Martí y Rubén Darío en la asamblea que selló  la libertad de América

Written by Germán Acero

17 de enero de 2023

Tanto Rubén Darío como José Martí fueron dos poetas que con su sabia e intelectualidad prácticamente comenzaron a cimentar los pasos futuros de lo que debía ser la libertad no solo para Cuba sino para América entera.

Ambos se conocieron durante una asamblea en Nueva York donde se cruzaron elogios e ideas para sellar la libertad en América en momentos en que gobiernos foráneos andaban tras el  poder en varias naciones como Cuba.

“Fue en una noche de 1893, en una luminosa habitación del Hardman Hall en la ciudad de Nueva York, cuando y donde se cruzaron por única vez los caminos de los dos poetas, que cambiaron para siempre la visión de América Latina”, recordó el profesor Héctor Darío Pastora.

“’Fue puntual a la cita Rubén Darío, en compañía de Gonzalo de Quesada, y entró por una de las puertas laterales del edificio donde hablaría el gran combatiente”, añadió Pastora tras hacer alusión a esta amistad entre dos genios. 

“Cruzó Darío por un pasadizo sombrío, y de pronto, en un cuarto lleno de luz, se encontró entre los brazos de un hombre pequeño de cuerpo, rostro iluminado, voz dulce y dominadora al mismo tiempo, siendo él, José Martí”.

“Esto lo recordaría tiempo después Darío. Habían pasado entonces cinco años desde la publicación de Azul, libro patriarcal del Modernismo, y dos del ensayo político Nuestra América, por lo que ambos ya se conocían aun sin conocerse”, recordó el profesor.

“De qué temas hablaron o qué impresiones compartieron en ese encuentro trascendió más bien poco, pero se sabe que Darío llamó al Apóstol de la Independencia de Cuba ‘Padre y Maestro’, y Martí le respondió: ‘Hijo mío’, aseveró Héctor Darío.

Dos frases que expresan acaso, simbólicamente, el nexo literario que recorrió la obra de ambos. A fin de cuentas, el poeta nicaragüense acabó consagrándose como el máximo representante de una nueva corriente literaria, al hacer florecer como nadie el Modernismo, con su inigualable maestría”, resaltó.

“Antes, sin embargo, para que ese fenómeno ocurriese, el poeta cubano hubo de arrebatar y asimilar las anteriores escuelas literarias establecidas por el Romanticismo de la vieja Europa, para transformarlas y depositar la simiente de ese movimiento renovador”, explicó Héctor Darío.

“Esa influencia, Darío la reconocía ya en 1888 (es decir, el de la aparición de Azul…), cuando manifestó que Martí escribe a nuestro modo de juzgar, más brillantemente que ninguno de España o de América (…) porque fotografía y esculpe en la lengua, pinta o cuaja la idea, cristaliza el verbo en la letra, y su pensamiento es un relámpago y su palabra un tímpano o una lámina de plata o un estampido”, recordó luego el profesor nicaragüense.

“Pero la reafirmó aún más en los años siguientes a la trágica muerte del autor de los Versos Sencillos en el campo de batalla en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895”, expresó luego de asegurar que “quien murió allá en Cuba, era de lo mejor, de lo poco que tenemos nosotros los pobres”.

“Era millonario y dadivoso: vaciaba su riqueza a cada instante, y como por la magia del cuento, siempre quedaba rico, expresó el poeta nicaragüense Rubén Darío sobre Martí al calificar la obra martiana como un jardín de piedras preciosas”. 

“Y subrayaba: antes que nadie, Martí hizo admirar el secreto de las fuentes luminosas. Nunca la lengua nuestra tuvo mejores tintas, caprichos y bizarrías”, trajo a colación el profesor Pastora para así rendirle tributo al prócer cubano en su aniversario de nacimiento.

“Tenía que vivir, tenía que trabajar, entonces, eran aquellas cascadas literarias, añadía en alusión a los escritos martianos que publicaban el diario La Nación, de Buenos Aires, y otros periódicos de México y Venezuela”, explicó.

“Allí aparecía Martí pensador, Martí filósofo, Martí pintor, músico, poeta siempre. Con una magia incomparable, precisó Darío, quien no solo bebió de la influencia estética martiana, sino también de su ideario latinoamericanista como bien refleja el No proferido a Roosevelt en Cantos de vida y esperanza”, resaltó también.

“Para más paralelismos, ambos nacieron un mes de enero (Martí en 1853, Darío 14 años después) y ninguno llegó a cumplir los 50, pero aun tuvieron tiempo suficiente para dejar una huella indeleble”, precisó Héctor Darío.

“Tras su tránsito a la inmortalidad, la América española no fue ya más posesión de España y la literatura en lengua castellana, profusamente renovada, tampoco quedó igual, al vibrar como nunca antes con la rebeldía de un profundo acento latinoamericano”, insistió sobre la obra de estos dos genios.

A la Habana en 1902 la de Martí sirvió para sentar las ansias de libertad que desde ahí comenzaron en la isla y por eso siempre estuvo al lado de genios como Rubén Darío quien siempre destacó la lucha de Martí como uno de los grandes genios de América.

El sábado 21 de enero a las 10:30 am vamos a recordar los dos natalicios de Rubén Darío y Martí  dos monumentos que le hacen honor y la patria de estos dos genios de la poesía mundial que dejaron el mejor legado de libertad en América que nunca podrá ser olvidado.

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