La Provincia de Matanzas y su evolución (1919)

Written by Libre Online

13 de octubre de 2026

Cultura Cubana

Adolfo Dollero

Jovellanos

La instrucción pública no ofrece nada de muy particular en Jovellanos. Sin embargo, un amable inspector del Ramo me prometió datos muy interesantes, y deben serlo, y abundantísimos también, ya que desde hace ocho meses no tuvo aún tiempo suficiente para reunirlos. (Fragmento de la obra original de Adolfo Dollero).

¡Oh, las promesas y las buenas intenciones en la América Latina!

Muy pocas personas pueden imaginar a qué repetidas e infinitas gestiones precisa a veces dedicarse para obtener unos datos sencillísimos de estadística, y cuántas horas de espera, citas inútiles, cartas y tarjetas de recomendación, ¡como si se tratara de pedir un préstamo en efectivo!

Sin embargo, Cuba es un gran emporio de empleados civiles: un enjambre, un ejército… Unos, porque han combatido en la manigua; otros, porque han luchado —y han ganado— en las elecciones; otros, por ser compadres del concejal X, o por amistad con la familia del senador H, o por mil otros motivos, todos muy fundados y muy legítimos.

Pero regresemos a la instrucción pública en Jovellanos.

Encontré que ya había una Escuela Municipal en el año 1868 (para varones).

Visité una sola escuela pública de Jovellanos: la número 5, para niñas. Directora, la culta Srta. Emelina Mena, doctora en Pedagogía.

Mucha dirección hay en la escuela No. 5: mucha dirección, mucho orden y mucho método.

¡Qué satisfacción se experimenta al ver esos expedientes bimestrales —de tanto trabajo para los maestros—, limpios, presentados con esa coquetería propia de la mujer; esa colección de trabajos manuales, desde las carpetas para los informes y los datos estadísticos hasta los cestos tejidos admirablemente con fibras vegetales; los objetos de papel acordonado y las aplicaciones de figuras geométricas en cien graciosos trabajitos de diferente papel y de diferentes colores!

¿Y los trabajos de costura?

Las niñas forman álbumes de todas clases de piezas de ropa en miniatura, como para muñecas, con las que aprenden a zurcir, bordar, poner refuerzos, cortar patrones, etc.

¡Admirable!

En las cuatro aulas, las niñas matriculadas fluctúan entre 170 y 180 cada año, y normalmente la asistencia alcanza un 80 % de la matrícula. Cuando yo visité la escuela, la asistencia era menor, debido a las disposiciones acertadísimas dictadas por la Secretaría de Sanidad por los estragos que causaba la gripe.

Observé entre directora y maestras una absoluta armonía, la que contribuye a los magníficos resultados alcanzados en la Escuela No. 5.

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