“MAÑO” LÓPEZ

Written by Libre Online

29 de noviembre de 2022

Por Don Galaor (1953)

Quien ve al “Maño” López actuando en escena se lo imagina dedicado por entero a la guaracha al guateque, a la cumbancha, ¡al relajo criollo! Y no. “Maño” López cuando no está entreteniendo y divirtiendo al público. Es un hombre serio. Suele disculparse cuando se le insiste en el tema del tiempo que perdió queriendo eternizar un romance que fracasó en su vida sin remedio.

Las cosas hay que resolverlas sin sentimentalismos. Las piedras que nos entorpecen el camino las echamos a un lado o las bordeamos. Yo hice esto de un rodeo a la piedra y me perdí camino adelante en busca de todo esto que es ahora conmigo.

-¿Y que es con usted ahora?

 – Mi carrera en ascenso, Mi popularidad creciendo cada día. Mi personalidad aumentando en los programas y sobre todo el estudio de lo que realmente me gusta.

– ¿Y qué es lo que realmente le gusta?

– La buena música

– ¿Y cuál es para usted la buena música?

– La Sinfónica.

– ¡No me diga!

-Como lo oye, todo el que me ve a trabajar en la escena pensará como es natural en que soy un fanático del ritmo caliente de la guaracha y el pregón y la conga y lo afro, elementos indispensables del oficio escénico que practico, pero lo invito a que vaya a mi casa. Encontrará usted una discoteca con la mejor música sinfónica de todos los tiempos. 

– Pero usted habló de estudios porque estudió composición.

– Estoy componiendo una sinfonía cubana con temas eminentemente cubanos, que me estrenará la Orquesta Filarmónica.

Por los pasillos interiores que comunican los camerinos con el escenario del “Tropicana”. Las modelos -las monumentales Niola, Garrett, Marcel, Sandra y Reina pasan desvestidas con riquísimos vestidos diseñados por Rodney. El “Maño”, y yo estamos en medio del torbellino, queriendo organizar nuestras charlas, pero no cualquiera que haya estado en Villa Mina sabe que con este desfile estatuario es imposible. 

El “Maño” corta las palabras para verlas pasar y claro, el entrevistador tiene que poner atención a las reacciones de su entrevistado, poniendo toda su admiración en lo que mira. 

– ¿Ya va a empezar el show?

– Ahora mismo.

– ¿Cuándo nos vemos?

-Terminó enseguida. Yo abro. 

Y allá se fue tras las imponentes modelos Reina, Sandra, Garrett y Niola que le servirán de marco a su primer número. 

Entre los admiradores de los ritmos cubanos “Maño” López estaca con enorme relieve, es un entusiasta de los suyos, su voz y sus instrumentos, que cultiva con verdadero amor.

– ¿Cuántos instrumentos toca? 

– Casi todos los instrumentos de una orquesta. 

En efecto, en sus presentaciones ante el público toca el piano, la guitarra y el saxofón, la trompeta. Hace maravillas con los bongos y cuando canta, la tambora colgada de un hombro, subraya la melodía -lamento,  oración, queja y refrán que tiene sabor a selva.

Si le preguntan cómo dio comienzo a su carrera, responde:

– Tocando el drum.

– ¿El drum también?

– También lo toqué con la orquesta Hermanos LeBatar allá por el año 1936. 

– Bueno siga contándome su itinerario. 

– Canté en algunas emisoras, entre ellas la desaparecida cadena Roja. Ingresé en la orquesta Riverside, fui a Puerto Rico en 1941. En 1942 con el maestro Lecuona, fui a Nueva York en la gran ciudad actué con las orquestas de Carlos Molina y José Curbelo. Después me fui hasta Hollywood. Actúe solo en el “Trocadero”, en San Francisco, me presenté en “Joe DiMaggio Club”. En Los Ángeles actué con los Lecuona Cuban Boys en el “Millón Dollar Theatre”. Después, otra vez a Nueva York en el “Roxy”.

– ¿Qué tiempo estuviste fuera de Cuba?

– Ocho años cuando regresé a La Habana muchos publicaron mi nombre como puertorriqueño, como venía de triunfar en Nueva York, me creyeron de la isla hermana, las veces que tuve que pregonar mi condición de cubano. 

– ¿Usted se casó en California o en Nueva York?

– En Nueva York, ¿Por qué?

– Por nada, por saber. Se casó usted con una artista muy hermosa, cubana también ¿no?

– Cubana, en efecto. 

La pausa que hago es intencional. Espero. En el “Maño”, no se opera gesto alguno.

– ¿Cómo se llama ella? 

– Ana Antolina.

– ¡Analia!

– Pero ya nos hemos divorciado. Explota por fin López.

– ¿Y por qué?

Su sonrisa ahora es forzada. Casi una mueca. No se esperaba esta pregunta, pero sin perder la calma va respondiendo mientras sus brazos se abren en cruz y se 

cierran, como si sintiera frío alrededor de su pecho. ¿Por qué? Pues porque se acabó el amor, ocurre con mucha frecuencia entre las parejas. 

-¿Pero usted luchó por hacer más duradero aquel amor, no? 

– Sí habíamos sido muy felices.

 – ¿Y ahora no lo es usted?

– Ahora también. El tiempo todo lo puede. Hasta borrar una gran pasión.

– ¿Se alegra usted de haberse divorciado?

– Desde luego, ese gran fracaso de mi vida, me lanzó al estudio, a mi propia superación. He terminado de estudiar la armonía y estoy componiendo música, pero música sinfónica para grandes núcleos orquestales. Mi carrera de artista popular ha ido en ascenso. Usted la ha seguido.

– Cuando usted vino a La Habana, debutó en RHC, Cadena Azul.

– Después pasé a CMQ. Organicé una orquesta que no pude colocar. La encontraban cara los productores de programa.

– Grabó usted discos.

– Hice cine

– ¿Y ahora? 

– Aquí me tienen, en “Tropicana”, dando cuanto puedo al público y a la empresa.

– ¿Se lo merecen ambos?

– Mucho.

Por los pasillos interiores que conducen a los camerinos vienen triunfadoras, sabedoras del efecto sorprendente que causaron en el ánimo de los espectadores, las esculturas animadas -fiebre bajo la nieve transparente del modelado- de Reina, Niola, Garrett y Marcel. 

Cuando no está actuando o ensayando en “Tropicana”, el “Maño” López hace gestiones disímiles y hasta contradictorias.

– ¿Por ejemplo?

– Por ejemplo, ya ha oído usted que oigo música sinfónica y la compongo. Estoy trabajando en un poema sinfónico sobre temas eminentemente cubanos, pero también asisto a la confección de tambores batá. 

– ¿Los toca usted también?

– También. Venga conmigo mañana. Pablo Roche que es uno de los pocos que hacen esos tambores en Cuba, me está haciendo unos que van a sonar estupendamente.

Primero los cueros. El Okilampa es un experto en esto. El material debe estar curado hasta no sé qué grado para que pueda, al ser ajustado a las cajas, lograr el sonido del batá porque lo del tambor batá es cuestión de sonido, y los que lo tocan deben poseer el secreto de cada golpe. Después las cajas. Durante muchos días, “Maño” López ha estado asistiendo a la confección de sus tambores, ya los tiene en su poder, ya los toca y está contento de poseer estas 3 piezas que, aunque flamantes, acaban de salir de las manos de su creador. Parecen destinadas a un museo folklórico. 

A la salida, lo rodean los chiquillos del barrio, en Guanabacoa y le piden su autógrafo. “Maño” se sienta sin prisa a complacerles. Les pregunta sus nombres, los escribe en la hoja de álbum que le presentan.

Así es. Así vive “Maño” López, uno de los artistas cubanos más populares del momento.

Así va y viene por las calles de la ciudad que lo vio nacer, rehaciendo sentimentalmente su vida, mientras de lo profundo de su alma, el dolor del olvido se hace ritmo, ritmo suyo y nuestro ¡Ritmo cubano!

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