LA INFLACIÓN, Y NO EL ABORTO, DECIDIRÁ EN NOVIEMBRE

Written by Adalberto Sardiñas

13 de julio de 2022

Sobre las elecciones de medio término, señaladas para el 8 de noviembre, gravitan dos temas, de no ligero peso, en los cuales el Partido Demócrata cifra sus esperanzas para mantener la mayoría en la Cámara, y ganarla en el Senado, ahora divido en partes iguales. Los dos temas, el aborto y el control de armas, importantes de por sí, no ocupan, en las prioridades del electorado, el primer lugar en el capítulo de sus preocupaciones. Los supera, por margen considerable, la inflación, seguida de la alta tasa criminal predominante en la nación.

Los demócratas, huérfanos de una agenda atractiva para los comicios próximos, se han visto favorecidos por la decisión de la Corte Suprema de derogar Roe vs Wade, y la excesiva proliferación de masacres que ha elevado, en la conciencia nacional, el reclamo por la prohibición, muy justificada, de ciertos tipos de armas.

Estos son, incuestionablemente, asuntos de trascendencia, pero, en los días actuales, no serán, por su propio peso, suficientes para imponerse en las elecciones que se aproximan. Los demócratas, obviamente, no lo ven así. La mayoría se siente optimista. ¿No está el 60% en favor del aborto? Pero la emoción le nubla la visión de la realidad. Es posible que la aparición de estos dos asuntos afecte, ligeramente, el resultado de noviembre, y que la derrota electoral que se prevé no sea tan devastadora. Mas, por ahora, todo indica que los republicanos recuperarán la Cámara Baja, y posiblemente el Senado, por cómodo margen.

La decisión de Roe vs Wade, indudablemente trabajará en favor de los demócratas, sobre todo en los estados que favorecen el aborto, y es por eso que, al final, posiblemente, se produzca un leve beneficio en el bando de éstos, de carácter marginal.

Por otra parte, existen factores positivos, emergentes desde principios del presente año, en el lado republicano. Los republicanos en las últimas encuestas, antes, y después del fallo de la Corte Suprema, mantienen una sólida ventaja en términos de entusiasmo, y el desplome en los números de aprobación de la política del presidente son factores sobresalientes en unas elecciones que tendrán lugar en poco más de tres meses. A esta proximidad de esos comicios, el 64% de la población, incluyendo una mayoría de votantes independientes, y una gran porción de demócratas, culpan al presidente Biden por la persistente inflación que aflige al país. Así las cosas, no es difícil deducir, que, a la luz de la aritmética política, a Biden, y a su partido, no le alcance el tiempo para corregir los errores antes de noviembre 8.

Una de las dificultades que los demócratas confrontan con el tema del aborto es su ambigüedad. Su mensaje en cuanto al tópico ha carecido siempre de cohesión. No han podido concretar, aparte de su posición “pro choice”, cómo, cuándo, y bajo qué circunstancias el aborto debería ser legal.

En un enfoque debatible, se puede argüir que los giros del imponderable, en este caso el fallo de la Corte Suprema, les ha revitalizado un tema semi dormido, mas la oportunidad parece escapárseles por la ausencia de una estrategia efectiva para capitalizarla. No obstante la amplia aprobación pública sobre el aborto, la realidad es que, aún existe, dentro de esa mayoría, una falta de conocimiento sobre el tema. Inclusive, muchos, dentro del 60% que apoya el aborto, estiman que, en algunos casos, el procedimiento debería ser ilegal.

Como se puede ver, en el asunto, delicado en extremo por la fuerza de las emociones, hay espacio para el debate abierto y amplio.

El tema no luce, ni promete, ser la clave que esperaban los demócratas para cambiar su evidente precaria situación en los cortos meses restantes para el evento electoral que promete la recomposición, en número y proyección política, del Congreso a partir de noviembre.

No deja de sorprender cómo los demócratas insisten en políticas y estrategias que tienden a dañar sus propios intereses.

Ante el efluvio inicial por haber encontrado un tema prometedor para la campaña en la decisión de la Corte, el presidente Biden comenzó a agitar el cotarro, pidiéndole al Congreso terminar el filibuster para codificar Roe como ley. Él sabía, o debería haber sabido, o alguno de sus asesores debió haberle aleccionado, que esa era una mala idea, un disparate sin el menor chance de éxito. ¿Dónde estaban los votos? ¿En qué mundo ilusorio está viviendo el presidente? Es necesario que alguien, en su universo de consejeros, lo traiga a la realidad. Es por el bien de la nación.

Mientras la decisión de la Corte Suprema tendrá, sin duda, un impacto de amplia recursión en millones de mujeres americanas, en el próximo proceso electoral no será lo mismo. Las expectativas demócratas serán reducidas por el montante de crisis que agobian al partido y a su presidente.

Al final, no serán, ni el aborto, ni el control de armas los que decidirán el resultado de noviembre, sino la inflación, y la incertidumbre de una economía que vive bajo la amenaza de una recesión.                   

La Habana se derrumba. Se cae a pedazos. En verdad, la triste y dura realidad se aplica a toda la Isla. Las últimas fotografías y videos captados por los turistas, ofrecen un cuadro desolador. Cientos de edificios en extrema depauperación, con el inminente riesgo para la vida de sus habitantes. Una nación que solía vivir en prosperidad, en la primera mitad del pasado siglo, se desmorona por la maléfica combinación de la furia de los elementos, y la corrosión de la ineptitud del sistema comunista.

Sabemos las deficiencias del sistema. Las han sufrido muchos países, en varios continentes. Pero no se manifiesta y ejemplariza esa miseria en ninguna otra nación más que en Cuba. Se puede afirmar, sin temor al error, que es allí, en esa infortunada isla del Caribe, donde se ha ensañado, con más odio barbárico, el engendro estalinista con el disfraz de una revolución que nunca fue justiciera, ni noble, ni honesta.

Y la pregunta que se inició, hace 60 años, sigue en pie: ¿hasta cuándo?

BALCÓN DEL MUNDO

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El precio del petróleo sigue bajando por la presión de una economía mundial que se debilita. La demanda va en disminución. La gente maneja menos por lo elevado del precio de la gasolina. Cuando la población comience el inevitable ajuste por el reclamo del bolsillo, veremos una reducción en la inflación.

Pero no se apure, que eso no será este año, ni el siguiente. Tomará un largo tiempo para que disfrutemos, de nuevo, aquel 2% de inflación que teníamos 16 meses atrás, antes de la llegada de los progresistas al poder.

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Se rumora dentro de las filas republicanas, un movimiento, por ahora incipiente, llamado “trompísmo sin Trump”. Pudiera ser muy interesante.

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La administración de Biden inició demanda legal contra Arizona porque ese estado requiere prueba de ciudadanía para votar en las elecciones presidenciales.

Simplemente lógico. No es ofensa para ningún ciudadano. Muestre su ciudadanía y ejerza su derecho al sufragio.

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