Mary Pickford en La Habana

Written by Libre Online

1 de septiembre de 2021

Por G. Barral. Fotos de Charlie Seiglie. (1954)

Los muchachos de ahora no recuerdan a la que fue «La Novia de América». La fama es voluble y olvidadiza. El nombre de Mary Pickford, que fue símbolo de verdadera idolatría hace más de 20 años,  puede pronunciarse ahora sin despertar entre los jóvenes la más leve curiosidad. Mary Pickford pasó por La Habana, rumbo al Festival Cinematográfico de la Argentina. Vivió unas horas entre nosotros y su presencia entre los que fuimos testigos de su enorme popularidad fue motivo de no pocas emociones. A su lado, el que también fue ídolo de su tiempo. Charles (Buddy Rogers) luce la sonrisa que lo hizo famoso entre las muchachas románticas de 1932.

Los que fuimos a esperarla improvisamos   un cocktal-party en el bar del aeropuerto para charlar con ella.

Cuando le preguntamos qué prefería beber, se fue muy dispuesta al mostrador y explicó así lo que quería:

—Vea. Va usted a mezclar ron con jugo de piña y lo va a batir con granadina y mucho hielo, bien frappé.

—Ya sí lo que usted quiere: un «Mary Pickford Cocktail», ¿sí?

—¡Exacto!— exclamó la actriz en el colmo de su alegría—. ¡Yo soy Mary Pickford!

—¿Cómo está usted?

Y ella, alargándole la mano como a un viejo amigo, le saludó: —¿Cómo está usted?

Y, claro. Como es lógico suponer, ¡todos tomamos coctel «Mary Pickford”!

Los jóvenes de ahora no conocen a Mary Pickford. Apenas han oído hablar de ella alguna vez.

Para ellos, que nacieron después que su figura desapareció de la pantalla, estoy escribiendo.

Y a ellos les digo que no es poca la emoción que se experimenta cuando se consigue estrechar la mano de quien fue la mujer más famosa del mundo.

Y yo acabo de estrechar su mano breve. Y estoy escuchando su voz de cálido acento confidencial, y mirando sus ojos azules, que siguen siendo tan azules, tan expresivos ¡tan bonitos! como cuando era la Novia del Mundo.

Porque será bueno que los muchachos de ahora sepan que Mary Pickford era una gran estrella cuando Greta Garbo no sospechaba abandonar su casa de Estocolmo. Que su nombre era repetido con admiración en todo el mundo mucho antes de que Mae West impusiera su estilo entre irónico y canalla.

Es más, cuando Charlie Chaplin era un oscuro cómico en Londres, ya Mary Pickford había cobrado sueldos fabulosos de Hollywood. Y era atracción irresistible para las multitudes cuando a Tom Mix no se le habla ocurrido aún llevar al cine sus proezas de jinete. Rodolfo Valentino no era más que un travieso bambino de Castellaneta pequeña aldea italiana que lo vio nacer, y ya Mary Pickford era la Novia del Mundo. Tan pocos años tenía cuando empezó a ganarse la vida trabajando en el teatro, que las  instituciones puritanas trataban de impedirlo de acuerdo con las leyes que  estaban en vigor.

Mary recuerda cómo tuvo que agenciárselas  para burlar este requisito, haciendo uso de la partida de nacimiento de una prima suya que tenía un año más que ella. Todavía hoy, en sus biografías del famoso libro “Quién es Quién», se sigue insistiendo en que Mary Pickford nació en 1893.

En realidad, nació el 9  de abril de 1894.

No fue una niña rica, ni mucho menos, Mary Pickford. Ni fue tampoco feliz. Tiempo hubo en su vida que solía lavar sus ropas y pegaba los pañuelos al cristal de la ventana para que se secaran.

La fortuna que hoy posee Mary Pickford sobrepasa los ocho millones de dólares. Su primer contrato por un millón lo obtuvo en 1936. Después ha hecho muchos millones más. Como actriz. Como productora cinematográfica. Como inversionista inteligente.

—¿Es verdad que usted no se llama Mary Pickford? —le pregunto.

—Yo me llamo, realmente, Glarys Marie Smith.  Por suerte para mí, di los primeros pasos en la carrera llevada de la mano por el magnífico empresario David Belasco. Y él fue quien me cambió el nombre de Smith por el de Mary Pickford.

—¿Y es verdad también que usted no es nacida en los Estados Unidos?

—Es verdad. Yo nací en Toronto, Canadá. Pero estoy en los Estados Unidos desde que empecé a actuar como profesional, a los cinco años de edad.

—En Cuba el «Mary Pickford» es muy popular…

—Sí —vuelve ella a insistir con cierta melancolía, pero sin dejar de sonreír—. ¡Es un consuelo!

Alguien que habla muy bien el inglés le dijo:

—Mary Pickford es un nombre inmortal. El cocktail lo llevamos a los labios. Pero el nombre está para siempre en nuestro corazón.

Y los ojos azules y expresivos, tan azules y bonitos como cuando era la Novia del Mundo ¡nuestra novia! le dejaron ganar por la emoción y una lágrima los hizo brillar y temblar como si quisieran llorar. ¡Pero no lloraron!

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