LA MUERTE DE MARTÍ SEGÚN LA PRENSA NORTEAMERICANA DE AQUELLA ÉPOCA

Written by Libre Online

14 de mayo de 2024

Mucho se ha dicho y no poco se ha escrito alrededor de la muerte de Martí, sin que haya sido aún posible reconstruir una versión verdaderamente exacta de los ocurrido, el día 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos.

Para los que saben aquilatar el supremo sacrificio del Maestro que, llegada “Su hora”, se lanzó en un corcel blanco sobre las filas enemigas para caer “de cara al sol”, cada nuevo dato es un motivo de innegable interés para seguir investigando con mayor ahínco hasta lograr la revelación total de aquella hermosa muerte, sin duda en gran parte envuelta en el misterio.

En mi libro “Martí, periodista” anuncié que dejaba para más adelante esta obra, en la cual habría de presentar un estudio detallado de la muerte de Martí en Dos Ríos, y con ese fin son muchos los documentos encontrados y examinados por mí que habrán de dar nueva luz sobre aquel tan trágico como trascendental encuentro.

Al cumplirse ahora un nuevo aniversario del supremo sacrificio del Apóstol, quiero reproducir como un homenaje a su memoria y un aporte a nuestra historia patria, varias traducciones de despachos publicados por la prensa norteamericana a raíz del doloroso suceso. 

Comenzaré por la edición nocturna de mayo 22 de 1895 del 

periódico New York World, que ampliando un breve despacho del día 21, publicó:

¿Ha sido muerto Martí?

Habana, Cuba, mayo 22.- Es difícil creer que José Martí fue muerto en la batalla de ayer, puesto que los últimos informes indican que había dejado a Gómez, pero el parte del general Salcedo es explícito en cuanto a este particular. También se reportó que Gómez estaba más cerca de Puerto Príncipe que del lugar mencionado como el sitio donde se efectuó la batalla.

Sin embargo, si los partes desde Santiago son ciertos, los rebeldes han tenido fuertes bajas. El general Salcedo es un hombre de alta reputación y no debe dudarse que tergiverse los hechos. Le telegrafió al gobernador general Campos los partes que le envió el coronel Sandoval. Sandoval es un oficial enérgico conocido como hombre de combate.

El “New York World” entonces transcribe el parte oficial de Salcedo, dándole cuenta a campos del encuentro en Dos Ríos y de la muerte de Martí.

Horas después, otra edición del mismo periódico publicaba: “¿Existen dos Martís?”, añadiendo luego:

“Los partidarios de los cubanos en La Habana creen cierta la noticia de que José ha muerto.” 

Los líderes en Nueva York ridiculizan la noticia.

“Habana, Cuba, mayo 22. -El parte de que José Martí fue muerto en la batalla cerca de Boca de Dos Ríos, se acepta como cierta por los partidarios de los cubanos aquí. 

Yo todavía sigo pensando que el general Gómez no tomó parte en el combate, aunque se dice que fue grave, sino mortalmente herido.

Tengo noticias bastante fidedignas que Gómez y Martí se separaron antes del encuentro de Dos Ríos. Martí, que estaba con Masó, debía abandonar la isla.

Gómez, según sus últimos informes, debió estar más cerca de la provincia de Camagüey que del lugar donde se verificó la batalla.

Entre los papeles ocupados en el campamento insurrecto en Boca de Dos Ríos, había numerosos documentos dirigidos a Martí por cubanos conocidos viviendo en distintas partes de la isla. Estos documentos demuestran que sus autores simpatizan con la revolución. Debido a ello, se esperan importantes detenciones.”

El New York World, después de reproducir un cable desde Madrid dando la noticia de la muerte de Martí, agrega otro fechado en La Habana informando:

“Hay gran regocijo en los círculos oficiales por la derrota insurrecta en el este de Cuba y por la muerte de José Martí. El general Salcedo es objeto de grandes elogios.

Como ya cablegrafiado, el general Salcedo envió al coronel Sandoval con tropas para atacar a los insurrectos, calculados en unos setecientos hombres bajo el mando de José Martí y Máximo Gómez y Masó y Borrero, quienes intentaban cruzar el río Cauto e invadir a Puerto Príncipe. Los insurrectos fueron encontrados acampados entre Bijas y Boca de Dos Ríos, en la derecha del río Contramaestre.

Entre los cadáveres, se dice, está el de José Martí. Se declara que su cuerpo ha sido identificado sin lugar a dudas.

Los rebeldes tuvieron 20 muertos y muchos heridos. Los españoles tuvieron 5 muertos y 7 heridos. Los españoles capturaron, además de armas, parque y caballos, documentos, comprometiendo un número de personas de Santiago, Holguín y La Habana. Se esperan importantes detenciones. Algunos prisioneros dicen que Máximo Gómez y Estrada o fueron muertos o heridos, sus cadáveres no han sido hallados.

Eliminados, Martí y Gómez, los españoles esperan acabar prontamente con los insurrectos. Ha sido enviado a un médico desde Santiago para embalsamar el cadáver de Martí. Será llevado a Santiago para que la gente pueda verlo y no existan dudas de que fue muerto.”

 A renglón seguido, el periódico citado publica una entrevista con Gonzalo de Quesada, quien al igual que los demás cubanos en Nueva York dudaban de la certeza de la noticia. Entre otras cosas, que está seguro de que el lugar donde se decía había sido muerto Martí no parecía verosímil, puesto que, en sus últimas cartas dirigidas a la Junta, Martí delineaba otros planos y otra dirección a tomar en Oriente.

Publica entonces el New York World, otro despacho fechado mayo 21 de su corresponsal en La Habana, William Shaw Bowen, pero enviado desde Cayo Hueso para eludir la redoblada censura española, en la cual éste dice.

“Traté de entrevistarme con la madre de Martí, es muy vieja, tiene más de 80 años y está tan delicada de salud que le fue imposible dominar su excitación al hablar de la noticia de la muerte de su hijo.”

El New York Times, en su edición del mismo día, traía un despacho desde Cayo Hueso diciendo:

Key West, mayo 22.- Pasajeros llegados esta noche desde La Habana en el vapor “Mascotte” confirman la noticia de la muerte de Martí. Dicen que la batalla tuvo lugar el día 20 entre Bija y Dos Ríos había 700 insurrectos mandados por Gómez, Martí, Masó y Borrero.

Fueron derrotados en un fuerte combate de hora y media por el coronel Sandoval, muriendo Martí, cuyo cadáver ha sido identificado. Los insurrectos hicieron un valeroso esfuerzo por rescatar el cadáver, pero fueron rechazados por las tropas españolas.

Toda la correspondencia privada de Martí fue ocupada en sus ropas. Además de Martí, se dice que fueron muertos otros jefes cuyos nombres se ignoran. Se rumora que Gómez fue hecho prisionero, pero la noticia carece de confirmación.

Según los últimos informes, Gómez iba en dirección de Melones y Rompe. Los insurrectos perdieron 14 hombres y tuvieron muchos heridos, los españoles 5 muertos y 7 heridos.

Según la lucha de mayo 21, ni Gómez ni Martí se hallan en la isla. El periódico publica entonces un despacho fechado en Washington por el Ministro de España Dupuy de Lome confirmando oficialmente la muerte de Martí y una información de Tampa en la cual Fernando Figueredo y Ramón Rivero expresaban sus dudas acerca de la veracidad de la noticia.

Figueredo decía: “En el primer lugar no es probable que Martí combatiese, ya que su puesto ante el país es el de un diplomático y no el de un general. En segundo lugar, los cubanos aprecian demasiado alto el valor de sus servicios para permitirle exponerse al enemigo en esa forma. En tercer lugar, los partes españoles daban a Masó y a Gómez por muertos y, sin embargo, están vivos. No obstante, la muerte de Martí no es imposible, pero sí es improbable.”

En sentido parecido se expresaba Rivero.

Los periódicos norteamericanos de los días subsiguientes confirmaron la noticia de la muerte de Martí, llegando el “Herald” del 23 a sostener que también iba en aumento la creencia de que Gómez había perecido en el mismo encuentro. Despachos de Tampa del 26 expresaban, sin embargo, la esperanza de los emigrados de que Martí estuviera aún vivo. Y de que pronto habría de volver a estar entre ellos.

La prensa asociada (Associated Press) en cable del día 22 afirmaba que un norteamericano, Woodbury o Woodward corresponsal del New York Evening Journal, había muerto también en Dos Ríos. 

Igual noticia daba el United Press en un despacho que decía también:

“El Gobierno afirma tener pruebas completas de la muerte de Martí, pero los cubanos sostienen que el cadáver debe ser visto por otras personas que no sean oficiales españoles antes de establecer su identidad. La anciana madre de Martí, que vive aquí, y su sobrino le han pedido al Gobierno trasladan los restos a esta para su enterramiento final. El hallazgo del reloj y correspondencia privada y una nueva identificación del cadáver cuando fue exhumado en Remanganaguas se considera por el coronel Sandoval como una prueba completa de la muerte de Martí, y es dudoso que el gobierno haga más investigaciones.

El New York Herald publicó un cable fechado mayo 25 en Santiago de Cuba como sigue:

“La noticia de la muerte de José Martí, jefe de los insurrectos cubanos, ha sido confirmada aquí por los oficiales españoles. El coronel Sandoval le trajo al capitán general Campos el reloj y los documentos privados hallados sobre el cadáver de Martí antes de su enterramiento en Remanganaguas.

En una entrevista, el coronel Sandoval dijo que las pruebas de la muerte de Martí eran concluyentes. Añadió que la batalla de Dos Ríos, en la cual pereció el jefe cubano, fue terrible. El coronel dice que Martí dirigió personalmente la primera carga al machete y sostiene que el caballo de Gómez fue muerto y que el general fue herido en la última carga española.

Se hizo un esfuerzo por capturar a Gómez, pero Borrero, su ayudante lo rescató rompiendo la línea de bayonetas españolas y llevándoselo en medio de la lluvia de balas.

Los cubanos tuvieron catorce bajas, incluyendo un americano llamado, Woodbury quien se supone fuese corresponsal de un periódico de Nueva York y cien heridos. Los españoles tuvieron 5 muertos y 7 heridos. Capturaron 32 caballos y una cantidad pequeña de parque.”

Otro despacho del mismo periódico, fechado el día 27 en Santiago, informaba:

“El cadáver de José Martí, que fue desenterrado y embalsamado por orden del general Campos, fue traído aquí esta noche desde Remanganaguas en el tren de San Luis. Cientos de personas llenaron la estación de ferrocarril para ver el féretro.”

Abajo de este cable se publicó otro mandado desde La Habana:

“Partes recibidos aquí desde Santiago de Cuba informan que el cadáver de Martí llegó desde Remanganagua y fue enterrado a las ocho de la mañana.

Durante el trayecto desde Remanganaguas, las tropas custodiando el cadáver fueron atacadas cuatro veces por insurrectos al mando del general Rabí. Nueve rebeldes fueron muertos y el teniente Latorre, de las tropas españolas fue herido.”

Otro cable publicado ese mismo día por el Herald desde Nassau, decía:

Despachos recibidos hoy de uno de los corresponsales del “Herald” en Cuba, fechados mayo 25, dicen que el cadáver fue identificado por varias personas que dijeron conocerle, y enterrado ahí el 22 de mayo. Un reloj con las iniciales “J. E. M.”, varias cartas particulares, una de la señora Mantilla, New Jersey y un sobre dirigido a José Martí, Montecristi, Haití, fueron hallados sobre el cadáver. Estos fueron enviados por el coronel Sandoval a Campos en Santiago.

La batalla en que fue muerto Martí tuvo lugar el 19 de mayo cerca de Bijas.

Los cubanos estaban divididos en dos grupos: uno al mando de Gómez y el otro de Maceo. Se esperaba que dejaran a San Luis para Bayamo. Enterado de esto, el coronel Sandoval, con ochocientos hombres de la segunda, quinta y novena infantería peninsular española y 15 jinetes, los persiguió y encontró 700 de la caballería bajo el mando de Gómez. Al mediodía, en la primera carga, los cubanos avanzaron sobre la vanguardia española, matando un sargento e hiriendo o capturando un pelotón entero. Sandoval dirigió personalmente la carga a la bayoneta y los españoles se mantuvieron heroicamente firmes contra la carga de la caballería cubana, luchando hombro a hombro. Se dice que Martí dirigió la carga, cayendo en la tercera, ya casi dentro de las líneas españolas, atravesado por siete balazos.

Gómez avanzó y los cubanos hicieron once esfuerzos inútiles por romper las líneas españolas y rescatar el cadáver de Martí.

En la última Carta, Gómez fue herido. Siendo muerto el caballo que montaba, los españoles avanzaron para capturarlo, pero fueron valientemente repelidos por los macheteros cubanos y el general Borrero se llevó a su jefe a lugar seguro. Los españoles, temiendo un ataque de Masó que no había llegado, marcharon hacia Remanganaguas llevando sus heridos y el cadáver de Martí.”

De menos fantástico e inexacto puede reputarse otro cable del “Herald” de mayo 28, fechado en Santiago de Cuba y que contiene la siguiente reseña:

“En relación con la batalla donde el general Martí perdió la vida, se sabe ahora que el General Gómez acampó en Vuelta Grande la noche de mayo 18. El general Masó había sido enviado dos días antes con el grueso de las fuerzas para interceptar un convoy español entre San Luis y Venta Casanova.

Martí como mayor general, mandaba la avanzada de Gómez en Linija y fue sorprendido por la columna española del coronel Sandoval en las primeras horas de la tarde de mayo 19. Hubo un nutrido tiroteo, Sandoval, al frente de sus hombres, perdió su caballo.

El triunfo de los españoles fue asegurado por la llegada de refuerzos desde Remanganaguas al mando del capitán Iglesias. El fuego continuo de rifle de la infantería española desmoralizó a los cubanos. Martí formó un grupo de caballería y, poniéndose a la cabeza, hizo una carga desesperada al machete, luchando frente a frente contra las bayonetas españolas.

Al repetir el esfuerzo por romper un punto débil de las líneas españolas, la cabeza de Martí fue atravesada de balazos, cayendo él en manos enemigas quince pies más allá de sus hombres.

Entonces llegó el General Gómez reuniendo sus soldados y haciendo varios esfuerzos inútiles por rescatar el cadáver de Martí, hasta que su caballo fue ligeramente herido y fue llevado del campo de batalla por el coronel Borrero.

Los cubanos, prácticamente sin jefe, se repartieron desordenadamente en dirección de Dos Ríos, mientras los españoles llenaban el aire con gritos de ¡Viva España!

Los partidarios de los revolucionarios están haciendo grandes esfuerzos por desvirtuar la noticia de la muerte de Martí. El general Antonio Maceo culpa a Masó de la sorpresa que resultó en la muerte de Martí.”

Los días 29, 30 y 31 se publicaron nuevamente noticias contradictorias, llegando a declarar el patriota J.N. Polhamus en New Orleans el día 2 de junio que tenía muchas razones por las cuales creer que Martí estaba aún vivo, declarando entre otras cosas que no se había hecho mención para nada de un anillo que Martí siempre usaba y que era un regalo de su madre.

Para otros, las iniciales (seguramente mal copiadas) J. E. M. del reloj eran las de José Eugenio Masó, aumentando las esperanzas de que Martí estuviese aún vivo al recibirse un cable desde Santo Domingo de Panchito Gómez, diciendo que pasajeros llegados de Santiago mantenían que Martí no había muerto.

Otro dato que esperanzaba a los cubanos y que les hacía dudar la muerte de Martí era que en la autopsia se daban los ojos del cadáver como azules. Véase “Los ojos de Martí” por Gonzalo de Quesada y Miranda, enero 28, 1934)

Al confirmarse la inexactitud de la noticia de la muerte de Gómez se creyó aún más firmemente que el parte español relacionado con la muerte de Martí era también una farsa, llegando un periódico de Cayo Hueso a preguntar si Martí no estaría ascendido y a punto de regresar en cualquier momento de incógnito a los Estados Unidos para continuar agregando fondos y mandando expediciones a Cuba.

Pero poco a poco, la triste realidad se fue abriendo inexorablemente paso; la Junta Revolucionaria no tardó en saber la tremenda verdad y el día 17 de junio la noticia fue oficialmente dada por la delegación cubana en “Patria”, el órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano.

Como dato curioso, reproducimos como final de este modesto pero sincero homenaje a la memoria de ese gran cubano cuyas prédicas todos deberíamos seguir más fielmente y nunca traicionar, el siguiente despacho del corresponsal del “Herald” enviado vía Nassau el día 11 de junio:

“Logré llegar otra vez al campamento de Gómez y entrevistarlo. Lo encontré rodeado de su Estado Mayor y unos mil quinientos o dos mil hombres. Parecía triste y gastado por las preocupaciones. Al mencionarle el nombre de Martí, las lágrimas le saltaron a los ojos. Me dijo:

Si Martí se hubiese quedado conmigo, quizás todavía estaría vivo hoy, pero los intereses de la revolución requerían su presencia fuera de aquí. Había comenzado apenas el viaje hacia la costa para embarcar hacia Jamaica, cuando cayó en una emboscada y fue traicioneramente matado, prácticamente masacrado con casi su entero Estado Mayor por las tropas del coronel Sandoval, que eran seis a uno. Fue un mártir de la causa como Crombet, pero eran bravos muchachos, nobles héroes, y si yo vivo he de vengar la muerte de ambos cuando triunfemos.

Ninguno de los dos murió en vano, y aunque Maceo, Masó, Guerra, yo mismo y otros igualmente valerosos caigan, nuestra causa por la libertad no carecerá de su Bolívar, su Washington, su San Martín. El porvenir es demasiado hermoso para que no sea así.

Ya hay dos mil hombres sobre las armas en Puerto Príncipe y Sancti Spíritus y Santa Clara. están respondiendo noblemente. Antes de dos años entraremos triunfalmente en La Habana y la República será un hecho consumado y el pueblo de Cuba, agradecido a Martí por haber dado su vida y su obra a la causa de la libertad, levantará un monumento a su memoria y al ser desvelado, Martí, mirando en espíritu desde las alturas celestiales, se unirá el grito de los supervivientes de la lucha de ¡Viva Cuba Libre!”.

Poco después de partir Martí, oí un fuerte tiroteo en dirección suya. Solo llevaba una fuerza pequeña. Esperaba encontrarse con Bandera y Rodríguez. Al primer ruido del encuentro, Borrero salió para el lugar. Yo levanté el campamento y avancé de retaguardia, pero demasiado tarde. Martí ya había sido muerto y toda la columna avanzada había sido barrida. Martí yacía entre cuerpos humanos y caballos moribundos en un estrecho barranco, la emboscada estaba tan bien escogida que era imposible para nosotros hacer un ataque concentrado. Estábamos rodeados. Yo recibí heridas ligeras, pero las suficientes para sentir vértigos. Borrero me salvó y finalmente rompimos las líneas españolas y nos retiramos, dejando el cadáver de Martí sobre el campo de batalla.

Cruzando nuevamente el río, descansamos y enterramos a uno de mis ayudantes, lo cual dio lugar al rumor de mi muerte. Conseguimos medicinas y reanudamos nuestra marcha.

Tales son, en resumen, algunos de los muchos despachos sobre la muerte de Martí en la prensa norteamericana de aquella época; las contradicciones y las invenciones a veces son evidentes, pero no por eso dejan de contener material aprovechable para los que se encuentran estudiando la vida y muerte del mártir de Dos Ríos, de aquel hombre que arrancó del viejo Dana lágrimas, al saber el supremo sacrificio de su genial colaborador del “Sun”, dedicándole estas sentidas frases en su gran diario:

“Su corazón era tan apasionado como lleno de fuego; sus opiniones eran ardientes y llenas de aspiraciones y murió como hombres de su temple pudieran desear morir: batallando por la libertad y la independencia…”

De tales héroes no hay muchos en el mundo y su sepultura de guerrero prueba plenamente que, en época como esta, material y positivista, hay espíritus que lo hacen sacrificar todo por sus principios, sin recibir nada por ellos…

¡Honor a la memoria de José Martí y paz, a su alma viril y generosa!

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