LITERATURA E INTERSECCIONALIDAD CON REBROTES DEL COVID

12 de enero de 2022

El rebrote de la lectura ha sido una de las consecuencias más sorprendentes de la crisis que la pandemia del Covid ha provocado. No se trata aquí de atiborrar al lector con estadísticas, pero es un hecho que el fenómeno es común a todos los países desarrollados. Lo que inicialmente fue una tendencia se hizo firme confirmación y finalizando el año 2021 se computaron cifras de ventas librescas espectaculares, las mejores de la década con incremento porcentual de casi un 20%. Para aquellos que gustan de las expresiones hechas en inglés ha sido un verdadero trendin topic.

Y como resultado concomitante al aumentar el tiempo que colectivamente consagramos a leer libros, el año pasado se produjo una disminución del destinado a los videojuegos y a las plataformas televisivas con series, para muchos un vector de oscurantismo colectivo cuya nocividad será tal vez medida un día mediante sapientes algoritmos.

Para venir a lo que es el mercado de las librerías en Francia señalo que tienen lugar cada año dos rentrées littéraires en el país siendo la más corrida en septiembre.  Hay otra, ahora mismo como siempre en enero. Están saliendo a la venta la friolera de 500 novelas entre ellas  Anéantir, del siempre polémico Michel Houellebec que encabeza el lote. Mientras tanto se sigue vendiendo y mucho la que ganó hace dos meses el Premio Goncourt, la recompensa más  codiciada por escritores y editores. Fue atribuído a Mohamed Mbougar Sarr, un joven africano negro de 31 años nacido en Senegal que desde 2015 esta publicando aquí obras escritas directamente en francés. El continente africano es en el mundo un pilar de la francofonía, esperando que negros y árabes no decidan un día prestarle más atención al chino país gigante e imperialista que ocupa allí todos los espacios.

El nuevo libro de Sarr – cuyo título puede traducirse «El recuerdo más secreto de los hombre» -esta articulado alrededor de una atrevida incursión retroactiva en el tema del colonialismo, del racismo y del políticamente correcto. Se basa en el triste destino de otro novelista africano y negro nacido en Malí, país vecino de Senegal ambos antiguas colonias francesas. La trama describe como medio siglo atrás el establishment metroplitano en París no le perdonó a aquél su color de piel. Dicho de otra manera decidieron que un negro no podía ni debía ser, aún si lo, era de hecho, un excelente escritor en lengua francesa.  Cierta o no esa interpretación hecha por Sarr nos lleva al título de esta crónica y al intrígulis que desató su gran premio al mismo tiempo en Dakar y en París.

Si como todos sabemos «nadie es profeta en su tierra» los ataques feroces de que Sarr esta siendo objeto en su país datan de la publicación de su novela anterior ( Puros hombres ) que los sectores más retrógrados en Senegal consideran proclive a la tolerancia de la homosexualidad. En un país en el que tal «desviación», calificada como «acto impúdico contra natura», esta penalizado por la ley con multa y prisión tales puntos de vista desataron la ira de parte de la clase política dirigente y de los sectores dominantes en los cultus animista y musulmán. Sarr no rehuyó la defensa de sus puntos de vista acusando a sus contradictores de ceguera voluntaria y de no admitir que un país que se pretende moderno en pleno Siglo XXI tiene que abandopnar definitivamente el discurso que consiste en afirmar que la homosexualidad había sido imprtada y que vino con los blancos y su colonización. 

Son pocos quienes son capaces, en los países africanos sostenedores de tales tésis, de manifestarse públicamente contra esos criterios oscurantistas. Pero al mismo tiempo en Francia no proceden a denunciar lo que allí sucede, explicando como Sarr negro verdaderamente creativo y competente de paso no homsexual, es marginado por sus criterios por la aplicación de ese código no escrito que predomina en Estados Unidos y en Europa Occidental: la interseccionalidad.

Como la persona que viola los códigos es un negro no se le puede permitir que no comience por ser apóstol de la negritud y mucho menos que no dedique toda la fuerza de su influencia ganada en el mundo de los blancos para luchar por su raza que es la oprimida. Automáticamente su combate, el de Sarr, no es sostenido si siquiera por los militantes LGBT y mucho menos por los feministas siempre prestos a venir a la arena pública para supuestamente defender a las minorías.

El linchaje mediático que en el caso que hemos descrito hoy se ensaña en un africano negro  retorna a la actualidad como una de las veleidades más recurrentes de nuestra sociedad a la que difícilmente los tenores de la sociedad osan enfrentarse. Y mucho menos durante una campaña para elegir nuestro próximo presidente, un combate para el cual cada participante afila cuidadosamente sus largos cuchillos. Aparentemente la decencia y la honestidad volverán a quedarse en la cuneta mientras que los intolerantes continuarán haciendo gala de hegemonía y de insolencia. Como el título de la novela, son finalmente secretos de hombres como también de mujeres.

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