La historia oculta de las hechiceras

Written by Libre Online

25 de octubre de 2022

Por Rocío Gaia

“La bruja habita un territorio colectivo aunque escondido, el mundo de lo inefable, es decir lo que no se puede explicar con palabras, y al igual que ese mundo, la bruja es esquiva, volátil, reinando soberana, en lo más profundo de la mente, del cuerpo y de la sombra, habitando en nuestros miedos”, señala Julia Carreras Tort, filóloga e investigadora especializada en folklore y etnobotánica.

Señala que estas “personas a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo” (según la definición académica), se han presentado ante la humanidad bajo múltiples máscaras, deformadas e instrumentalizadas por el poder, una de las cuales jamás desaparece: “la personificación fantástica del miedo más esencial y primitivo, que nos repele y atrae al mismo tiempo”.

“Las creencias populares nos recuerdan que lo real es, básicamente, lo que creemos que existe y podemos nombrar, sin importar si es algo tangible o científicamente demostrable. Y la bruja que habita los rincones oscuros de nuestra memoria y de nuestra cultura fue real cuando se creía en ella”, detalla.

Carreras, autora de ‘Vienen de noche. Estudio sobre las brujas y la otredad’, revela una serie de datos sorprendentes y descarta algunos tópicos  sobre las brujas, abordando también, con menor detalle,  temas como la hechicería o la etnobotánica, según explica.

MONTAÑAS 

EMBRUJADAS

En Europa las montañas son tierras de brujas. A menudo se relaciona a la bruja con un tiempo y lugar remotos y las montañas podrían parecer el escenario idóneo para sus actividades, su esquiva presencia y encuentros nocturnos, según Carreras, quien centró su investigación en la región pirenaica europea.

Añade que “no es baladí que Miguel de Cervantes hablara de brujas “en jira” (celebrando banquetes y aquelarres) por los montes Pirineos, en su obra ‘El coloquio de los perros’. 

EL CONCEPTO  DEL 

AQUELARRE

Para Carreras “si hay unas montañas que reúnen todas las características necesarias para servir de cuna a las brujas, son los montes Pirineos, que han estado poblados desde la prehistoria”.

LA LEY ANTIBRUJERÍA

Asegura que el territorio pirenaico de Lérida (España) tiene el dudoso honor de tener lo que se considera la primera ley civil en Europa contra la brujería, con la que las autoridades seculares tomaron riendas en el asunto.

“En 1424 salen a la luz en el Pirineo leridano las ‘Ordinacions de les Valls d’Àneu’, en la que se redefine la brujería y se le asocian castigos muy graves, como la ejecución, haciendo que el  sentenciado (hombre o mujer) fuera arrastrado por una bestia hasta el lugar donde su cuerpo sería quemado”, según Carreras.

“El cuerpo sea ejecutado en esta forma: que cuando la sentencia será dada por dicha corte que pierda cuerpo y bienes, que el acusado sea puesto en un serón (cesta grande, alargada y estrecha, generalmente de esparto) bien atado, después dicho serón sea atado a la cola de una bestia y sea arrastrado hasta el lugar donde se hará la justicia, y allí sea puesto al fuego y su cuerpo convertido en polvo”, dicen las ‘Ordinacions”.

PERSECUCIÓN DE LA MUJER

Carreras destaca como un hecho poco conocido y especialmente llamativo en la historia de la brujería, la publicación del ‘Canon episcopi’, un texto eclesiástico del siglo X, “particularmente en la versión escrita por el abad Regino de Prüm”.

Este libro cita lo siguiente: “No puede admitirse que ciertas mujeres perversas, pervertidas y seducidas por las ilusiones y espejismos de Satán, crean y digan que se van de noche con la diosa Diana, o con Herodiada y junto con una gran masa de mujeres, montando ciertos animales, recorriendo amplios espacios de la tierra en el silencio de la noche y obedeciendo a Diana como señora suya”.

“Una multitud innumerable se deja ganar por esa locura y considera que eso es verídico, se aparta del recto camino y se hunde en el error pagano […]”, señala el mismo libro.

“Por eso deben predicar los sacerdotes a los hombres de las parroquias que tienen confiadas que todo eso es absolutamente falso y que tales fantasmas en los espíritus de los fieles no provienen del espíritu de Dios, sino del Maligno. El hombre piensa erróneamente que todo pasa, no en espíritu (in animo), sino corporalmente (in corpore)”, matiza el ‘Canon episcopi’.

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