Magia Amorosa en la Noche de San Juan

Written by Libre Online

30 de junio de 2021

La fiesta de San Juan antes de San Juan.— Es Solsticio de Verano lo celebran todas las jóvenes del mundo.— Las verbenas, originadas en esta noche, siguen vigentes en muchos pueblos.— El fue ¿o y el agua son los principales «elementos» de celebración sanjuanera.— Las hogueras de San Juan eliminan los malos espíritus.— El agua concede felicidad y amor en su madrugada.— Un trébol de cuatro hojas en la noche de San Juan…: la máxima felicidad.— Filtros y amuletos para hacerse amar…

Las fechas que en el año desatan el verano de ta primavera tienen un eterno e interminable paralelo con las que añaden los primeros días de la juventud a los últimos de la adolescencia. Como para la humanidad esos momentos constituyen el despertar del amor; para el año, para todos los años todos  en todos los tiempos, climas y civilizaciones, esta fecha determinada por el solsticio de verano, es la hora del amor.

Miles de años señalan la vigencia de este culto al amor rendido por la humanidad al despertar genesiaco del estío. El primitivo sentimiento de adoración hacia el sol originó esta festividad cosmogónica, adaptada por el cristianismo a la recordación de San Juan, el precursor, el juvenil, el bienamado.

Lo paradójico en esta fiesta de culminación solar es que sea precisamente en su ausencia, cuando casi todo el mundo se celebre.

Y esto tiene su justificación, ya que al considerar pecaminosos los desatados transportes del amor humano, de espalda al Dios que pudiera pedir explicación había que efectuar sus vituperadas ofrendas Cuando el glorificado era el Sol a la sombra; si se trataba de San Juan, en su fecha, que según muy extendida tradición, es el momento que un sueño de tres días le aisla de su Interés por los mortales.

Universalidad de

San Juan

En la teogonía. cristiana, lo mismo que en la mahometana, San Juan es el santo que representa la luz, el sol de los antiguos mitos, y preside los días más largos y luminosos del año y las noches más fantásticas y luminosas.

Las hogueras y luminarias que festejan la noche  visperal de San Juan se encienden en los cuatro hemisferios sin otro ritmo que aquel que el rodar de la esfera le obliga a guardar. Las grandes hogueras que se encienden en las cumbres de las montañas son como una respuesta al luminoso centelleo de las estrellas, que en esta noche parecen más cercanas y tangibles.

Es una noche llena de presagios y leyendas; de encanto y tradición al mismo tiempo, que quizás como la más universal de las noches extiende su velo de oriente a occidente y de norte a sur con el arrullo de una esperanza única.

Hay en la noche de San Juan tanto misterio como esperanza: se lleva en el humo de sus hogueras los malos espíritus y trae con el agua de su amanecer tantas esperanzas de amor como almas jóvenes descubre con sus luces aurorales.

Las Milenarias Verbenas

Las verbenas, que parecen haber quedado como fiestas tradicionales en la capital de España, tienen un origen remoto en siglos a la primera sillería de los muros de aquella ciudad, y tuvieron una amplitud geográfica en los tiempos clásicos sólo comprensible al parar mientes en la universalidad que hoy podemos contemplar en la celebración sanjuanera.

El origen parece haberse marcado en la costumbre que, en tiempos célticos y druídicos, tenían los hombres y las mujeres jóvenes de recoger a lo largo de sus caminatas nocturnas ramilletes de la planta llamada «verbena», debido a la fama de virtudes medicinales y amorosas que se concedía a tal planta cuando era recogida en una determinada fecha y circunstancias, cuya culminación favorable se hallaba precisamente sintetizada en la noche solsticial del Verano.

Los Druidas veneraban las plantas de verbena casi tanto como al misterioso muérdago, y con las mismas ceremonias que arrancaban a éste en el día de Año Nuevo, buscaban las plantas de verbena en la fecha santificada para su Precursor.

Los sacerdotes druidas se servían de esta planta para hacer sus conjuros y para predecir el porvenir. Era dogma aceptado entre ellos que la planta de verbena excitaba la alegría reconciliaba los enemigos  aunaba voluntades y curaba fiebres: haciendo de su presencia insustituible talismán de todos los hogares.

Fama de la Verbena en Roma

Usaban los romanos las hierbas de verbena para hacer sus aspersiones lustrales –como la ciguaraya, de nuestros curanderos–, ya que con  ello ahuyentaba los genios del mal propicio de la visita de los el bien.   

Ningún parlamentario de Roma se hubiese atrevido a presentarse unte un campamento adverso sin llevar de la mano un ramo de verbena, o coronar su cabeza a manera de diadema con sus ramas.

Las parejas de novios no estaban muy seguros de la futura felicidad conyugal, si al celebrar sus desposorios no llevaron escondidos unos ramos de verbena bajo su manto o sus vestiduras. Las puertas de cada hogar mantenían ramos de verbena colgados tras ellas paro, impedir el paso del mal. y junto al lecho para impedir la posesión de quienes descansaban en ellos por la enfermedad, loe hechizos y el demonio.

Epoca hubo que, en Roma, debido a la tradicional fama de la verbena, los médicos la llegaron a considerar poco menos que hierba curalotodo: empleándola como bebedizo, emplasto, ungüento y pomada Los enfermos de entonces habrán de agradecer al Creador la inofensiva calidad de la misma, capaz de obrar bienestar a quienes en ella mantenían fe, y no hacer daño al menos a quienes carentes de fe. lo mismo quedaban anulados para la terapéutica de la verbena que hoy para cualquiera de los específicos más anunciados.

Para los magos y alquimistas —y esto habría de continuar durante la Edad Media y el Renacimiento— la planta de Verbena fue principal ingrediente de bebedizos, encantamientos y filtros, especialmente en los llamados filtros de amor, donde, según relatos. Sus propiedades eran de contundentes efectos. para conseguir el corazón ajeno, o para mantener el fuego de un cariño, pocas casas había entonces como la hierba machacada de verbena.

Orígenes de las Verbenas

Indudable es que las actuales verbenas, y aun las romanas, se derivan de las primitivas fiestas del Fuego, celebradas milenariamente desde fechas a las que la historia no se ha atrevido todavía a remontar.

Fueron fiestas simbólicas instituidas en honor del Sol, padre de todo y vivificador absoluto. En la India, en Escandinavia, en Africa, en la mayor parte de las precolombianas civilizaciones de América la Fiesta del Sol se celebraba precisamente en la fecha aproximada en que hoy el mundo cristiano festeja a San Juan.

Sus más antiguas noticias históricas las poseemos de la antiquísima civilización hindú, que nos refiere como en la fecha del solsticio de verano, la población entera de pueblos y aldeas se agrupaba acreedor de grandes piras de maderas aromáticas, sobre las que hacían sacrificios, mientras cantaban y danzaban en torno a ellas.

En Grecia tuvieron continuidad estas fiestas llamadas “Lafries” que se ofrecían a Diana. Mientras las de Roma eran especial oferta a la diosa Palas. Grecia y Roma purificaban sus animales domésticos, y su propio cuerpo con ayunos  y abluciones, encendiendo hogueras alrededor de cuyas ramas cantaban y danzaban al son de címbalos, flautas y tambores Todos los países de Oriente y los de Occidente se igualaron en su servidumbre al Sol, en su Fiesta del Fuego, universal en origen, forma y rituales.

La Verbena de

San Juan

El Cristianismo, en su afán de armonizar los ritos paganos que venía a sustituir por los de su culto, adoptó bajo el nombre de Natividad de San Juan la ya milenaria Fiesta del Fuego, de la que era difícil arrancar las tradiciones de los pueblos, y absorbió para su culto la mayor parte de los ritos y liturgias que las antiguas creencias mantenían vigentes para la estatuída fiesta.

En los siglos iniciales de la Edad Media, la Fiesta de San Juan, con sus Fuegos y Verbenas, llegó a hacerse popular en la mayor parte de los países de Occidente. Fue por entonces, dentro de la religión triste que era el cristianismo primitivo, la fiesta de más regocijo y alegría que celebraba. Cuando las nuevas tierras de América se hicieron accesibles, aquí llegó su culto, como sustitutivo casi inmediato de algunas viejas fiestas mayas, Incas y aztecas, paralelas, si no hermanas, en liturgia.

París llegó a mantener una secular tradición de su fiesta de San Juan, en la que, alrededor de una gran pira encendida en la Plaza de la Greve, se reunían reyes, clero, nobleza y pueblo, y mientras curas y fieles cantaban acompañados por la multitud, en la hoguera ardían centenares de gatos recogidos en todos los rincones de la ciudad, en la creencia de que con ellos iban al vacío temibles reencarnaciones del mal y del pecado.

Las hierbas de verbena que se pasaban frente a las llamas de la hoguera preservarían durante todo el año del mal y sus tentaciones; los tizones recogidos en la gran hoguera, disueltos en agua o en vino serían medicina sin par contra todas las dolencias y enfermedades.

Supervivencia

del Mito

En algunas ciudades y aldeas de Alsacia y el Rin es costumbre aún colocar alrededor de la hoguera de San Juan, piedras sobre las que nadie se sienta, ya que están destinadas a que presencien el llamear de la hoguera los espíritus de los antepasados difuntos de cada familia, pues en su calor pueden hallar algunos su salvación definitiva.

Los pastores de Portugal suelen acudir en grupos a los lugares donde suponen se hallan escondidos los zorros y alimañas que durante el invierno y la primavera hicieron daño a su ganado, y los insultan con lo peor de su vocabulario, ya que con ello se hallan seguros que no volverán a aparecer por sus alrededores.

En Inglaterra, los pastores y terratenientes de muchas localidades acostumbran a pasar su ganado sobre las brasas que permanecen como rescoldos vivos de sus hogueras sanjuaneras,  ya que con ello quedan preservados de enfermedad y daño. Los tizones que quedan de la gran hoguera, sirven de medicina de urgencia en alguna que otro epidemia, de esas que la veterinaria científica tarda más en localizar que el curandero aldeano.

Como en los países del viejo occidente, los de nuestro Continente nuevo mantienen vivas las tradiciones de San Juan, como enemigo del mal, y apóstol protector de la juventud y el amor. Un sinnúmero de localidades cubanas esperan la madrugada del 24 de junio quemando los muñecones representativos del mal o danzando alrededor de las hogueras que simbolizan juveniles esperanzas.

Desde la Patagonia al Canadá, la víspera de San Juan arden en toda la América simbólicas hogueras sobre las cimas de montañas o en la hondonada de los valles. Es el saludo de la alegría de vivir, o la muestra encendida del temor al mal y al dolor. Cada pueblo tiene su ritual sanjuanero y sus viejas tonadas, al compás de las que reviven arcaicas danzas, quizás heredadas de los más lejanos fuentes de su sangre.

Noche de Azar y Presagio Amoroso

Si hay alguna noche en el año que se muestre más propicia a resolver ese interrogante del quién, cuándo y cómo que asoma a la imaginación de cada mujer con su primer paso por el mundo distinto de su pubertad, es la de San Juan. No hay víspera en el año más socorrida, ni más esperada por esas legiones de adolescentes que sienten ya su corazón palpitante de no se sabe qué presagios y qué afanes, seguros, pero imprecisos y nebulosos, hasta dominar por completo sus sentidos, su imaginación y sus sueños.

Ninguna fecha como la de San Juan resuelve en la fantasía popular tantos candorosos problemas de la adolescencia; sobre todo de la adolescencia femenina. Los viejos ritos célticos, con sus ofrendas de fuego a los Dioses, ya implicaban presagios de amor y fortuna.

En Andalucía, en algunas localidades de Napóles y Sicilia, en el sur de Francia y Portugal, cuando el día de San Juan amanece, son muchas las jovencitas que, mirando fijamente el agua clara que dejaron toda la noche depositado en un ancho recipiente, creen ver el rostro del que, andando el tiempo será su marido.

La vieja tradición asturiana de coger el trébol —si es posible de cuatro hojas, que es el que trae suerte infinita— la noche misma de San Juan, tiene ramificaciones por toda España, por Francia. Alemania y algunas regiones de Gran Bretaña

Al anochecer de la víspera de San Juan, las jóvenes de algunas aldeas castellanos deben depositar un espejo bajo su almohada. Cuando se despierten, con una vela encendida en la mano derecha, deben mirarlo fijamente, ya que, en él, verán reflejarse el rostro del que habrá de ser su novio y probablemente su marido. Esta tradición se repite, con muy ligeros variantes, en algunos lugares del norte de Italia, Austria y Suiza.

Es frecuente en Valencia, en Mallorca y en la Toscana que el día antes de San Juan las muchachas siembren unos frijoles blancos en una maceta; si durante la noche logran germinar, es señal inequívoca de que, en el mismo año. será pedida en matrimonio, si es que no se casa.

Hay otros lugares, Andalucía por ejemplo, en que las mozas al acostarse suelen echar rociadas, bajo su cama, legumbres con las iniciales marcadas de los mozos que le agradarían fuesen sus novios; a la mañana, sin mirar, recogen una; ésa será la inicial del novio que el futuro sanjuanero le presagia.  Parecido rito se mantiene en algunas de nuestras provincias, donde las jóvenes suelen tirar bajo su cama tres papas; una pelada, otra a medias y otra conservando su cáscara Según la que primero coja al amanecer será su porvenir y el de su futuro esposo.

Aguas Sanjuaneras

Son muchos los lugares del mundo donde el agua, en competencia con el fuego, interviene en los presagios y adivinaciones sanjuaneras. En Canarias, por ejemplo en la noche de San Juan echan las mozas una serie de papeletas enrolladas, en una de las cuales solamente han escrito el nombre del santo; si ésta aparece desenrollada al amanecer simboliza malos presagios para el año amoroso que empieza a correr. Si permanece enrollado, anuncia matrimonio seguro durante el mismo.

En algunos lugares de Andalucía, al amanecer del día de San Juan, las mocitas echan un cubo de agua desde la puerta, el balcón o la ventana, y al primer transeúnte que pasa le pregunten un nombre de varón cualquiera, pues según creencia popular ése será el de su futuro marido. Si la muchachita es bonita, desde luego que el preguntada dirá su propio nombre; que siempre cabe alguna esperanza. Si al tirar el agua tuvieron la desgracio de mojar al primer transeúnte, desde luego que la pregunta habrá de quedar para otro amanecer de San Juan próximo: pues no hay jovencita capaz de hacer una pregunta que. sólo o base de interjección, está segura habrán de contestársela.

Son muchos los países de América y regiones del mediodía de Europa en las que. al amanecer del día de San Juan, se echa una cara de huevo sobre un recipiente lleno de agua. La figura que está clara huya adoptado al amanecer, dará idea aproximada de la profesión del futuro esposo o del futuro inmediato que aguarda a la curiosa c intrigada muchacha. Parecido rito de presagio se mantiene en algunas localidades del interior de nuestra República, recuerdo sin duda de la importante aportación andaluza que tuvo el pueblo cubano desde sus primeros etapas.

La Mística del  Fuego

Pero, lo tradicional en la festividad de San Juan, tanto en países que le consideran precursor del cristianismo, como aquellos que en su fecha no ven más que esa madurez fecunda del año que representa el solsticio del verano, es el fuego, la hoguera.

En cualquier localidad de nuestra República es fácil contemplar la víspera del día de San Juan fogatas de casas de madera o muñecos de trapo, con el que se marchan convertidos en humo multitud de malos espíritus. En el Malecón habanero, todavía en los últimos años se han podido ver que eran numerosos los pequeños barracones de madera que ardían en la noche visperal de San Juan.

En España, donde la tradición del fuego de San Juan se ha mantenido durante siglos, hay una ciudad —Alicante— que hace de sus hogueras.  las  «Fogueres de San Chuan», la fiesta folklórica más rica y colorida, capaz de atraer turistas de los más diversos rincones del Planeta. En Asturias y Galicia la juventud suele pasar la noche que precede al día de San Juan alrededor de las hogueras que arden toda la noche, cantando y bailando, y sobre todo saltando sobre las brasas ya casi superados por la madrugada. Pues, en conseguir hacerlo sin quemadura alguna, se halla mucha de la felicidad amorosa que en el año sanjuanero que se inicia le puede esperar.

Las canciones femeninas incitan al peligroso salto sobre las llamas, sobre todo cuando, como ocurre en algunas aldeas de Asturias y la Montaña aquéllas entonan: «Amor es fuego.— quien no se atreva a saltar las llamas— que no me quiera».

En otras localidades, las parejas de mozos y mozas se enlazan de la cintura y saltan sobre las llamas altas de la hoguera de San Juan. Aquello pareja a la que el fuego respeta se casará durante el año.

En la Indochina en las ahora amenazadas tierras de Laos, existe uno tradición de fuego, que es como el despertar de las adolescentes, con danza-, que pueden calificarse entre las más bellas del mundo.

En algunos lugares de lo Indonesia parecen enlazarse las tradiciones a las de los clásicos países del Mediterráneo, y es curioso observar cuan cerca de las tradiciones primaverales de los viejos países latinos se hallan las de las jovenci-simas islas del Pacífico: idénticas danzas en derredor del fuego, iguales monumentos floridos.

 Magia Amorosa

La entrada del Estío significa para muchos adolescentes africanos la llegada del amor. El solsticio de Verano es aprovechado en algunos países ecuatoriales de Africa para celebrar los matrimonios convencionales que allí tienen lugar.

Pero, por encima de esta coincidencia tradicional, las fechas que circundan en el calendario de todos los países al día de San Juan, tienen ese «no sé qué» propicio que todas las mujeres casaderas intuyen. Y son días que, de una u otra forma, éstos aprovechan para poner en juego las cien mañas y sortilegios que, siglos y siglos de supersticiones y agorerías  les hacen creer como axiomas indudables.

Es esta noche de San Juan la que aprovechan también algunos pueblos del supercivilizado centroeuropeo para colgar enramadas, más o menos artísticas, en las puertas de las muchachas amadas; enramadas en las que. según tradición, han de echarse ciertos filtros amorosos, al conjuro de una variada gama de oraciones y en salmos.

Al anochecer de este día, en el Tirol. muchas aldeanas fabrican sus muñecos amatorios, que no tienen felizmente más parecido con su ser amado sino el nombre que en un papel introducen dentro, y al que, tras ensalmarle con una oración en cada localidad igual y diferente al mismo tiempo, queman al dar las doce, esparciendo sus cenizas, para que a su conjuro acuda con ánimos de boda, que es lo importante, en el año que San Juan le abre para el amor en aquel momento.

Se harían interminables los mil agüeros, predicciones y con conjuros que en todos los pueblos del mundo se utilizan como elemento de atracción amorosa en esta noche de San Juan. Su universalidad, sólo en la noche navideña tiene igual. No hay pueblo que no sienta su influencia, ni goce de el inmenso tesoro de sus esperanzas.

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