Los Orígenes de la Prensa Periódica de Cuba

Written by Libre Online

20 de octubre de 2021

Por Emilio Roig de Leuchsenring (1935)

Acierto indiscutible ha tenido el Directorio de la Caja del Retiro Periodístico al elegir el 24 de Octubre de cada año para celebrar en toda la República el “Día del Periodista”, pues efectivamente, en fecha igual del año 1790 vio la luz el “Papel Periódico de la Havana” -aunque desde 1720 se conoció la imprenta en La Habana y antes del “Papel” existió una “Gaceta” con noticias y disposiciones oficiales.

INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA EN CUBA

Fue introducida la imprenta en La Habana, según las investigaciones hasta ahora realizadas por los bibliófilos, en 1720 por el impresor francés Carlos Habré.

Jacobo de la Pezuela, el historiador español más copiosamente documentado sobre Cuba en los archivos de la Península y de esta Isla, da la noticia de que cuando el capitán general D. Gregorio Guazo Calderón lanzó, al llegar a La Habana, el 23 de dicembre de 1718, severo bando con motivo de la ruptura de hostilidades entre España e Inglaterra, dicho bando “se publicó con copias manuscritas, porque aún no existía en la capital ninguna imprenta”.

Y el fraile cubano Salvador Cabello envió a imprimir a México su “Sermón de la Santísima Virgen del Rosario” (México, 1720, 7p.), lo que hace suponer a Carlos M. Trelles que “no existía entonces la imprenta en La Habana, porque no es lógico creer que si aquí hubiera habido un taller tipográfico se hubiera enviado un opúsculo tan pequeñísimo a imprimir en la capital de aquel Virreinato”.

Antonio Bachiller y Morales señaló ya en 1861 al impresor francés Carlos Habré como el introductor de la imprenta en esta Isla, ofreciendo la ficha bibliográfica de un folleto que afirmaba poseer “Méritos que ha justificado y probado el Ldo. D.Antonio de Sossa…”, editado en 1824, “con licencia de los superiores en La Havana”, en la “Imprenta de Calos Habré”.

También dice Bachiller en esa misma obra haber adquirido casualmente un impreso que parece ser de 1720, pues en uno de los cartones de la cubierta del tomo en que estaba encuadernado con otros folletos aparecía como de imprenta “Havana 1720”. Dicho folleto era una “Carta de esclavitud a la Virgen Santísima del Rosario”.

En 1910 Manuel Pérez Beato descubrió el más antiguo de los folletos hasta ahora impresos existentes en La Habana por Habré: Tarifa general de precios de medicina”, Havana, 1723.

Y como el historiador Pérez Beato ha probado documentalmente que el impresor Habré era francés o belga y vecino de La Habana en 1720, en cuyo año contrajo matrimonio, según aparece de la certificación que aquel da a conocer, en 15 de enero, con Maria Teresa Hamble, natural de San Malo de Francia, no es aventurado afirmar, como lo hace Trelles: “que el impreso descrito por Bachiller salió de la prensa de Carlos Habré en 1720”, fecha que puede darse, por tanto, hasta ahora, como la cierta de la introducción de la imprenta en Cuba.

En 1735 don Francisco de Paula logró que el capitán Francisco de Guemes y Horcasitas le concediese licencia, a 4 de junio de ese año, después de haberla solicitado del Ayuntamiento, el que le ordenó, en 3 de ese mes se participase dicha solicitud a la primera autoridad gubernativa de la Isla. Paula vendió su taller a don Manuel Aspeitia y éste a don Esteban José Boloña, nombrado impresor de Marina en 1785, sucediendo a don Matías de Mora. Hacia 1763 existió otra imprenta de don Blás Olivos, titulada de la Capitanía General, establecida en la calle de Mercaderes. Este último impresor presentó una solicitud al capitán general Conde de Ricla para fomentar las imprenmtas en la Isla, la que le fue negada por Real Cédula de 20 de enero de 1774, en la que mandaba “que ni ahora ni más  adelante hubiera más imprenta que la de la Capitanía General”; resolución que no fue cumplida por los capitanes generales. Más adelante, y según afirma Bachiller, don Francisco Seguí “tomó a su cargo la dirección de la imprenta, por haberse enlazado con la familia de Olivos, y hasta principios del siglo XIX conservó tranquilamente el concepto de ser el mejor establecimiento de su especie; por los años de 1800 ya que tuvo un rival en don Esteban Boloña, pues en informes oficiales que existen en el archivo de la Real Sociedad Económica, las vemos reconocer como “los dos únicos establecimientos de la ciudad a las expresadas oficinas”.

LA GAZETA DE LA HAVANA

El esclarecimiento de la existencia y pormenores de una “Gazeta”, que publicaba noticias y disposiciones de gobierno anterior al “Papel Periódico”, lo debemos al historiador y Jefe del Archivo Nacional, señor Joaquín Llaverías.

Del documentado trabajo, que éste ha publicado el presente año, tomaremos los datos indispensables referentes a esta publicación oficial habanera, de la que hasta ahora no se conserva ejemplar alguno de sus números ordinarios, poseyendo la Biblioteca Nacional únicamente el de uno de sus suplementos y tan sólo se tenían noticias de ella por referencias de historiadores pero gracias al descubrimiento que de un ejemplar de dicha Gazeta hizo el doctor Emeterio S. Santovenia, en las oficinas de la Secretaría de la Presidencia en 1934, ha podido el señor Llaverias reconstruir la historia del citado periódico.

Pezuela menciona “un diario oficial y semanal con 4 páginas de a cuartilla y de forma muy parecida al antiguo “Diario de Avisos de Madrid”, que por orden del capitán general conde de Ricla empezó a publicarse por mayo de 1764 en la imprenta de Blás de los Olivos, o sea de la Capitanía general, y de la que dice: “No sabemos ni interesa saber cuando cesó la primeria serie de aquel pobre periódico, cuya misión casi se reducía a anunciar compras y ventas y las entradas y salidas de los pocos buques que fondeaban entonces en el puerto. Pero debió cesar a los dos años, a pesar de la protección del capitán general, conde de Ricla, porque hemos recorrido toda la documentación del gobierno, de sus sucesores Bucareli y marqués de La Torre, que duró más de diez años, sin encontrar rastros ni mención de aquel periódico”.

Según ha comprobado el señor Llaverías, el primer número de la “Gazeta de la Havana”, sucesora en cierto modo de la citada por Pezuela, aunque desde luego, sin nexo directo con ella y sólo semejante en cuanto a su carácter de publicación oficial de la Capitanía General de la Isla, vió la luz el 8 de noviembre de 1782, aunque de ese número no se conserva ejemplar alguno y sólo ha llegado hasta nosotros del mismo el discurso que detallando su contenido, escribió el ilustre venezolano Francisco Miranda, quien residió en La Habna durante la primera época del gobierno de don Juan M. Cagigal.

Por este discurso vemos que ese primer número de la “Gazeta” ofrecía el siguiente material: tarifa de comestibles, aviso al público sobre la utilidad de las Gacetas, instrucciones sobre la pérdida de negros u otras alhajas a fin de solicitar su recuperación”, acontecimientos mundiales, entradas y salidas de buques, y discurso sobre el café.

DON LUIS DE LAS CASAS.

FUNDADOR DE LA CIVILIZACIÓN EN CUBA

La conquista y dominación inglesas en La Habana (1762-1763), tan mal recibida por los cubanos de la época, fue, sin duda alguna, el acontecimiento más trascendental ocurrido en la Isla, desde la fecha de su descubrimiento por Colón, pues gracias a dicha conquista y dominación, Cuba gozó de la libertad del comercio, base del rápido y creciente progreso que alcanzó de esa fecha en adelante, sin que al ocurrir la restauración española, pudieran los gobiernos de la Península volver al absurdo sistema de aislamiento absoluto comercial, mantenido hasta entonces.

Como hemos demostrado en otro ensayo, fue la dominación inglesa en La Habana la que despertó en los cubanos el sueño semi-inconsciente en que vivían: la que les hizo mirar hacía el mundo y comprender la necesidad de buscar fuera de la Metrópoli relaciones económicas; la que les reveló la riqueza extraordinaria e inaprochable hasta entonces que atesoraba la Isla y la fuente inmejorable de bienestar que poseían en la agricultura, la que prendió en sus cerebros los primeros chispazos de protesta contra los abusos, injusticias y explotaciones de la Metrópoli, la que abonó el terreno para que germinaran las ansias de libertad e independencia.

Ya la Isla en comunicación con el mundo, por las vías del comercio, quedaba abierto también el camino a la cultura, y con ella a la civilización.

Si bien es verdad que desde 1734 había quedado establecida en La Habana la Universidad Pontificía, precisamente a causa de ese aislamiento en que Cuba vivió hasta 1762-63, y por lo anticuado  y restrictivo de su plan de estudios fueron muy limitadas las influencias y repercusiones de la Universidad en la cultura general de la Isla hasta el advenimiento del gobernador Don Luis de las Casas, a quien bien puede calificársele, como lo hizo Guiteras, de fundador de nuestra civilización.

Desde el mismo día que se encargó del gobierno-9 de julio de 1790- dejó claramente. Las Casas, trazado su programa de administración y dio a conocer su relevante personalidad. “Yo juro-dijo-¡Oh Habana!, consagrar a tu defensa y prosperidad toda la sangre que corre por mis venas, todos los instantes que existía en tu recinto: será corto este tiempo, y mis recursos muy inferiores a mis deseos, pero si no consiguiera la gloria de hacerte feliz, tendré al menos, la complacencia de haberte sido útil. Vosotros habaneros, axiliádme con vuestras luces, con vuestra generosidad y patriotismo a ilustrar y engrandecer la patria”. Y-caso único en nuestra historia colonial y republicana- don Luis de las Casas cumplió con creces las promesas que hizo en este  juramento prestado tan democráticamente ante el pueblo que iba a gobernar.

Nos apartaría del propósito de este ensayo el extendernos a detallar los beneficios incalculables que Cuba recibió de este magnífico y no igualado gobernante.

Bástenos aquí decir que por su beneficioso influjo personal-respaldado, desde luego por las liberales orientaciones políticas del Rey Carlos III, y habiendo contado igualmente con la cooperación eficientísima de ilustres sabios hijos de esta tierra-se crean en Cuba las Sociedades Patrióticas, se funda la Casa de Beneficencia, se inaugura la primera Biblioteca Pública, se derogan multitud de impuestos que aprisionaban la industria, se decreta el comercio libre de América con Europa, se suprime el monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla, se establece la Junta de Agricultura y Comercio, y por último, ve la luz el primer periódico literario que ha tenido nuestra patria: el “Papel Periódico de La Havana”.

EL PAPEL PERIÓDICO DE LA HAVANA

Como dice Guiteras “el primer paso dado por Casas en la senda florida de su mando, fue pagar un justo tributo de consideración al talento cubano, anunciando así que un gobierno de paz debe buscar su más firme apoyo en la opinión pública, y que el único modo de obtenerlo es alentar por medio de la prensa a los ingenios del país para que ofrezcan francamente a la autoridad la expresión de sus necesidades a fin de dispensarles con acierto un remedio conveniente”.

Y la mejor prueba de que tanto las Casas como los intelectuales cubanos no consideraron nunca en la “Gazeta”, en 1782, sino un mero papel de noticias oficiales y anuncios y no un verdadero periódico, lo tenemos en el hecho elocuente de no haber utilizado el nombre de aquel periódico, reanudando su publicación para los propósitos de difusión cultural y exposición y defensa de las necesidades del país, que consideraban eran los fines que debía perseguir una verdadera publicación periódica.

De acuerdo Las Casas con don Tomás Romay y don Diego de la Barrera fundaron la publicación que no sólo constituiría una de las mejores obras del gobierno de Las Casas a la que, además, cabría la gloria de ser la primera de las publicaciones periódicas editadas en Cuba.

Apareció el número primero del “Papel Periódico de La Havana”, el domingo 24 de octubre de 1790 antes de cumplirse los cuatro meses de la llegada a La Habana de Las Casas.

Los planes que éste se proponía realizar con la publicación del “Papel”, están expuestos en el “Prospecto” que aparecía como fondo, inmediatamente después de la cabeza del periódico.

Las reproducciones íntegramente por el interés excepcional que ofrece el conocimiento del concepto que Las Casas y los cubanos más conspícuos de su tiempo tenían de lo que era un periódico, y, pensaban, por tanto, fuesen el que habían fundado.

“En las ciudades populosas son de muy gran utilidad los papeles públicos en que se anuncian a los vecinos cuánto ha de hacerse en la semana referente a sus intereses o diversiones. La Havana cuya población es tan ya considerada echa menos uno de estos papeles que de al público noticias del precio de los efectos comerciales y de los bastimentos de las cosas que algunas personas quieren vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado o han de salir, en una palabra, de todo aquello que pueda contribuir a las comodidades de la vida.

Joaquín Llaverías, un breve, pero muy veraz y documentado trabajo, ha dejado escrita la historia del “Papel Periódico”, desde su fundación en 1790 hasta su transformación definitiva en periódico oficial del Gobierno, o sea en la “Gaceta de La Habana”, en 1848.  De su trabajo tomamos los datos necesarios para este ensayo histórico.

Desde el 24 de octubre de 1790, en que vio la luz el primer número hasta el 31 de diciembre, o sea en el primer año de su publicación, sólo aparecieron 10 números publicados cada domingo únicamente.

Desde el segundo año, 1791, hasta 1805, se publicó dos veces por semana, los jueves y los domingos.

En el mes de mayo de 1805 se le varió el nombre de “Papel” por el de “El Aviso”, que conservó hasta 1808. Desde 1809 sufrió los siguientes cambios en su denominación: “Aviso de La Habana”. (1809-1810), “Diario de La Habana” (1810-1812); “Diario del Gobierno de La Habana” (1812-1820); “Diario Constitucional de La Habana (1820); “Diario del Gobierno Constitucional de La Habana” (1820-1823); “Diario del Gobierno de La Habana” (1823-1825); “Diario de La Habana” (1 de febrero de 1825 a 3 de febrero de 1848 en que se transformó en “Gaceta de La Habana”).

Don Luis de las Casas y don Diego de la Barrera fueron los primeros redactores del “Papel Periódico”; y cuando en 1793 las Casas dejó constituida la Sociedad Patriótica de la Habana, le confió la dirección y administración del periódico, nombrando ésta una diputación constituída por Agustín de Ibarra, Joaquín Santa Cruz, Antonio Robredo y Tomás Romay, quienes redactaron “un plan sencillo y el más conforme a los objetos de este papel”, según nos refiere José Agustín Caballero y Rodríguez en el informe que presentó a la Sociedad en 2 de septiembre de 1794 y en el que dejó escrita la historia del “Papel Periódico” desde su fundación hasta ese año.

Durante dicho tiempo, dice Caballero, “nuestro periódico ha promovido la aplicación a las Letras, las Ciencias y Artes, ha corregido ciertos defectos que lastimosamente notábamos en nuestros profesores, y me atrevo asegurar pondrá a esta ciudad en el grado de ilustración en que admiramos a la Europa después de la serenísima República de Venecia inventó en el siglo XVII el útil uso de los papeles públicos”.

Hace resaltar Caballero la acogida notable para la época, que el público había dispensado al “Papel”, al extremo de contar a los cuatro años de publicación con 126 suscripciones, a seis reales al mes, servido el periódico a domicilio, en los días de su publicación, dos veces a la semana, según ya expusimos: domingos y jueves.

Ni los artículos ni las poesías del “Papel Periódico” aparecen firmadas por sus autores, sino bien sin firma alguna bien autorizadas por un seudónimo, por lo que se hace muy difícil a nuestros investigadores literarios descubrir la exacta paternidad de esos trabajos, tanto en prosa como en verso.

De entre  los muy pocos seudónimos identificados del “Papel Periódico”, figuran los que usó Manuel de Zequeira y Arango, tanto en artículos en prosa como en poesías, gracias a las investigaciones realizadas por su nieto el doctor Sergio Cuevas Zequeira, quien además de estudiar a su ilustre antecesor, fundador de nuestro parnaso en sus poesías líricas, lo hace también en su versos satíricos y de costumbres y en sus artículos de este género. Todos los trabajos de Zequeira que aparecen en el “Papel”, llevan por firmas los seudónimos de “Armenan Queizel”, “Ezequiel Armuna”, “Anselo Erquea y Gravina”, “Raquel Yum Zenea” e “Ismael Raquenue”, y otras veces los de “El observador de La Habana” o las iniciales “Z. M. Z.”

Citaremos aquí tan sólo éstas las más notables de estas críticas de costumbres de Manuel Zequeira: “ El Relox de La Habana”, o empleo que de las horas del día hacían los habaneros: dos trabajos sobre los petímetres; otro sobre los funerales; uno  intitulado “Papel Vigésimo primo”; y unas quintillas. “Retrato de Siparizo”, carta que dirige “Ismael Raquenue” “a mis amados compañeros petimetres”, presentándoles para que lo imiten, el retrato de Siparizo. A esta carta, le opuso un señor. Luengo Jiménez, cinco reparos, lo que dio lugar a que Zequeira le contestase, entablándose curiosa polémica.

Y no podemos pasar por alto que las polémicas sobre asuntos literarios o de costumbres, menudean en el “Papel Periódico” y constituyen uno de sus más interesantes atractivos, reveladoras aquellas de la idiosincracia de los habaneros de aquellos tiempos, no muy distinta por cierto, a la de nuestros contemporáneos.

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