LA OFERTA TURÍSTICA MEDIEVAL

10 de agosto de 2022

 EN NORMANDÍA

Las vacaciones continúan. Sazonadas con calor y sequía en todas partes. Entre Francia, Italia y Suiza los hielos eternos aparentemente no lo serán más dentro de poco tiempo. A Francia están llegando más y más turistas, se ven por todas partes y no solo en la capital. Para aquellos de nuestros lectores que vienen a Francia directamente o si como cruceristas tienen escala en Le Havre, ciudad portuaria que está situada junto a la desembocadura del río Sena, el nombre Normandía será asociado prioritariamente a las playas del Desembarco de junio de 1944, al Monte Saint Michel y a la casa-museo del pintor impresionista Claude Monet en Giverny.  Sin embargo la región no se limita a esos tres polos y es por ello que en esta crónica me referiré a otras atracciones que existen gracias a los restos de lo que fue la Normandía Medieval que con su historia y su patrimonio merece ser recorrida.

La Edad Media, extenso período frecuentemente tenido a menos y mal estudiado, ha legado a la posteridad en esta parte de Francia catedrales majestuosas, fortalezas espectaculares y abadías cuyas  puertas están abiertas al público.  Es el caso de los espectaculares vestigios existentes en el pequeño pueblo de Jumièges que se sitúa a medio camino entre Le Havre y Ruán. Conocidos secularmente y celebrados a mediados del Siglo XIX por Víctor Hugo, lo que hoy es posible admirar son los restos de un monasterio y lo que fue su abadía. El conjunto fue construído hace casi quince milenios. No fue solo Hugo quien los aludió, y muchos fueron los escritores y artistas de la época romántica que pasando por los caminos normandos dejaron plasmada su imagen. Junto al Támesis, en el Tate de Londres recordamos haber visto una de las más bellas acuarelas de William Turner que la representa. Está colgada en una de sus salas desde la inauguración del museo.

Cuando se va a Jumièges hoy en día la visión es menos tormentosa que la representada por el paisajista británico: están, blanquísimas gracias a la piedra caliza abundante por allí, las dos torres casi jimaguas pero no idénticas irguiéndose hacia el cielo y  enmarcadas por un paisaje extraordinario de verde campo y de  pequeñas colinas. Es un conjunto que provoca un efecto imborrable haciendo que el visitante se sienta muy pequeño ante tal grandeza. El conjunto monumental ha sido restaurado donde fue necesario y factible. Además, gracias a una inversión de la región Seine-Maritime y la participación filantrópica de capital privado se convocó a especialistas que con las nuevas tecnologías han conseguido resultados espectaculares. Donde el vandalismo o el tiempo destruyeron lo original. Han sido creadas reconstituciones digitales en tercera dimensión que permiten  comprender como fue aquello cuando lo poseían los benedictinos antes de la Revolución Francesa de 1789, etapa que desgraciadamente se saldó con saqueos y depredaciones irreversibles.

Este verano, durante 6 meses que concluirán a fines del presente año, el Departanto propone en el lugar parte de una programación cultural que repartida en el departamento está consagrada al Líbano. Hay una exposición, “A roof for silence” de la arquitecta Hala Wardé, itinerante porque fue propuesta hace un año en la Bienal de Arquitectura Venecia 2021.  En el edificio adyacente está otra,  una exposición compuesta de fotografías hechas por cinco artistas jóvenes que viven entre Beirut y Europa. La idea de ambas muestras es proponer los logros de profesionales y de artistas que en su país de origen no pueden obrar con motivo de las condiciones políticas y económicas reinantes. Ningún lugar más adecuado para convertirse en el epicentro del empeño que Jumièges, lugar que desde hace 15 años acoge la creación fotográfica y arquitectural.

Este sitio y las dos presentaciones que está ofertando confirma el hecho de que Normandía ha jugado en la Historia un papel preponderante.  En la constitución del reinado primero, de la nación francesa a continuación. Aquí están acrisoladas las herencias vikingas que se confundieron y fundieron a través de siglos con influencias venidas desde Escocia en el Norte con las del Mediterráneo del Sur, sumado a lo aportado por los hebreos y las civilizaciones del Oriente europeo. En esta encrucijada de pueblos y de religiones el cristianismo se enraízó no habiendo mejor prueba de ese crisol que estos monasterios testigos mudos ante la posteridad.  Por aquí anduvieron lo mismo Guillermo el Conquistador, que Ricardo Corazón de León o Juana de Arco y como la zona está próxima al mar que separa el continente de las islas británicas la imaginación hace pensar en todos los aventureros y los militares que se jugaron la vida en los caminos circundantes.

A pesar de las destrucciones que ha sufrido a través de los siglos, en particular cuando la Segunda Mundial, quienes venimos a la zona estamos en presencia de pueblos y paisajes que resultan no ya agradables sino fascinantes. No es una casualidad que los numerosos museos que acá existen cuenten en sus colecciones con objetos únicos que a su manera nos hablan del paso de civilizaciones, desde el  romano al gótico hasta que el cristianismo consiguió extender su impronta de manera irreversible,  pese al hostigamiento musulmán que ahora está de vuelta con otra faz, siempre conquistador y amenazante.

Entre los muchos legados accesibles en esta Normandía acogedora y munumental, Jumièges figura pues entre los hitos más dignos de ser visitados entre la costa francesa del Canal de la Mancha y París.

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