MARLON BRANDO GANÓ UNA APUESTA…

Written by Libre Online

21 de marzo de 2023

Marlon Brando nació en Omaha, el 3 de abril de 1924. Se consideraba uno de los hombres más atrayentes del mundo. Ganaba 35 dólares a la semana cuando Elia Kazan, considerado como uno de los mejores directores de Broadway, le indicó que fuese a ver al autor Tennessee William. Verle entrar en su casa y considerarlo el tipo ideal para protagonizar “Un Tranvía Llamado Deseo”, se produjo en menos de medio minuto. La gente cuchicheaba alrededor de su nombre por la falta de romances en su vida. El que anunció con la francesa Jeanne terminó por falta de entusiasmo por parte de él y a cada rato hablaba de retirarse del cine para quedar libre de las miradas y opiniones de los demás “viviendo su propia vida”.

por G. BARRAL 

Fotos Exclusivas de CHARLIE SEIGLIE (1956)

Estaba con unos amigos en un cabaret de Miami, vistiendo ropa informal, lo que decían nuestros padres, en mangas de camisa. Alguien habló de La Habana. De la música africana. De tumbadoras, bongós y quijadas de burro.

-Me iría de buena gana a La Habana— exclamó de pronto Marlon Brando.

—¿A qué no te vas tal como estás vestido?

 —¿Apuestas algo? 

—Sí.

—Pues… ¡A La Habana me voy!

En el avión que le tocó en suerte venía un astro de primerísima magnitud. Veterano del cine. Hombre de exquisita personalidad y conducta intachable. En fin: para seguir usando expresiones de nuestros viejos: El reverso de la medalla, con respecto a Brando: Gary Cooper.

En el aeropuerto, Alfredo Guas para los oyentes de la emisora que allí opera, hizo preguntas. El laureado intérprete de «Beau Geste», «El Sargento York» y «El Orgullo de los Yankees», dijo que venía a visitar a su amigo el novelista Ernest Hemingway.

Marlon Brando dijo:

—Vengo a ver bailar la rumba. A practicar el toque de las tumbadoras. Y a comprarme un par de bongós.

Gary Cooper visitó sin interrupciones a su amigo el autor de «El Viejo y el Mar».

En cambio, todos nos dimos a la tarea ímproba, mortificante de buscar a Marlon Brando. Ningún hotel de primera tenía su nombre registrado. En ningún cabaret elegante había reservado mesa para esta noche.

Lo encontramos en el Bar Sierra, después de la media noche, a donde habíamos recalado sin más pretensión que la de disfrutar del show. Uno de los verdaderamente criollos que se ofrecen en los pequeños cabarets de La Habana.

Allí estaba nuestro hombre. Y se sentía feliz, sin perder un detalle de cuanto allí ocurría.

En la mesa una botella de coñac y otra de tequila. Marlon Brando tomaba tequila. Chupando limón y tragando sal con cada sorbo. Con todo y el coraje de un charro…

Cuando el fotógrafo se acercó con su cámara, animado por las demostraciones de alegría que hacía, Marlon Brando se puso en pie de un salto.

—¡Ey! ¡Nada de fotos!!

Nos acercamos para explicarle que se trataba de una publicación responsable de mucha circulación en Cuba y que no lo molestaríamos mucho.

Intervinieron los dos amigos que le servían de guías por los lugares que él había pedido:

—Quiero que me lleven a oír música cubana. Donde se baile lo cubano de verdad. ¡Y donde no haya fotógrafos ni periodistas!

Guzmán lo llevó al AliBarClub. Al BarSierra. A La Choricera.

Al intervenir en favor de Seiglie, Marlon se le encaró para preguntarle:

—¿No me dijiste que aquí no venían fotógrafos?

—Pero este ya está aquí. Y no sería correcto dejarlo irse sin hacer su fotografía. —Está bien. ¡Una sola!

Y ahí está. Poniendo cara de muchacho terrible. Es el Marlon Brando que se escapó un día del estudio y se refugió en casa de un psiquiatra alegando que se sentía cansado, desorientado. Después que vimos la película que había abandonado comprendimos su gesto de rebeldía y reconocimos su talento magnífico.

Pero el psiquiatra explica así la conducta de Marlon cuando se le acerca algún periodista quejoso:

—Para comprender estos cambios bruscos de temperamento en Marlon Brando, aun cuando en ocasión los mismos hieren a quien no hace más que cumplir con un deber informativo, no hay más que recordar el extraordinario conflicto que tiene ese muchacho encima en la lucha que constantemente sostiene para no dejarse vencer por el otro yo de su existencia…

¿Lo están oyendo ustedes? Hay otro yo en la vida interior de Marlon Brando y el psiquiatra lo identifica así:

—Este conflicto sólo debe inspirar simpatía porque en definitiva, representa un duelo interesante entre un débil sentimiento y la imposición del genio. Marlon no puede olvidar el hecho de que, a la vista del público, es un gran actor. Un laureado de la Academia. Un nuevo genio del cinema. Por tanto, su vida no le pertenece. Pero, al mismo tiempo, hay que comprender que, embebecido por las costumbres que adquirió cuando vivía en plena oscuridad, Marlon quería escapar constantemente hacia aquel ambiente, y su nombre, que siempre es noticia, choque con esta pretensión, impidiéndoselo.

Habían terminado de bailar Rolando y Anisia   y   Marlon Brando empezó a aplaudir ruidosamente, con las dos manos abiertas. Como suelen aplaudir los de la tertulia en los teatros cuando quieren imponer su ruidoso parecer, y claro el fotógrafo hizo funcionar de nuevo el flash. Y Brando sonrió la travesura. Lo que animó a nuestro fotógrafo a seguir en su función gráfica.

Y abstraído en la contemplación de Esmeralda Reyes que se acercó a su mesa, ni se enteró que la cámara había funcionado de nuevo.

Pero ganado por los ritmos cubanos salió a bailar con Anisia. Y esta ocasión no era de desperdiciarse para la información que ya estaba casi hecha. ¡Ahí era nada! ¡Marlon Brando marcando un chachachá! Y ¡flash! el bombillo indiscreto iluminó la escena.

Marlon Brando soltó a su pareja y echó a correr tras el fotógrafo. A todo trance quería 

hacerle añicos la cámara. Estaba visiblemente furioso. Él había autorizado una foto y este muchacho llevaba hechas media docena.

La intervención de varios policías y el público, que se pusieron delante de nuestro fotógrafo, impidió un mal rato.

—¿No decía usted que venía a bailar la rumba? ¿Por qué se enfurece cuando lo retratan bailándola?

—¡Estoy harto de que se metan en mi vida privada!

— ¡Míster Brando! ¿A qué llama usted su vida privada?

Lo calmaron. Lo hicieron volver al salón. Volvió a tomar en sus brazos a Anisia y bailó hasta fatigarse el Chachachá de los Pecadores.

Cuando volvió a la mesa, mandó llamar al fotógrafo pero ya éste se había alejado dispuesto a salvar la información. Entonces Marlon Brando, volviendo a ser el muchacho simpático y cordial que siempre fue, mandó acercarse al fotógrafo del cabaret.

—¡Haz cuantas fotos quieras! Y terminó aquella noche feliz de encontrarse en su elemento.

Así transcurrieron los días que estuvo en La Habana el triunfador de «Nido de Ratas», de «Un Tranvía Llamado Deseo» y de «Ellos y Ellas». Así vivió, entre alternativas de bulliciosa alegría y graves altercados de furia incontenible.

Que así vive, donde quiera que se encuentre. Así se produce inesperadamente el muchacho terrible de Hollywood. Huyendo, esperando, divirtiéndose a hurtadillas, temiendo al porvenir. Porque sabe que llegar a ser un gran actor es mucho más fácil que vivir con grandeza…

Tres días después volvió a Miami con el mismo pullover y el pantalón que vestía al llegar aquí. ¿Habrá cobrado la apuesta?

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