LAS ZONAS PROHIBIDAS EN EL MAPA VACACIONAL PLANETARIO

27 de julio de 2022

Lenta e inexorablemente se han venido reduciendo los lugares a visitar para quienes hasta hace pocos años organizábamos con anticipación qué hacer durante las vacaciones. Al mismo tiempo para mi categoría actual, los jubilados,  existían durante todo el año opciones casi infinitas. Ahora, después de dos años pletóricos de las limitaciones que hemos soportado, en el verano en curso se ha producido en Francia un frenesí de viajadera a pesar de la crisis económica inflacionaria que golpea todas las capas de la sociedad. Se ha visto en los aeropuertos y en las estaciones del ferrocarril; así como en las fechas de salida quincenales a las carreteras con tapones récord. A los automivilistas hexagonales hay que añadir los que procedentes del norte de Europa se dirigen a España, a la costa mediterránea francesa o a los puertos que sirven de punto de partida hacia Marruecos, Argelia y Túnez.

Se constatan sin embargo grandes cambios en este 2022 en curso.  Las guerras, las precauciones sanitarias, el terrorismo internacional y las actividades criminales de los traficantes de armas y de drogas poniendo a sangre y fuego a países otrora clasificados como tranquilos, desaconsejan ahora embarcarse a decenas de países y territorios. Cuando hace 40 años yo llegué a Francia, contando 38 años de edad y sin haber puesto jamás un pie fuera de mi isla natal, estaba ávido de ir a pasear y a conocer cuando la oportunidad se presentaba.  Conocí a personas de mi edad que ya archivaban aventuras que escuché asombrado y boquiabierto: habían hecho viajes extraordinarios a regiones lejanas, muchas inhóspitas, haciendo autostop. Con la mayor indolencia y poco dinero en el bolsillo se habían ido a Siria, Yemén, Irak, la India, etc. Lo habían hecho lo mismo «pidiendo botella», que en una motocicleta o un auto viejo que eran capaces de reparar si se les presentaba una avería. Vehículos que de presentarse males mayores abandonaban para continuar como pudieran.

Entre los condiscípulos de mi hija varios se fueron a darle la vuelta al mundo al terminar sus estudios. Se autorizaban un año sabático e iban en cualquier dirección, con un presupuesto modesto y hasta trabajando en el camino. Todo eso ha terminado, lo mismo para profesionales que para aficionados. La gran mayoría de aquellos caminos viables entonces, están cortados hoy probablemente por largo tiempo. En no pocos casos oso afirmar que irreversiblemente y para siempre.  Por otra parte muchos eventos que antes estuvieron en lugar prominente de los calendarios de festivales, competencias internacionales y “rallys” han pura y simplemente desaparecido.  En lo que respecta a los cruceristas los recorridos y las escalas han sido ajustados,  eliminando los sitios en los cuales la amenaza terrorista ha cobrado víctimas inocentes de 2010 a la fecha.

Asistimos en la materia a una reducción del mapamundi de lo posible, para plasmarlo en eufemismo barato. Es evidente que la realidad ha creado una nueva educación colectiva que se traduce en modelos inéditos de turismo de proximidad.  Los riesgos enumerados más arriba no son las únicas motivaciones de los cambios porque en el cóctel se han colado el riesgo de calentamiento global, las catástrofes como inundaciones e incendios forestales que siguen teniendo lugar este año como los anteriores, y la inflación galopante que irremisiblemente sacará del mercado a mucha gente.

Cuando el mundo comunista que jerarquizaba la Unión Soviética se vino abajo muchos apostaron por una transformación global, una especie de reino de la seguridad y de la libre circulación de personas que no se produjo. Lejos de eso varios polos económicos y de poder han creado una realidad de autoritarismo que no presagia nada bueno para las democracias. En Francia – igual que en Estados Unidos y en otros países donde se vive en democracia- las autoridades a través del Ministerio de Exteriores mantienen al día un planisferio en el cual la mitad del planeta se considera actualmente «hostil al turismo».  Para los profesionales del sector, especialmente los agentes de viaje, las nociones de riesgo varían en función de la nacionalidad del viajero, su religión, su sexo y hasta de su «orientación sexual». Al final para un francés que suscriba a los valores de su sociedad lo que queda disponible viene siendo América del Norte, Japón, Australia, unos pocos países suramericanos, otros del Extremo Oriente y China Comunista, excepción hecha de la región autónoma de Xinjiang en la cual viven los uigures de confesión musulmana.

Las recomendaciones oficiales son elaboradas en Francia a partir de informes que provienen de la red diplomática constituída por sus embajadas y consulados. Interviene con voz y voto en su confección y puesta al día la DGSE (Seguridad Exterior). El año pasado las fichas disponibles ofrecían información acerca de 191 países y la rúbrica oficial del ministerio «consejos a los viajeros» sigue siendo consultada por millones de ciudadanos. En un mundo sujeto a convulsiones de todo tipo se trata de un comportamiento normal y lógico. A los riesgos múltiples que hay que considerar como de rutina hay que añadir, sobre todo en el continente africano, los ligados a secuestros que la delincuencia local realiza por razones políticas, religiosas o delincuenciales.

Al sur del Río Grande y por el momento, Venezuela aparece en la categoría «viaje desaconsejado salvo por motivos imperiosos». Una parte de la Selva Amazónica que incluye territorios de un triágulo en el cual se confunden Colombia, Brasil y Perú;  y el noroeste de México son marcados como «a evitar». En cuanto a Cuba su etiqueta no es excluyente y reza algo que francamente ignoro qué pretende trasmitir: «vigilancia reforzada».  Es evidente que las autoridades del desgobierno de la isla siguen apostándole al turismo como puerta de escape posible a la gran crisis permanente que acunan desde hace medio siglo. Para ellos es una ventana de tiro que permite a los califas castristas hacerse con dinero que en parte reparten entre la cúpula de militares, represores, funcionarios y miembros de la nomenclatura partidista. Es probablemente esa la razón que motiva las inversiones que con la complicidad de consorcios internacionales del sector siguen haciendo en la capital, así como en ciertas  playas y cayos adyacentes.

Es este mundo que se ha encogido brutalmente el que por el momento las circunstancias nos han dejado para nuestras vacaciones. Para quienes puedan arreglarse para intentar salir de paseo y para descansar, les recomendamos doquiera que estén la mayor prudencia y una consecuente cuota de buena suerte. Mientras tanto no me moveré de Francia, país que por el momento sigue brindando una oferta cultural y geográfica muy variada a quienes se propongan recorrerlo.

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