La Provincia de Matanzas  y su evolución (1919)

Written by Libre Online

29 de noviembre de 2022

El Arte Teatral y el Arte Musical en la provincia de Matanzas

Cultura Cubana. Adolfo Dollero

La Banda que había entonces en Matanzas era buena y había ganado laureles, también fuera de Cuba. Más tarde hubo otra banda también muy buena, (Reina María Cristina).

Pero los americanos no se dieron cuenta de ello seguramente, al mandar en representación de su arte musical cuatro pifres, platillos y tambor. ¡Qué contraste! Eso cuenta las crónicas de la época.

La sección lírica del Liceo contribuyó siempre a desarrollar el gusto por la música, con la parte que se dejó a este arte sublime en varios juegos florales.

El Mo. Español Manuel Fernández Caballero fue casi siempre el vencedor en estas lides artísticas, y muchas fueron las medallas o las flores de oro y de plata, ganadas por sus composiciones de música profana o sagrada, zarzuelas, coros, misas, sinfonías de gran orquesta, un Dies irae Dies illa  con coros, etc.

Juan Torroella, padre del actual violinista (1849-1898) escribió algunas obras sobre gramática musical, etcétera.

También Laureano Fuentes y Matons, buen compositor de Santiago de Cuba, tuvo sus triunfos en Matanzas.

El Liceo en diciembre de 1867 nombró socio de mérito al actor José Valero, llamado en las actas, el artista más eminente que haya pisado hasta hoy las tablas de nuestro teatro. Era español.

La sección de música del casino alemán de La Habana brindaba su concurso al Liceo de Matanzas, cuyo amor al arte ya era conocido fuera de los estrechos límites de la provincia.

Tan grande era que lo vemos a veces contratar a artistas que, sin ofrecer garantías de ninguna clase, se demostraban por demás exigentes en pretender anticipos para comprar trajes para comprar muebles o para liquidar deudas que le impedían embarcarse rumbo a Matanzas.

Estos últimos, preciso es decirlo, eran casi siempre artistas cómicos.

Los Desvernines, los Aristi, Espadero, Gottschalk,  Lico Jiménez, Díaz Albertini, Ignacio Cervantes y otros varios de iguales méritos que tocaron en Matanzas, estuvieron siempre a una altura moral en consonancia con su valer artístico.

En 1882 Pedro Pablo Diez escribió un Stabat Mater que El Liceo calificó de grandioso, cuyos coros eran formados por las mejores voces femeninas de Matanzas.

Ese mismo año,  en los juegos florales del 4 de noviembre, Torroella (padre),  estrenó con su banda su fantasía sobre la ópera Attila.

Y en 1885 se representó Marina en el mismo Liceo, cuando la directiva, espléndida como siempre, obsequió a la protagonista con un piano Pleyel.

En los años que siguieron, no hubo más acontecimientos artísticos notables que los registrados en la historia del Liceo.

En Matanzas, en la actualidad, los conciertos son escasos, y todavía no se ha formado ambiente artístico para la música de Cámara.

Sin embargo, en 1893, cuando tocó Díaz Albertini, el quinteto Piguatelli ofreció también un concierto que tuvo éxito.

Era la época en que brillaban en Matanzas varias distinguidas señoritas: María Luisa Chartrand, primer premio del Conservatorio Nacional de Música de La Habana, Cruz Cortadellas, Natalia de Armas, Nieves Medina, de la voz armoniosa, etc.

Del maestro Francisco Cortadellas, matancero también, y fallecido en 1905, es el Tratado de Teoría Musical, muy conocido en La Habana.

A fines de 1901 encontramos en Matanzas a la compañía de la famosa artista cubana Luisa Martínez Casado.

(Continuará la semana próxima)

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