Los tres brigadistas que se jugaron la vida. ¡La increíble escapada que casi termina en la muerte…!

Written by Germán Acero

7 de noviembre de 2023



Lo prepararon tan bien que nunca pensaron que podría terminar, una arriesgada escapada, en la física muerte. Corría el año de 1962 cuando tres valientes brigadistas, quienes fueron confinados en la prisión Castillo del Príncipe, decidieron planear una fuga de película.

Entre ellos Johnny López de la Cruz. Habían sido arrestados tras la fallida operación de Bahía de Cochinos, cuando intentaron devolverle la libertad a Cuba.

Lo hicieron porque temían que allí fueran a pasar más de 25 años tras las rejas ya que corría “la bola” de que nadie podría escaparse a una larga condena después de que supuestamente habían traicionado la patria de Cuba arriesgándose al intentar derrocar al dictador Fidel.

El coronel Johnny López de la Cruz, U.S. Army, ahora es un reservista de Primera Clase, quien está orgulloso de celebrar con los máximos honores el Día de los Veteranos, el próximo 11 de noviembre, en los Estados Unidos.

López, nacido en Manzanillo, Cuba, después de un canje entre la administración del presidente John Kennedy y el régimen castrista, logró finalmente, con el resto de los compañeros de la Brigada 2506, llegar a Miami.

López y dos compañeros, poco a poco, fueron planeando la fuga. Los familiares les llevaron algunos utensilios para fraguar dicha escapada como añil para teñir sus camisetas. Y en la prisión había un costal sobrado de arena que les sirvió para utilizarlo como soga.

Haget, un guardia, quien traía en sacos el pan, dejó dichos bultos allí. Y con los días fueron tejiendo las sogas que luego les servirían para bajarse hasta el foso por los muros de la prisión que estaba dotada de una gran seguridad. Era el 13 de junio de 1962. 

Pensaban, a través de un alto muro de dicha prisión, deslizarse a otros recintos de los patios, para finalmente ganar la calle, eso sí, traspasando también una muralla de alambres de púas, donde arriesgaron sus vidas para no caer allí heridos.

Uno de los compañeros, Luis Daniel, resultó herido en una pierna que se quebró porque la cuerda no alcanzó hasta el suelo y se estrelló contra el piso al caer.

López y su otro compañero, González, finalmente, lograron sobrepasar el alambrado de púas, para ganar la calle. Habían contactado a una vecina del lugar, para que los ayudara a salir sin contratiempos, pero a última hora esta persona se rehusó a hacerlo.

Estos dos evadidos, quienes lograron llegar a la casa de un médico familiar de López, entraron a la residencia y allí se cambiaron de ropas, logrando también conseguir algo de dinero (90 pesos), que les podría servir para llegar a La Habana y allí finalizar la fuga.

Estuvieron toda la noche recorriendo la ciudad en un taxi alquilado, fingiendo que eran turistas, para intentar llegar hasta la sede de una embajada, pero no pudieron, decidiendo pasar la noche en un bar, donde fueron descubiertos por la policía.

Pero, para suerte de ellos, nunca los identificaron como fugitivos de la prisión. Fueron llevados luego porque no tenían documentos, hasta una estación de policía local. Ya era muy de mañana del otro día. Un oficial del Comité Civil de Defensa era el que los había detenido para una requisa.

La suerte no estaba de su lado y allí, en dicha estación de policía, fueron reconocidos por un oficial del ejército, quien los denunció y llamó al G-2 –la policía secreta de investigaciones e inteligencia—para que se hiciera cargo de ellos.

Este chivato sabía que González había participado en la operación de Bahía de Cochinos y, por eso, necesitaba ser puesto con el otro (López) bajo las órdenes de un departamento de inteligencia del régimen castrista.

López y González, fueron llevados hasta un lugar secreto, donde fueron golpeados salvajemente, con el fin de que denunciaran a los guardias que los habían ayudado a escaparse del Castillo del Príncipe. 

Volvieron otra vez a la celda castigo del “Principado” y allí fue cuando López, se enfermó de gravedad, el médico que lo atendió dictaminó que tenía que ser llevado a otro lugar para su respectiva rehabilitación, porque estaba deshidratado.

Duraron cuatro meses en estas celdas de castigo. Le aplicaron sueros a López. En octubre ya se estaban dando las negociaciones –como 62 millones de dólares—para que la administración de Kennedy pudiese liberar a todos los brigadistas arrestados para devolverlos a EE.UU.

En el último avión fueron llevados estos tres brigadistas y el 24 diciembre llegaron a Miami.

Sobre la operación de Bahía de Cochinos reveló López que, en agosto de 1960 salió de Miami hacia Guatemala donde estaban los campos de entrenamiento para la invasión de Bahía de Cochinos y donde se unió a la Brigada 2506. 

La invasión fue planificada por la Agencia Central de Inteligencia durante la administración del presidente Dwight Eisenhower y ejecutada durante la administración del presidente John F. Kennedy.

En abril de 1961 participó en la invasión como segundo al mando de una compañía de paracaidistas, saltando en combate en el poblado de San Blás, donde se combatió por tres días consecutivos hasta que se acabaron las municiones y otros pertrechos. Dos días después fue capturado y sobrevivió el traslado de prisioneros de Playa Girón a La Habana en la infame Rastra de la Muerte (un contenedor herméticamente cerrado donde murieron 9 brigadistas por asfixia).

En marzo de 1963, a menos de tres meses después de su llegada a Miami, López entró como Segundo Teniente en la Infantería de Marina de Estados Unidos, con otros hermanos brigadistas, para obtener adiestramiento militar adicional en caso de que hubiera otra oportunidad de regresar a Cuba. 

Después de un año, pidió ser transferido al Ejército de EE.UU. donde estuvo por 26 años antes de retirarse. Fue asignado a varios países, incluyendo dos años de servicio en Vietnam y dos años en El Salvador como asesor de las Fuerzas Armadas durante la lucha contra la guerrilla que operaba en ese país.

En 1984 fue asignado a la República de Panamá donde fue comandante de batallón y después como vicecomandante de la Agencia de Asistencia de Seguridad para Latinoamérica. En 1989 se retiró del Ejercito con el rango de coronel después de servir como comandante de brigada.

Ha recibido varias condecoraciones, entre ellas, la medalla Legion of Merit, tres estrellas de bronce tres medallas de defensa meritoria, cuatro medallas de servicio meritorio, Air Medal, tres medallas de comendación y cuatro medallas de comendación del Ejército.

Después de retirarse del Ejército en 1989, el coronel López fundó una exitosa compañía que distribuía equipos de defensa y seguridad, y también adiestramiento a agencias de gobierno en EE.UU. y Latinoamérica.

En abril de 2018 el coronel López de la Cruz fue electo presidente de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, Brigada 2506 terminando su período en 2022. En el presente continúa trabajando con otras organizaciones para lograr la ansiada libertad de Cuba y su pueblo.

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