LA HORA CUBANA

Written by Esteban Fernández

3 de enero de 2023

A la fiesta, a la reunión familiar, siempre llegamos tarde, pero somos completamente puntuales a la hora de llegar al trabajo. Al empleo somos los primeros en llegar.

Es muy difícil saber a quien culpar (al cubano o a la cubana) por la llegada tarde a la fiesta o reunión. El cubano si sabe que mañana estamos invitados a cenar en la casa de unos amigos ya desde hoy comienza a prepararse.

Entonces empieza a importunar a la esposa: “Vieja ¿tú recogiste mi traje negro de la tintorería?” “¿Tengo una camisa blanca limpia y almidonada?”.

Es decir que si bien desde el día anterior ya comenzamos mentalmente las preparaciones para el convivio al mismo tiempo comenzamos a echarle encima a la mujer todas las responsabilidades.

El día de la reunión desde las 10 de la mañana los hombres ya comenzamos a bañarnos y a vestirnos. A las 11 y media ya estamos listos.

Mientras tanto, ella ( por ocuparse de las cosas de la casa, de su esposo y de sus hijos) son las 12 del día y todavía ni se ha metido en el baño a bañarse. Y ahí comenzamos a agitarla: “¡Dale, dale vieja, báñate, apúrate, corre, que como siempre vamos a llegar tarde por tu culpa!”.

Ahí ya el cubano comienza a desesperarse. Mira el reloj cada 10 minutos, y grita: “¡Vamos, carijo, por lo menos comienza a bañarte!”.

Pero, después del baño viene lo peor: pintarse, arreglarse, y peinarse. Y entonces cada 5 minutos, bravos, nos paramos en la puerta del baño a ver si hay algún “adelanto”, pero de eso nada “la bola pica y se extiende”.

Y en ese instante hacemos lo terrible, imperdonable y más desagradable: nos vamos para el garaje y nos sentamos en el carro y a cada a rato pitamos para ver si eso ayuda.

Al fin la mujer está lista, pero ahí viene “la gran culpa” nuestra: Mientras ella ha estado pintándose los labios y echándose colorete (y aquí hay que defender a la mujer) nosotros “no hemos hecho nada constructivo”.

La mujer pregunta: “Viejo ¿están todas las puertas y ventanas cerradas?” “¿Te ocupaste de apagar el aire acondicionado antes de salir?”.

Al fin la mujer se sienta en el carro junto a su esposo, lo mira con una sonrisa de compasión y le pregunta: “¿Tiene gasolina el carro?”

El hombre responde: “No, ni una gota, pero ahora yo paro a echarle”. La mujer le dice: “Pero, eso pudiste hacerlo en lo que yo me bañaba”.

Después de 20 discusiones, de echarse la culpa uno al otro, la pareja de cubanos llega a la fiesta y ¡allí no hay nadie! Ni los dueños de la casa se han bañado todavía, y hay que sentarse en la sala a esperar que lleguen el resto de los tardíos cubanos.

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