LOS AIRES DE LA DISCORDIA LLEGAN A LA CASA BLANCA

Written by Adalberto Sardiñas

1 de diciembre de 2021

a división dentro de Partido Demócrata, entre los radicales de izquierda, mal llamados “progresistas”, los moderados, y los centristas, lejos de abatirse, se intensifica, llegando a la cumbre de la cúpula en la Casa Blanca. Lo que sonaba como aires de rumor, se ha hecho más palpable: las tensiones entre el personal de confianza del presidente Joe Biden, y la vice, Kamala Harris, están envueltos en una guerrilla de dimes y diretes, que ya ha encontrado eco en cierta parte de la prensa nacional.

Las quejas, de ambas partes, han ido in crescendo. Los de Biden acusando a Kamala de ineptitud, y los de ésta., argumentando que no se la ha utilizado apropiadamente, asignándosele tareas que no le han permitido mostrar sus talentos. Lo cierto es que las fricciones continúan. Los liqueos y filtraciones llegan a los periódicos, y, de ahí, como es previsible, al dominio público. Es una reacción en cadena que nunca se rompe.

¿Es éste, un fenómeno nuevo, producto de la división demócrata? ¡No! Sobresale más ahora porque la sensibilidad política está más a flor de piel, debido, en gran parte, a la profunda polarización que prima en nuestro entorno. Mas, en realidad, es un acontecimiento que se repite entre los guardianes políticos de los presidentes y sus vices. Son celos y recelos de sentimientos políticos, atrincheramientos, donde cada grupo se empeña en preservar sus intereses.

Es más, existen casos, no muchos, en que, después de un inicio álgido, debido a la tolerancia, la flexibilidad, y la inteligencia de los personajes, jefe y subalterno, los vice presidentes han terminado en la presidencia. Se ha impuesto el tradicional acomodamiento político en beneficio del partido y la estabilidad social.

Tenemos varios ejemplos a la mano, en los cuales, los vice presidentes fueron oponentes al presidente en las primarias, y al final, limadas ciertas asperezas, fueron electos, en elecciones subsiguientes, con el apoyo de éstos.

Lyndon Johnson, y John F. Kennedy, en 1960. Ronald Reagan and George W. H. Bush en 1980. Barack Obama y Joe Biden en 2008. La situación Kennedy-Johnson presenta características diferentes por la repentina e infortunada muerte del presidente, pero, para entonces, ya las relaciones entre ellos eran, podríamos decir, armónicas, y los kennedistas, apoyaron abrumadoramente a Johnson que fue electo de forma arrolladora.

En ninguno de los casos anteriores figuró el factor de capacidad, conocimiento, experiencia, sabiduría, o cuestiones de talento. Pero, lo que predomina en las supuestas alegaciones contra Kamala Harris, son precisamente algunos de esos factores, más la aserción, ampliamente compartida, de que su impopularidad está en ascenso, cosa que podría ser fatal para su futuro político.

Algunos analistas, con pupila entrenada en visiones siniestras, no olvidan que la Sra. Harris, en su breve pasaje como aspirante a la candidatura presidencial, durante las primarias, maltrató duramente a Biden, insinuando su lado racista en ciertas acciones durante sus años en el Senado.  Éste, por su parte, obedeciendo a los dictados del partido, en adición a sus propias convicciones, decidió llevar como parte de su ticket, a una mujer de color. Y de ahí surgió Kamala Harris.

¿Será posible que Joe Biden, por su lado condescendiente, haya olvidado el insulto? La respuesta sólo la tiene el presidente.

Pero, sus servidores leales, su esposa, Jill, y su hijo Hunter, ¿habrán olvidado, todos, la ofensa y el maltrato? ¿Quién, o quiénes, entre los leales a Biden, ha propalado las filtraciones negativas contra la vicepresidente? En todos los rincones de la vida, pública o privada, política, o de otro orden, hay ofensas que perduran en el rencor de la memoria. ¿Será ésta una de ellas?

En el lado opuesto de la ecuación, surge la incógnita de los “escapes informativos” contra el personal del presidente, emanados de los funcionarios leales a Kamala Harris. ¿Por qué, y cuál es el objetivo?

Una línea de pensamiento insiste en que los seguidores de Kamala, muchos en el bando de los radicales, se empeñan en elevar su posición, y los valores de ésta, con miras, no tan solo a las elecciones del 2024, sino ante la posibilidad de que Joe Biden, por alguna incapacidad, física o mental, debido a su edad, tenga que ser sustituido antes del término de su mandato.

Por supuesto, que, en el análisis de las hipótesis, siempre se navega en el oscuro mar de lo imponderable; y este camino que estamos recorriendo, abunda en ese capítulo del elusivo futuro, cuya clarividencia no poseemos ante la ausencia de la famosa bola de cristal. El tiempo, más pronto que tarde, dirá que pasará en la administración de Joe Biden, que todavía está en su infancia.

En las rivalidades que hemos repasado de pasados presidentes y sus respectivos vices, siempre existió un aura de lealtad que, eventualmente, elevó a varios de éstos a la primera magistratura.

No sabemos qué grado de lealtad guarda Kamala Harris para Joe Biden. Pero las filtraciones contra sus asesores, y personal de confianza, por parte de su grupo más íntimo, que afectan directamente al presidente, indican que ella los apoya en la gestión, o, que, al menos, es incapaz de controlarlos.

Para indicar lo contrario, y ganar más apoyo para sus ambiciones futuras, es imperativo, para su propio beneficio, que la vicepresidente, en ejercicio de su autoridad, ordene a sus seguidores y ayudantes el cese inmediato de los liqueos contra el presidente.

Por su parte, el presidente haría bien en poner fin a la práctica de liqueos degradantes por parte de su personal contra la que pudiera pasar del número dos al uno, si el destino, a veces veleidoso, se torna caprichoso, y determina un cambio abrupto. 

A propósito, quizás sería ésta la única oportunidad para Kamala Harris de llegar a la presidencia.

Por medio de las urnas, a través de la luz de nuestros días, luce improbable

BALCÓN AL MUNDO

Los índices inflacionarios, curiosamente, por detalles técnicos, debido a su volatilidad, no incluyen los precios de la gasolina y alimentos en sus resultados. Y repito el adverbio, “curiosamente”, porque son esos dos capítulos de la economía, los que más afectan el bolsillo de la mayoría del consumidor.

  La población de hoy se queja airadamente de la subida de la gasolina, la carne, el pollo, y otros insumos que son de consumo diario.  Estos son necesarios. Los otros, como la compra de un carro, un televisor, o un teléfono celular, son aplazables.

  Entonces, para el entendimiento común, ¿no sería mejor hablar claro, desentendernos de sofisticados tecnicismos económicos, e incluir, como debe ser, la gasolina y la carne en la columna de la inflación?

  El impacto de la inflación, en el bolsillo popular, tiene un lenguaje universal que todos entendemos. No importa lo que se incluya o excluya, la bomba de gasolina y el cajero del market, ignorando las sutilezas, lo traducen con ruda claridad.

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 Presidente Biden ordena liberar de la Reserva Estratégica de Petróleo, 50 millones de barriles para bajar el precio de la gasolina. Una gota en el océano. La estrategia es buena como gesto político. Pero no afectará los precios al consumidor de forma tangible.  Es una vieja rutina que emplean todos los presidentes cuando el precio del combustible se dispara. Primero, ordenan al FTC, investigar a las compañías petroleras por posibles actividades criminales. Nunca encuentran nada.

  Después, sueltan de la Reserva Estratégica, un número de millones de barriles con propósitos de propaganda política, que reducen el galón en 15 centavos, después de haber subido más de un dólar en los pasados 6 meses.

  Esta es la repetición de un juego que el pueblo ya conoce. En términos prácticos, estos 50 millones de barriles no servirán de nada para nivelar el desajuste entre la oferta y la demanda. No son suficientes. La solución radica en aumentar la producción nacional de crudo, que tenemos en abundancia, cosa que no se puede hacer porque John Kerry, que le tiene el cerebro lavado a Biden, se opone.

Todos lo sabemos, incluso Joe Biden.

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  Me sorprendió el renombramiento de Jerome Powell como Chairman de la Reserva Federal. No lo esperaba. Creí que Biden cedería al empuje de los “progresistas” más radicales como AOC, Sanders y Warren, que insistían forzosamente en su despido.

  Biden decidió por la continuidad en la política monetaria que mantuvo Powell antes y durante la pandemia. Además, éste se mantuvo firme ante la presión de Trump para que cambiara el rumbo del Banco Nacional enfatizando la independencia de la institución a las presiones políticas.

  Buena decisión del presidente.

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  Las dos últimas elecciones importantes en América del Sur, Argentina y Chile, han sido favorables a la democracia. El peronismo argentino, base de la corrupción que estanca a esa gran nación, sufrió una gran paliza en las urnas, hace dos semanas, en las elecciones parciales de medio término.

En Chile, tan proclive al flirteo comunista, triunfo el candidato José Antonio Kast, candidato de la derecha, destacando su posición de ley y orden, y su postura anti comunista, contra su oponente, Gabriel Boric, de claro corte comunista.

   Ésta fue la primera vuelta. La segunda será el 19 de diciembre y ahí se decidirá la presidencia. Las encuestas del momento dan como ganador a Kast.

Sería un gran triunfo para Chile, después de los desastrosos disturbios de hace dos años, que dejaron miles de millones en pérdidas, causadas por vándalos incontrolables.

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