LAS EMOCIONES, FUENTE DE ENFERMEDADES

Written by Libre Online

8 de noviembre de 2022

Dos de cada tres pacientes que buscan el auxilio médico, refieren dolencias causadas entera o parcialmente por desórdenes emocionales. El doctor Hazelton expone con claridad meridiana la forma de evitar estas afecciones psicosomáticas y los procedimientos para combatirlas cuando han hecho presa del organismo.

Por   el   Dr.   M.   W. HAZELTON (1954)

(Versión de Manuel Marsal)

He notado en varias ocasiones que algunos de mis clientes me han mirado con sorpresa y hasta me atrevería a decir que, con algo de temor, cuando en el curso de la consulta he mencionado la palabra “psicosomático”. Claro está que en ningún momento he querido confundir o asustar a mis pacientes. La explicación no puede ser más sencilla. Este vocablo como la mayoría de los que se usan en la profesión médica son derivados del griego y del latín: «psyche» equivale a mente y «soma» a cuerpo y los médicos usamos este término compuesto para expresar un estado o dolencia causado enteramente o en parte por alteraciones o desórdenes emocionales.

El concepto de que la mente afecta al cuerpo provocando o agravando enfermedades y síntomas no es una invención de la medicina moderna. Hace muchos siglos, Hipócrates, el padre de la medicina, reconoció que todas las funciones del cuerpo son afectadas por nuestras emociones o estados de ánimo. Sin embargo, durante muchos siglos no se le prestó la debida atención a esta realidad. 

Con los progresos realizados a través del descubrimiento de los gérmenes de las enfermedades, menos y menos énfasis se hizo cada vez en el papel que representan la mente y las emociones, en el progreso del organismo. Empero, en años recientes comenzaron a realizarse acuciosos estudios orientados a conocer lo más exactamente posible, la parte representada por las emociones en las dolencias que afectan al hombre. 

De aquí, que el término «psicosomático» haya empezado a usarse con frecuencia, aunque en algunos casos, según me temo, los que más abusan del vocablo son los que menos conocen su verdadero significado.

Todos sabemos por experiencia propia que algunas emociones, tales como el miedo, lo cólera, la frustración, el amor, el odio y muchas otras pueden afectar nuestro cuerpo. Cualquier órgano del cuerpo puede ser afectado por las emociones. El miedo y la cólera pueden acelerar los latidos del corazón, elevar la presión arterial y provocar reacciones en el sistema gastrointestinal que a veces se manifiestan violentamente con náuseas y vómitos. 

También sabemos que las emociones afectan el apetito, el sueño, la digestión, e inclusive el funcionamiento de los intestinos. Es de todo punto imposible disociar la mente del cuerpo. Del mismo modo, nuestras emociones pueden precipitar serios y hasta alarmantes síntomas y enfermedades. Aun cuando estas enfermedades pueden ser causadas por distintos gérmenes, es igualmente innegable que las emociones precipitan la enfermedad o disminuyen las resistencias del cuerpo a los ataques de los agentes causales.

¿Cuáles son las enfermedades que con mayor frecuencia tienen un origen psicosomático? En realidad, no se exagera al contestar que casi todas. Podemos leer de principio a fin la enciclopedia de las enfermedades con la seguridad de que prácticamente casi todas pueden ser causadas por conflictos emotivos. 

Dolores de cabeza, asma, alergias, afecciones del corazón, presión alta, diabetes, úlceras del estómago, problemas sexuales, afecciones de la piel etc., pueden tener su causa en alteraciones emocionales. Se hace difícil en verdad, creer que algunas de las enfermedades que hemos mencionado tengan su origen en las emociones, pero las evidencias al respecto son numerosas e irrefutables.

¿Son poco frecuentes los estados psicosomáticos? De acuerdo con médicos de reconocida autoridad, dos de cada tres pacientes que acuden a consultarse, sufren dolencias causadas entera o parcialmente por alteraciones emocionales. Muchos de estos enfermos han ido de uno a otro médico sin encontrar alivio para sus síntomas. Sus dolencias fueron diagnosticadas correctamente, pero las causas psicosomáticas quedaron sin investigar.

Como resultado de este olvido, muchos individuos enfermos y desventurados continúan viviendo sin hallar alivio a sus males. Por fortuna, hoy la profesión médica entera está alerta en la búsqueda de causas psicosomáticas y, en consecuencia, muchos casos que anteriormente no tenían esperanzas de curación están siendo tratados con franco éxito por la psicoterapia.

Hemos dicho que aproximadamente dos tercios de los enfermos padecen dolencias o se hallan afectados enteramente o en parte a causa de desórdenes emocionales. 

De estos dos tercios, aproximadamente la mitad presenta síntomas, pero no otras señales de alguna enfermedad que pueda ser reconocida. La otra mitad sufre enfermedades definidas, conocidas y bien diagnosticadas, provocadas por sus emociones.

Los casos de los pacientes a los cuales no se les encuentra la enfermedad, son llamados estados «funcionales». Pero no debemos incurrir en la equivocación de decir que estos pacientes tienen síntomas y dolores imaginarios. Realmente nada hay imaginario en los dolores de cabeza o cualquiera de los otros dolores de los que se quejan, aun cuando los médicos no hayan podido encontrar las causas que los justifiquen o los produzcan. 

Refiriéndose a este aspecto del problema, un psiquiatra amigo mío, me decía no hace mucho que a los médicos que le dicen a sus pacientes que sus dolores son puramente imaginarios, debía pagárseles con monedas también imaginarias.

Tampoco debemos incurrir en el error de pensar que los pacientes que se hallen en tales condiciones están afectados por alguna enfermedad mental. Pero el paciente no debe ofenderse o alarmarse en demasía si su médico le dice que su úlcera o sus achaques del corazón son de origen psicosomático. Tal explicación no quiere decir en modo alguno que el enfermo esté loco, sea un neurótico, o algo por el estilo. Simplemente se le ha dicho que está afectado por desórdenes emocionales que han perturbado el funcionamiento normal de los órganos de su cuerpo.

¿Cómo se hacen los diagnósticos de dolencias cuyo origen es psicosomático? Ciertamente que tales diagnósticos no son de los más fáciles. Primeramente el paciente es sometido a un examen completo con análisis de laboratorio y hoja clínica. Si después de este proceso no se encuentra la enfermedad que pueda ser responsable de los síntomas que representa, se llega a la conclusión de que su afección es «funcional». En otras palabras, el diagnóstico resulta negativo por eliminación o exclusión. Empero, en la actualidad, esta idea no prevalece.

 En adición a los exámenes y análisis que acabamos de mencionar, se hace un estudio de la personalidad del paciente con objeto de precisar si existe alguna «corriente» neurótica. De este modo el diagnóstico llega ser más completo, más positivo, mediante el estudio de todos los hallazgos físicos, las pruebas del laboratorio, la historia clínica y una cuidadosa valorizaron de la personalidad del enfermo y del patrón neurótico.

No es posible separar la mente del cuerpo. Todas y cada una de las emociones que experimentamos producen efectos en nuestros órganos. No podemos considerar lo físico y lo mental separadamente. No podemos decir que una enfermedad es de una parte o de la otra. Hay un nexo muy estrecho entre la mente y el cuerpo, de modo que no es posible separarlos. Por lo tanto, debemos considerar toda enfermedad como una mezcla de ambos. 

El problema consiste, pues, en determinar qué parte de la enfermedad es debida al cuerpo y qué parte a la mente. Para llegar acertadamente a esta conclusión, el médico necesita un estudio completo de la personalidad de cada paciente, ya que tal estudio es tan importante, tan básico como el análisis de la sangre y el examen del corazón.

Tales son, en suma, los principios generales y fundamentales básicos para combatir los estados psicosomáticos que como hemos dicho constituyen dos tercios de todas las dolencias. ¿Quiere esta aseveración indicar que estos dos tercios deban ser tratados por un psiquiatra? Seguramente que no. 

Algunos casos, por supuesto, requerirían la asistencia de un psiquiatra competente, pero no la mayoría, que puede ser diagnosticado, estudiado y tratado por el médico de la familia, el médico de confianza que seguramente advertirá los orígenes psicosomáticos de la enfermedad.

Reconocemos que tales casos no son fáciles ni en su diagnóstico ni en su tratamiento. No es suficiente llegar al descubrimiento de que la úlcera de Juan Pérez se hace sentir cuando la suegra lo visita en el fin de semana, o que la señora de González sufre terribles dolores de cabeza, cuando su marido coloca una secretaría joven y linda. 

Estos descubrimientos por si solos no implican que los problemas de Pérez y de la señora de González estén resueltos. El tratamiento debe ir a lo más hondo de la personalidad para lograr que ambos pacientes lleguen a ajustarse al ambiente, a las circunstancias, a fin de que logren reaccionar debidamente ante los múltiples y complejos problemas de la vida.

Para tratar los citados psicosomáticos el médico debe considerar al paciente como un individuo en particular y no como un caso más. El enfermo no es un saco de músculos, huesos, nervios y otros órganos. Es un hombre afectado por emociones profundas y con reacciones variantes ante los problemas que confronta; reacciones que son totalmente distintas a las de cualquier otro hombre. Necesita por lo tanto que lo estudien como un individuo, un individuo que no es igual a ningún otro. El médico necesita conocerlo como un ser vivo con reacciones humanas.

Al paciente deberá inspirársele confianza, alentársele para que hable de su trabajo, de su vida hogareña, de sus relaciones con otras personas, de sus frustraciones, inquietudes, temores, ansiedades, además de lo relacionado con sus dolores y síntomas. Como puede presumirse no se obtendría éxito alguno en el tratamiento de sus síntomas y dolores si no se conociera a fondo su estado emocional. 

Una característica de estos pacientes es que sus síntomas y dolores resultan excesivamente pronunciados en relación con el estado de su dolencia.

Los psiquiatras han comprobado que muchos síntomas no son ni más ni menos que una expresión de las reacciones emocionales del paciente, algo así como una especie del simbolismo. Por ejemplo, uno de los síntomas más comunes en estados de origen psicosomático es la gran dificultad que tiene el paciente para tragar alimentos. Este síntoma refleja la negativa del enfermo a resignarse a una situación desagradable o doloroso. No puede, en efecto, «pasar» la idea o el hecho que altera su normalidad emocional.

Otra de las manifestaciones más comunes de rechazo u hostilidad del paciente o los circunstancias en que se encuentra colocado la constituye la picazón. El enfermo quisiera realmente rascar o arañar a otra persona, pero se controla y rasca su propio cuerpo. El vómito y las náuseas también expresan frustración.

El paciente trata de librarse de las obligaciones que le resultan enojosas y que lo alteran. Otros síntomas de la misma índole son los dolores de cabeza, la opresión al pecho etc. Cada uno tiene significado simbólico y si son apreciados y valorados correctamente pueden contribuir de modo eficaz a destruir problemas psicosomáticos.

Debido a una errónea interpretación de los trabajos de Freud muchos creen que detrás de todas las neurosis hay dificultades sexuales. Nada más lejos de la verdad que tal apreciación. Estas dificultades son simplemente otra manifestación del complejo mecanismo del cuerpo y la mente. 

Ciertamente que encuadran en el mismo marco, pero no porque sean la causa directa de las dificultades orgánicas. Tales problemas como la frigidez y la impotencia son investigadas y tomadas en consideración en el momento de la evaluación de la personalidad y la conducta del paciente.

¿Qué debemos hacer con los pacientes psicosomáticos? ¿Hay esperanzas de curarlos? Sí, el éxito ha sido grande en muchísimos casos, siempre que se les ha aplicado el tratamiento correcto. Este incluye en primer término una franca discusión con el paciente acerca de la causa de su dolencia.

 Deberá decírsele con sinceridad absoluta que sus dificultades orgánicas tienen como fundamento conflictos emocionales y desórdenes de la personalidad. Deberá hacérsele una explicación bien clara a fin de que no tenga dificultades para comprender el significado de sus síntomas que tienen por base sus frustraciones íntimas. Este tipo de tratamiento recibe el nombre de psicoterapia y requiere mucho tiempo y mucha paciencia.

Hay muchos grados de psicoterapia. En un extremo de la escala tenemos el proceso de restablecer la confianza del paciente en sí mismo. En el otro aparece el prolongado y costoso tratamiento psicoanalítico. El tratamiento a emplear depende, como es lógico, del estado psicosomático que presente el enfermo.

Aun cuando mucho puede hacerse por el médico de la familia, los casos que estimen más allá de su especialización deberá ponerlos al cuidado de psiquiatras. La psicoterapia no sólo es costosa, sino que requiere bastante tiempo. Sin embargo, ha demostrado su eficiencia y, su costo material puede disminuirse en gran proporción si el tratamiento se inicia a tiempo y es bien dirigido. 

Numerosos enfermos van de un médico a otro tratando de encontrar lo que llamaríamos curaciones milagrosas por lo súbitas, sin darse cuenta de que poniéndose al cuidado de un facultativo que les inspire confianza, su mejoría y posterior curación serían más rápidas.

Luego de exponer los principios de las dolencias psicosomáticas podemos entrar en la discusión de varios estados que pueden tener orígenes de esta naturaleza.

Uno de los órganos del cuerpo que puede reaccionar violentamente a los conflictos emocionales es la piel. Cualquier cosa desde una simple picazón hasta el más severo acné o la más seria eczema pueden tener orígenes psicosomáticos. Por supuesto que cada uno de nosotros estamos familiarizados con el enrojecimiento súbito de la cara, que en el fondo es una expresión de miedo, culpabilidad o cólera. La hostilidad, la frustración, el deseo de venganza, el odio, la indignación etc., son emociones que se reflejan en la piel que es realmente el espejo donde la mente refleja sus 

reacciones.

El corazón es otro de los órganos que los desórdenes emocionales afectan grandemente. Todos conocemos la forma dramática en que el corazón reacciona ante el miedo; reacción que se manifiesta con el aceleramiento de las palpitaciones.

Los antiguos pensaban que el corazón era el mar de todas las emociones. Ahora bien, el miedo no es la única emoción que lo afecta, pues igualmente lo hacen las preocupaciones, las ansiedades, las angustias, el odio, etc. La alta presión de la sangre también puede tener orígenes emocionales.

Es bastante frecuente que el miedo y la preocupación con respecto al corazón en sí mismo, sean reflejos de condiciones anormales del propio corazón. Con frecuencia bromeamos acerca de las «úlceras del trabajo» diciendo que las padecen los dirigentes de grandes empresas. Pero en realidad se ha demostrado que el esfuerzo prolongado, la tensión, las preocupaciones y las grandes responsabilidades son las causas de las úlceras gástricas. Pero desde que la psicoterapia ha sido llamada a intervenir en estos casos, los resultados se han hecho sentir favorablemente.

Las funciones gastro-intestinales también son afectadas por la emoción. Todos sabemos que el miedo hace perder el control a los intestinos. La indigestión crónica, la diarrea, los gases, también pueden tener un origen emocional.

Desde hace algunos años la obesidad viene siendo considerada como un «estado» de origen psicosomático. Actualmente se considera que muchas personas obesas, principalmente mujeres, son víctimas de neurosis. En su mayoría estos individuos no se ajustan al ambiente y tienen una marcada tendencia a sentirse oprimidos. Comen porque el alimento viene a ser para ellos como la droga para los narcómanos, ya que les produce la satisfacción y la tranquilidad que angustiosamente anhelan. 

Generalmente también revelan su grado de inmadurez por la preferencia a los dulces y golosinas, como lo hacen los niños. Comen en proporciones fantásticas. En suma, el alimento es para ellos como la heroína para los adictos. Estos pacientes no mejoran con tratamientos a base de dietas restringidas, sino que necesitan psicoterapia intensa.

El asma, los dolores de cabeza, la sinusitis etc., también pueden considerarse, con las excepciones lógicas, entre las afecciones de origen puramente emocional. Realmente ningún órgano es inmune a los efectos de las emociones.

¿Qué podemos hacer para evitar que las emociones produzcan efectos de tanta trascendencia? Algunos psiquiatras opinan que lo mejor que puede hacerse en tal sentido consiste en «darle salida al vapor» de vez en cuando. En otras palabras, poner los puntos sobre las íes diciendo francamente lo que nos molesta, lo que nos desagrada, aunque al hacerlo tengamos que enfrascarnos en discusiones, aclaraciones y hasta disputas enojosas. 

Todos los médicos estiman que es potencialmente peligroso mantener nuestras emociones bajo un estricto y constante control. Si usted odia a alguien o le tiene miedo o se siente culpable de alguna acción y trata de ocultar estas emociones, acaba por hacer que estalle una válvula en cualquier parte de su organismo. 

Alguno de sus órganos reaccionará, en fin, causándole dificultades. En consecuencia, lo más saludable es aflojar el control y exponer el motivo de nuestras preocupaciones o nuestras contrariedades y disgustos.

Por supuesto que la mejor manera de prevenir tales «estados» consiste en la educación. El sistema preventivo debe comenzar en la infancia, haciéndole sentir a nuestros hijos que los queremos, de modo que se sientan seguros en el ambiente hogareño. Una reglamentación exagerada, una disciplina demasiado severa, una supervisión excesiva puede dar lugar a tensiones, hostilidades, ansiedades, frustraciones etc. 

Es preciso darles a los niños un buen margen con independencia y permitirles desarrollarse, crecer en un saludable ambiente de amor perfecto. El niño educado en tales condiciones se encontrará cuando llegue a la madurez en inmejorables condiciones para enfrentarse con los problemas de la vida y, en ningún momento se sentirá desambientado.

Tengamos pues presente en todo momento que la mente no puede 

disociarse del cuerpo, ni éste de aquella. Todos y cada uno de nosotros debe ser considerado como un organismo integral y tratado de acuerdo con esta realidad. Si algo hemos aprendido es que las enfermedades son expresiones de la personalidad total y que por lo tanto deben ser tratadas tomando en consideración la personalidad en conjunto.

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