50 años, desde aquel 1983, si contamos que su próxima proyección de insolvencia se ha extendido hasta el 2035.

  Debido a la gestión de esta comisión bipartidista, (entonces existía ese concepto) se resolvió la crisis financiera que amenazaba el programa, y se implementaron muchos cambios significativos, sin detrimento, o agravios de consideración, a sus millones de beneficiarios.

  La nueva crisis financiera se pronostica para dentro de 12 años, pero, la marejada política ya comenzó temprano su juego de fútbol y los dos partidos patean el balón para ver cuál se apunta más goles. 

  No obstante, el reciente contrapunteo que se ha suscitado con motivo de las pasadas elecciones, teniendo el tema del Seguro Social como “punching bag”, no hay señales de un plan coherente, de ninguno de los dos partidos, para apuntalar la estabilidad de este programa, ni del otro, el Medicare, igualmente existencial para docenas de millones de ciudadanos. Hasta ahora todo se ha concretado a la batalla de los derechos. Cortar, o no cortar beneficios. ¿Cuánto se puede ahorrar aumentando la edad en ambos programas? ¿O limitando beneficios aquí y allá?

  ¿Es que resulta tan difícil enmendar algo que se hizo previamente con excelentes y duraderos resultados? No creo que se deba a falta de talento disponible, sino a falta de voluntad política. Sin embargo, hay algo positivo en el ambiente, y es que la conversación, que es el paso previo al debate, ya ha comenzado. Un número de senadores republicanos ha lanzado, como para medir la temperatura, varias ideas que, por su propio peso, no parecen temer ímpetu para levantar vuelo.

 Una vasta mayoría republicana en la Cámara, pretende alterar la estructura del Social Security y del Medicare, en modos que, dramáticamente, reducirían los gastos de estos programas.

  De cualquier forma, que se le contemple, una reforma es claramente necesaria para solventar una crisis que sólo se acrecentará con el paso del tiempo. Se impone una solución pragmática, porque el asunto es de proporciones mayúsculas, que afecta a una porción nada pequeña de la sociedad.

  En los próximos dos años, cuando las aguas del manantial electoral aumenten su temperatura, oiremos diferentes versiones de posibles reformas. 

Candidatos, desde los presidenciales, hasta los senatoriales, repetirán que ambos programas son, y serán, intocables, y todos, les estarán mintiendo al pueblo americano. Serán tocados, examinados, y reformados, por inevitables imperativos de las circunstancias.

  No importa cómo volteen el sartén, lo cierto es que el Social Security y Medicare, no desaparecerán, pero tampoco continuarán en la presente forma, proveyendo los mismos beneficios, sin cambios substanciales.

  Eso, es simplemente, imposible. La realidad, para la preservación de ambos, demanda reformas en que habrá algunas inconveniencias y ajustes.

  En la confrontación de esta potencial crisis, es necesario que la población capte el concepto real del momento.

  No existe un asunto que afecte nuestro futuro fiscal tan directamente atado a nuestras vidas, como este del Social Security y Medicare. Gastos de estos dos programas, de por sí, consumen el 45% del presupuesto federal. Entre los dos constituyen un déficit potencial de 116 trillones de dólares, en el curso de los próximos 30 años, si la complacencia gubernamental continúa idílicamente impasible.

  La percepción pública, en la mayoría de los casos, referente, principalmente, al Social Security, ha descansado en la parte oscura del entendimiento. Existe una parte elevada de la población que cree que el Congreso no debería reformar los “entitlements”, o derechos, porque ellos han pagado por cada dólar recibido, y, por lo tanto, tienen todo el derecho a ello.

  Pero esto no es del todo cierto.  El Social Security se nutre de un impuesto de 12.4% sobre la nómina, que es pagado entre el empleado y el empleador. Ese dinero colectado, no pertenece al trabajador, excepto en el sentido de que, pagando ese impuesto, nos hace elegible para recibir pagos del Social Security cuando nos llegue la edad del retiro, o, infortunadamente, si resultáramos inhabilitados para trabajar.

  La realidad es que los recipientes, todos nosotros, recibimos más de lo que hemos pagado en impuestos. Lo mismo sucede, pero en peor escala, con Medicare, que, en promedio, recibimos tres veces más de lo contribuido.

He aquí, en términos escuetos, por qué ambos programas muestran una marcada insolvencia.

No hay duda de que ambos programas serán reformados. No existen posibles alternativas. Los retirados estarán, seguramente, disgustados, pero deben saber que, de acuerdo a la tradición americana, cualquier reforma al respecto, no buscará cortar más que lo indispensable, para hacer ambos programas seguros y sostenibles.

El Social Security, y también el Medicare, estarán ahí para el beneficio de todos, pero en diferente forma.



BALCÓN AL MUNDO

El plan de paz chino para Ucrania, con sus 12 nebulosos puntos, donde no se identifican ni al agresor, ni al agredido, más bien luce como un cuento chino, sin gracia, ni seriedad diplomática, con el propósito de ayudar a Rusia a consolidar los terrenos arrebatados por fuerza con su invasión.

  En su llamado “plan de paz”, Xi Jinping expresa su crítica a “las sanciones unilaterales”, a la vez que agrega su disposición de proveer asistencia en un role “constructivo”. Estas palabras del líder chino contrastan con su preparación para enviar artillería y drones armados para ayudar a Putin a continuar la masacre que ejecuta, en su país vecino.

  En la coyuntura de esta trágica e injustificada invasión, China, que no ha tenido, en un pretérito inextinguible, asiento, ni autoridad, en la discusión o solución a ninguna crisis internacional, quiere ahora un asiento en la mesa, no para hallar un fin decoroso a la guerra, que nunca ha condenado, sino para servir de solapado protector a su aliado y amigo Vladimir Putin, un paria repudiado por la comunidad de países serios.

  Si, en verdad, se quiere un plan para lograr la paz en Ucrania, la secretaria del Exterior de Alemania, Annalena Baerbock, lo ofreció, elocuentemente, en su discurso en la ONU: “tenemos aquí, ante nosotros, un plan de paz. Se llama la Carta de las Naciones Unidas. Sus principios aplican a cada país. Son muy simples: igualdad soberana, integridad territorial y el NO al uso de la fuerza”.

  Aquí, en la brevedad de esta declaración, está la respuesta al plan de Xi Jinping.

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  López Obrador está recibiendo una dosis de su propia medicina. Más de medio millón de mexicanos desfilaron a través del país, protestando contra él, y su administración, por sus cambios al funcionamiento del Instituto Nacional Electoral, lo que afectaría la independencia de esa institución en las próximas elecciones presidenciales señaladas para el 2024.

  Solamente alrededor del Zócalo, en la capital, se congregaron más de 150,000 personas. Los mexicanos temen que López Obrador, de tendencia socialista, pretenda alterar las elecciones, instalando en la presidencia a una figura que refleje su ideología.

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  Con cada estudio, se confirman más las evidencias de que el COVID-19, se originó en un laboratorio en la ciudad china de Wuhan, y se fugó de ahí, para infectar a millones de humanos. Ahora el Departamento de Energía de Estados Unidos, corrobora esa teoría.

  Pero los chinos pretenden seguir engañando al mundo, dándole vueltas a la realidad para envolverla en la duda.

  Los chinos son responsables del Covid. Todos lo sabemos, aunque los mandarines lo nieguen.

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  Estados Unidos regresó a la prominencia en el mundo energético, en su nivel más alto desde los años 50s del pasado siglo. Sus exportaciones de crudo y gas natural a Europa, en el pasado año, se duplicaron comparadas a los envíos del 2021.

  Europa siempre tendrá el respaldo de esta nación en sus momentos difíciles. Y no debe olvidarlo, aunque a veces, ingratamente lo hace.

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