LA VENA HUMANA DE MARK TWAIN

Written by Libre Online

28 de noviembre de 2023

Rafael Soto Paz (1949)

En la literatura norteamericana pocas plumas hay tan llenas de ingenio y buenas intenciones como la de Mark Twain. Su nombre de pila era Samuel Langhorne Clemens, nacido en Florida, Misuri, el 30 de noviembre de 1835 y falleció el 21 de abril de 1910.

Fue un hombre de vida versátil: impresor, piloto, minero, periodista, novelista. De la noche a la mañana ganó fama como humorista por su relato “The celebrated jumping frog of Calaveras Country” (Las ranas saltarinas del país de las calaveras), publicado en 1865. A este siguieron otros libros –cuentos, relatos, novelas–, que han hecho las delicias a generaciones de lectores y el nombre de Mark Twain popularísimo.

Hay un rasgo peculiar en la obra de este escritor: su ternura por los débiles y los oprimidos; su odio a la tiranía y la crueldad, su amor profundo a la democracia y su desprecio por los horrores mundanos y los artificios de la vida social. Nadie ha hecho reír con sus libros tanto como Mark Twain. Sus epigramas aforismos humorísticos son famosos.

Pero al final sufre una quiebra: sus escritos de los últimos días destilan amargo 

pesimismo; él que había trazado cuadros centellantes de gracia e ingenio y que supo burlarse con donaire de las miserias del mundo, fue presa en sus tiempos postreros de una honda melancolía.

Y es que en el fondo no era feliz, aunque tuvo una amorosa compañera. “No hay en la literatura norteamericana –afirma un crítico–, figura más conmovedora que Mark Twain; solitario y sin compañeros en medio de la bulliciosa muchedumbre de sus coterráneos y de discursos y banquetes tediosos, ignorante de lo que los demás preparaban para el porvenir, ocupado en sacar de sus propias entrañas el hilo para tejer una filosofía rebelde, sin saber ni preguntarse qué estaban elucubrando sus contemporáneos, convencido de que era un sujeto peligroso, se empeñó en guardar en su caja fuerte de hierro las bombas intelectuales que su cerebro fabricaba. El gran humorista suponía que, si los hombres fueran positivamente honrados y sinceros, si fueran verdaderos hombres y no crédulos mentecatos, pronto podrían limpiarse las sucias pesebreras y establecer la vida humanitaria y decente”.

El estilo de escritura de Mark Twain se caracterizó por el humor, la sátira y agudas observaciones de la naturaleza humana. A menudo usaba lenguaje y dialectos coloquiales, reflejando los patrones de habla de las personas que encontró en sus viajes a lo largo del río Mississippi. Sus obras no sólo son entretenidas, sino que también brindan comentarios sociales sobre temas de su época, como el racismo, la desigualdad y las complejidades morales de la sociedad.

Las contribuciones de Twain a la literatura estadounidense van más allá de sus novelas. Fue un prolífico ensayista, conferenciante y escritor de viajes. Algunas de sus otras obras notables incluyen “El príncipe y el mendigo”, “Un yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo” y “La vida en el Mississippi”. Su agudo ingenio y sus perspicaces observaciones lo han convertido en una figura querida en la historia literaria estadounidense.

El nombre de Mark Twain siempre será recordado con simpatía por su desempeño en 

hacerle agradable al ser humano su peregrinación por la tierra. En Europa tuvo muchos imitadores, pero jamás lograron igualarle. Entre sus obras mejores se mencionan: “Príncipe y Mendigo”, “Las aventuras de Tom Sawyer” y la titulada “Un yanqui en la corte del rey Arturo”, que Martí llegó a calificar tan extraordinaria como el Quijote.

El legado de Mark Twain continúa perdurando y sus obras todavía son ampliamente leídas y estudiadas. Su impacto en la literatura estadounidense y su influencia en las generaciones posteriores de escritores es significativo.

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