LOS SACRIFICIOS DE AYER Y LA REALIDAD DE HOY

15 de noviembre de 2022

La conmemoración la semana pasada del Día del Veterano ha vuelto a mostrar como nuestras sociedades evolucionan progresivamente hacia una falta de empatía para con la historia, tal vez por la manera de ser servida en estos tiempos por quienes pilotean la evocación oportunista de esa y otras coyunturas del pasado. Aquí donde vivo, país beligerante cuando aquel armisticio en 1918, la misa está dicha y a dos pasos de donde yo vivo tuvo lugar el acto anual presidido por el alcalde y varios miembros de asociaciones de antiguos combatientes. Hay un monumento porque cuando la siguiente guerra las tropas que liberaron la capital en 1944 atravesaron la villa.  Desfile de rigor, banderas y personas mayores uniformadas igual que todo 11 de noviembre.  En Francia, protagonista de muchas guerras, ese pasado guerrero colmado de derrotas es, paradójicamente, parte de la cultura nacional. Y como se ve en los noticieros al pie del Arco del Triunfo se hace ritualmente una ceremonia cuyo pivote es el pebetero donde una llama eterna arde en memoria de todos los caídos.

Están los caídos y están los otros, los que sobrevivieron después de haber vivido los rigores provocados por las guerras. Y cada quien ve las cosas a su manera. Tengo un vecino dos pisos arriba en mi edificio que peleó en Indochina y en Argelia en la década 1950. A mayor abundamiento el hombre fue prisionero de los comunistas dos largos años. Sabiéndose como se portaron los anamitas con el enemigo no comprendo cómo pudo sobrevivir. Maximilien jamás participa en lo que se hace los 11 de noviembre. Mira para otro lado. Cuando lo veo salir cotidianamente con su bastón a caminar un poco me pregunto cuánto, de acción, de coraje y de sufrimiento habrán visto sus vivaces ojos de 94 años de existencia. Pero acerca de este personaje volveré tal vez en otra crónica.

Mientras que «el palo va y viene», como solía decir mi padre, acabamos de ver como seguimos dando pasos hacia lo desconocido al observarse los resultados de elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Nuevamente un balance incierto donde prima la polarización y con ella se complica aún más la visión hacia el futuro. Días atrás fue en el Brasil, gigantesco país con una proyección demográfica y económica mundiales, de la cual no nos percatamos cabalmente en nuestros análisis cotidianos.

Estamos encaramados en un tren que rueda y que avanza penosamente en medio de una niebla tan tupida como inextricable. Es el sentimiento que me invade al escribir estas líneas desde Francia con una guerra activa de pronóstico reservado a menos de dos mil kilómetros de París y una riña interna tanto económica como social que nos acogota. Vivimos un contexto de crisis que crece en progresión geométrica cuya progresión apreciamos con mucha preocupación mirando hacia las dos generaciones que nos sucederán.  Arriesgándome a emitir una perogrullada cabe decir que el tal tren si bien rueda hacia el futuro va enmarcado por una opacidad que nada bueno augura.

Mientras que esta evidencia lo es cada día más la gente politiquera sigue haciendo en todas partes lo que le es propio, vale decir asegurarse con subterfugios la permanencia propia y de sus adláteres en lo más alto, a fin de continuar usufructuando el poder. Y da la impresión de que todos comen en el mismo plato. Tomemos como ilustración de lo anterior lo ocurrido con el actual presidente francés Emmanuel Macron quien durante su participación en la cumbre previa a la COP27 que se celebra en Sharm el-Sheik, «cruzando por casualidad en un pasillo» estrechó la mano del dictador venezolano Nicolás Maduro. «Tenemos que hablar un poco más» dice-que le dijo. Silencio en París y algarabía mediática en Caracas por el espaldarazo del galo.  Macron ya había creado la polémica en septiembre dándole la mano a su homólogo iraní Hasan Rohani, al margen de su viaje a New York cuando la Asamblea General de Naciones Unidas. Irán y Venezuela, alianza aciaga anti-Occidente y factores ambos en el mercado mundial del petróleo.

Paralelamente se rumora sin que haya habido un anuncio oficial, que esta semana habrá en París una reunión estilo mini-cumbre con vistas a intentar reanudar el diálogo gobierno-oposición en Venezuela. Con la participación de Chile, Argentina, México y Colombia, país este último cuyo presidente dejó plantado al de Francia en una cita que habían convenido sostener en la COP27.  Como puede observarse la situación de una manera de hacer diplomacia no deja de enredarse en una madeja que al no vérsele punta beneficia a los opresores en detrimento de sus pueblos. 

La hora no es pues la de las conmemoraciones porque de continuar moviéndose nuestros dirigentes en la senda irreversible de la blandenguería nuevos conflictos sobrevendrán y nos llevarán hacia encrucijadas mortíferas que traicionarán a aquellos veteranos de tantas guerras quienes supieron corroborar con su sacrificio un futuro de democracia por el momento desvirtuado por los hechos.

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