LA IZQUIERDA VENEZOLANA SE DIVIDE EN LUCHA INTERNA

Written by Adalberto Sardiñas

16 de junio de 2026

El movimiento izquierdista que fundó Hugo Chávez, y que, al final, trajo al poder por circunstancias políticas a Delcy Rodríguez, empieza a resquebrajarse en lucha interna. Las grietas, ya demasiado ostensibles para ser ignoradas, se amplían rápidamente para mermar, en la mente colectiva, el legado de Chávez. 

La izquierda venezolana está en guerra contra ella misma. Sus miembros se atacan entre sí, mientras que un número dentro del grupo, por conveniencias personales, apoya a Delcy, otros la emprenden contra su antigua compañera chavista, tan socialista entonces como ellos, pero que ahora, en un cambio político teutónico, actúa en obediente sintonía con Washington.

Así van las cosas en Venezuela, pero, a pesar de todo, permanece en el país un estado de relativa estabilidad, que es, al final de cuentas, lo que interesa a Estados Unidos -aparte del petróleo- en esta primera fase del plan, para llegar, ultimadamente, al objetivo de la democracia a través de unas elecciones generales. 

Han pasado cinco meses desde la extracción de Maduro del poder y las fricciones dentro del movimiento socialista ya se hacen palpables. Se sienten. Figuras dentro del chavismo están, abiertamente, criticando a Delcy -su antigua compinche dentro de la tiranía- por aliarse y acomodar a Washington en su plan de estabilización.

Ex ministros, intelectuales socialistas, y algunos dirigentes sindicales, todos agrupados bajo el chavismo, y más tarde, bajo el madurismo, han levantado su voz para acusar a la presidenta interina, de entregar la soberanía de Venezuela, abriendo la economía a intereses extranjeros -Estados Unidos- mientras desplaza a elementos leales dentro del movimiento quienes han trabajado por largos años en oposición a la influencia americana en la nación. 

Pero se hace oportuno agregar aquí, que todos estos elementos-socialistas y comunistas- han trabajado, arduamente, por más de veinte años, como marionetas del gobierno comunista de Cuba y como cómplices de las dos dictaduras pasadas, la de Chávez y la de Maduro, cuyos líderes, a su vez, no pasaron de ser genuflexos títeres manejados por los hermanos Castro.

Las públicas disensiones que se han venido produciendo, exponen, de forma innegable, la amplia escisión que ya se observa en las filas chavistas que sólo apuntan a profundizarse con el paso del tiempo. Mientras una facción del chavismo que continúa en el poder, a la sombra de Delcy, como Vladimir Padrino, Diosdado Cabello, y muchos otros, disfruta de los beneficios de mando, otra facción integrada por viejos veteranos, antiamericanos, luchan por reconciliar sus raíces antiimperialistas con un gobierno – el de Delcy- que depende enteramente de los dictados de Washington. 

Entre los que más desapaciblemente arremeten contra su otrora compañera de filas en el chavi-madurismo se encuentran Mario Silva, miembro del Partido Unido Socialista y Elías Jaua, quien fuera vicepresidente en el gobierno de Hugo Chávez. Ambos acusan a la presidenta de implantar cambios económicos, y adoptar decisiones sin consultar la base tradicional del Movimiento. Al parecer, estas dos soñolientas figuras, no se han enterado de que en enero 3 cambiaron las reglas del juego en su país. Que ya su Movimiento es irrelevante y que un nuevo Orden Geopolítico hemisférico está en vigor desde principios del presente año.

Este vaivén de criticismo, que se manifiesta en creciente vapor, refleja una evidente crisis de identidad dentro de un movimiento construido por Hugo Chávez como un bloque de resistencia contra Estados Unidos, y que, en el momento actual, como consecuencia de la remoción de Maduro, de manera dramática, lo sume en un estado de confusión, golpeado por divisiones partidistas internas.

Mientras Delcy Rodríguez, en defensa contra las críticas y acusaciones de sus propios ex compañeros de viaje mantiene que está trabajando en cooperación con Estados Unidos para revertir los daños ocasionados al país por años de mal manejo, sus ex colegas en la lucha anti-imperialista la acosan con veladas inferencias de colusión con los americanos para producir la captura de Nicolás Maduro. Nadie mejor que Delcy sabía -dicen- donde se encontraba oculto el presidente la madrugada de su aprehensión.

Sin embargo, a pesar de las tantas críticas, insultos y vituperios por los grupos más estridentes de la izquierda venezolana -ahora marginados- Delcy Rodríguez, sorprendentemente, y en desaprobación de la población, pero con la coalescencia de Washington, ha mantenido en importantes puestos de mando a muchos del círculo cercano a Maduro, incluyendo a Diosdado Cabello, ministro del Interior, sancionado por Estados Unidos por narcotraficante y otros delitos. ¿Cómo se explica esta absurda contradicción? En nombre de la estabilidad, según Delcy y la administración de Donald Trump. 

Lo cierto es que Venezuela vive en estado de inquieta tensión. La izquierda dividida: moderados contra extremistas. El grueso de la población descontento con un gobierno de facto que refleja la pasada dictadura, con la diferencia de un Maduro ausente. 

Por lo demás, y con ligerísimas excepciones, para el venezolano de a pie, todo sigue igual… o casi igual. Y, precisamente, por este estado de cosas, el último conteo de opinión efectuado por AtlasIntel/Bloomberg el pasado mes de mayo muestra un nivel de aprobación de un 25% en la actuación de Delcy Rodríguez, contra un 60% de desaprobación.

Para los veteranos del movimiento socialista las quejas son, ambas, entendibles. Son, también a la vez, ideológicas y personales. Han dedicado décadas defendiendo un proyecto que prometía un muro de contención contra la influencia americana en su país, para confrontar, de repente, y con dolor, la presente realidad de que Estados Unidos está dictando no sólo el futuro de la nación venezolana, sino que está desmantelando el legado de Hugo Chávez.

Sin embargo, las lágrimas de cocodrilo que derrama ahora la banda socialista venezolana, están demás. Ellos comprometieron sus propios principios cuando se incorporaron de lleno en la inescrupulosa y corrupta tiranía de Chávez y siguieron apoyando la continuación oprobiosa de Maduro contra el pueblo venezolano hasta el final de sus días.

Sí, es cierto, Estados Unidos dicta hoy la política de Venezuela, como ayer, con la total complicidad y apoyo del movimiento socialista, lo hizo por muchos años la dictadura comunista cubana.

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