Por J. A. Albertini
El amor es un misterio que
no se resuelve, pero se vive.
Enrique Jardiel Poncela.
Marcos Miranda, reconocida figura de la radio y la televisión, es también exitoso escritor, actor y director de obras teatrales. A esto se suma que ha dirigido grupos y piezas escenificadas en su Cuba natal, España, México y los Estados Unidos. Ahora, en el presente, nos entrega este libro titulado Comedias para reír y pensar que contiene tres creaciones; específicamente comedias con un toque de tragedia, yo diría, tragedias ordinarias. Los títulos de las mismas son: “Cuatro viudas para Paul”, “Entre hombres” y “Las abuelas”.
Una peculiaridad de estas obras es que toda la trama se desarrolla en una sola habitación o local: La primera transcurre en una funeraria; la segunda en un apartamento lujoso de clase media alta y la tercera alrededor de una mesa, colocada en un ángulo de un viejo y elegante restaurante de una capital no determinada.
Los caracteres que animan estas tres obras presentan a personajes que por medio de sus gestos; lo que dicen y, sobre todo, lo que dejan de decir después de insinuar mucho, despiertan en el lector o espectador emociones racionales, de honda repercusión psicológica de las que no escapa ningún ser humano y que por evocación me conducen a la cuentística y al teatro del ruso Antón Chejov, donde todo queda encerrado en la frecuencia cotidiana de los pequeños infortunios donde la palabra blanda, o el pensamiento escapista, mitigan o disfrazan el dolor real.
Y ese conocimiento del ser humano, unido a la comprensión que posee Marcos Miranda, como autor y como hombre con una, más que nada, empírica y arraigada filosofía existencial, carente de rencores o de cualquier estupor frente al comportamiento humano es lo que encontramos en este volumen. Su lectura, conduce a dos viejos dichos: “La sangre nunca llega al río” y en aquel otro que dice: “Entre cielo y tierra no hay nada oculto”.
Porque los personajes de estas tres obras, desarrolladas en dos actos, al final, aunque prosiguen sus vidas con buenas o malas acciones y se empeñen en ocultar a los demás “la cara oculta de la luna”, nada logran que no sea igual al girar de una noria de feria.
La primera obra, “Cuatro viudas para Paul”, transcurre en una capilla, o salón funerario, donde junto al féretro que contiene el cadáver de Paul —que en vida fue un exitoso cirujano plástico— se reúnen tres esposas anteriores y Blanca, la actual, que en su vientre lleva el posible hijo del occiso. Ellas tienen profesiones y temperamentos diferentes y hablan, todo el tiempo, entre sí.
El espíritu de Paul, no consiente que ha muerto, deambula por la capilla e interviene constantemente, sin ser escuchado, en las conversaciones de las cuatro mujeres. Para su asombro, ya sin posibilidad de retorno material, se entera de muchas cosas. En definitiva Paul, en vida, resultó, de cierta manera haber sido víctima de todas.
La segunda pieza: “Entre hombres”, abre el telón cuando cuatro amigos con diferentes y lucrativos trabajos, se reúnen en el lujoso apartamento de uno de ellos para brindarle una despedida de solteros a Roberto quien en breves días se casará con María Eugenia, joven con la que ha mantenido un noviazgo prolongado.
Entre tragos y bromas surgen discrepancias y hasta disputas que amenazan llegar a la agresión física. Todo, en apariencia vuelve a la calma para a poco retornar a la exacerbación en la que afloran envidias, resentimientos y la verdadera preferencia sexual de Roberto, el futuro esposo de María Eugenia. El aparente suicidio de uno de ellos caldea el ambiente. Todo resulta ser una broma macabra. Al final luego de haberse dicho “hasta del mal que iban a morir” como si nada hubiese pasado, siempre libando licores, ellos se agrupan frente a un televisor para ver un partido de fútbol. Roberto, el homenajeado, sin que los demás se percaten abandona el apartamento. El lector intuye que, en el futuro inmediato María Eugenia será la cándida víctima de una mentira.
Con “Las abuelas” finaliza el volumen de Comedias para reír y pensar.
El argumento se inicia cuando cuatro amigas, de toda la vida, algunas viudas, se reúnen en un lujoso restaurante que acostumbran a frecuentar para celebrar el cumpleaños de Asunción, quien acaba de llegar y que hubiese sido la quinta persona en la mesa.
La menor tiene aproximadamente 65 años de edad. Asunción no aparece y ellas comparten tragos y chismes. Pasan a lo personal y surgen algunos conatos de agresiones físicas. En la espera, se descubre que los maridos de algunas se acostaron con otras, del grupo, a escondidas. Adela, la más recatada en apariencia, que estuvo años internada en un convento español, resultó ser la madre de un sobrino inesperado que vino con ella cuando regresó de la Península. El padre biológico —marido de una de las amigas— lo bautizó como padrino. Entre acalorados dimes y diretes y otros enredos familiares, llega una llamada telefónica en la que se informa que la homenajeada, por la que esperan, se ha suicidado. Al final, no hay tal inmolación. Era el día de los Santos Inocentes y Asunción quiso jugarles una broma pesada. También, les dice que las aguarda en otro restaurante. No se hable más. Ir donde espera Asunción. Nada, en apariencia, ha pasado, pero la lava ruge bajo las piedras de sonrisas y conciencias.
Oportuno es destacar la cubierta de la obra, ejecutada por la talentosa y joven artista plástica Gabriela Miranda. Gabriela tomando como referencia el rostro de su abuelo, el autor Marcos Miranda, elabora un cuadro donde combina, con vivos colores, el semblante de un payaso en el que cohabitan humor forzado y tragedia indescifrable, de hálito frecuente. Asimismo, la publicación del libro, que estuvo al cuidado de la Editorial El Ateje que dirige el escritor Luis de la Paz, es de óptima calidad.
Esperemos que pronto Marcos Miranda lleve a los escenarios de nuestra ciudad de Miami, alguna de las tres obras atrapadas en el texto de Comedias para reír y pensar las cuales navegan en una corriente de humor y dramatismo cotidiano que me remiten a lo que el escritor rumano Constantin Virgil Gheorghiu puso en boca de uno de los personajes de su novela La hora 25: “El sentido de la vida es absolutamente individual”.
NOTA: Esta obra y otras de Marcos Miranda se encuentran en Amazon Libros.








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