LA HISTORIA FASCINANTE DE LAS CAMPANAS DE LA CATEDRAL

Written by Libre Online

11 de junio de 2024

Una campanita que vale más que mil veces la vida de un santo Obispo. — Desde el trinquete de guano de la primera capilla al sólido campanario de la Catedral de hoy, hay una campana que ha resistido la furia del tiempo y los embates de la piratería. ¡Lleva 437 años hablándonos de Dios! Otra campana que llamó a los esclavos al trabajo hoy llama a los feligreses a la misa. Otra bajo la cual pueden guarecerse catorce hombres con comodidad.

Por J. Rodríguez-Díaz (1956)

¡Las campanas de la Catedral…!  Voces de bronce que el amanecer de todos los días, cuando en la sombra parda los grandes edificios asoman sus cabezotas de misterio, lanzan al espacio el vibrar de sus canciones; el eterno credo de la fe cristiana, hecho plegaria en la disimetría de sus ritmos.

¡Las campanas de la Catedral…! Ante su enorme plazoleta llena de soledad y de Sol, alpinos turistas se detienen; penetran anhelantes en busca de sus tesoros centenarios; la tumba donde fueron depositados los restos mortales del máximo Almirante, del descubridor de un Nuevo Mundo; el sacro sepulcro que aún conserva los despojos de Monseñor Apolinar Serrano, uno de los obispos más queridos de los feligreses habaneros; el glorioso San Cristóbal, en cuyo pecho de madera, su escultor Don Martín de Andújar, ocultó su famosa carta al venerable patrón, pidiéndole misericordia por su alma.

¡Riquezas de la Catedral habanera!

¡Regios altares cuyos adornos fueron copiados por orfebres maravillosos del sublime templo de Minerva!

Sin embargo, son pocos, muy pocos, casi ninguno, los turistas, y aún los propios fieles de Cuba, desenvueltos bajo la tutela del misericordioso patrón, los que levantan sus ojos hacia los altos campanarios, hacia las sagradas lenguas de bronce, que a la plomiza luz del alba naciente anuncian los prestigios de la misa. 

¡En cada una de esas campanas de la Catedral vive una historia! ¡Cada una de ella representa un esfuerzo del hombre por la fe cristiana! ¡Cada una es un prodigio de alquimia, de fundición, de resistencia!

Al lado izquierdo de la torre derecha, gravita una cuya inscripción nos dice que fue fundida en el año 1647 y lleva la firma del artista fundidor. Pesa 165 arrobas y está acompañada de la siguiente inscripción de garantía, que únicamente poseen las más reputadas campanas del mundo: “D. V. M.” “Eleverentvr” “P. S. A. L. 72”.

Al frente, la voz regia del magno gigante de las grandes solemnidades. Es relativamente joven, pues fue construida en 1762, gobernando el obispado de La Habana el ilustrísimo Obispo Don Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, héroe inolvidable en la toma de La Habana por los ingleses. Campana prodigiosa de dos metros de alto y seis pulgadas de espesor, bajo cuya cúpula pueden encontrar refugio catorce hombres.

Todas las campanas son centenarias. Una fue construida en 1644, otras en 1736, 1774 y la más joven en 1804.

Cerrando el arco central se encuentra la famosa campana del ingenio Maynicú, cedida a la Catedral, como una reliquia histórica, por su propietario Don Pedro Iznaga. Su historia se pierde en el vórtice de los siglos. Fue una de las primeras campanas que llegaron a Cuba. Durante centenares de años estuvo llamando a los esclavos al trabajo y ya lleva también centenares de años llamando a los fieles a la misa, desde su santuario de la Catedral.

Y abajo, más abajo, con la humildad de una almita buena, está la más vieja, la más interesante de todas las campanas de la Catedral. Fue construida en 1343 y durante más de cuatrocientos años, desde el trinquete de guano de la primera capilla, al sólido campanario de la Catedral de hoy, ha desafiado y ha podido resistir, no sólo la furia de todas las invasiones piratas, sino también la del tiempo.

¿De dónde vino y quién la trajo? ¡Nadie lo sabe!

Fue fundida el 22 de agosto de 1343 —¡Ciento cuarenta y nueve años antes de ser descubierta la Isla de Cuba! – allá en Nuestra Señora de la Caridad de los Remedios, España. Se supone que hubo de entrar por el puerto de Santiago de Cuba y trasladada a La Habana en 1519, siendo instalada, de esto si hay constancia, en el lugar conocido por “La Ciénaga” (lugar que hoy ocupa el Ayuntamiento, Plaza de Armas y edificios vecinos), donde bajo un trinquete de madera y guano, llamó por primera vez a los feligreses habaneros para los oficios de la misa.

En 1538 La Habana se vio arrasada por la piratería. La tea incendiaria recorrió los palacios de madera y guano, no perdonando la furia de los infieles, ni siquiera el sagrado templo de Dios.

La campana fundida en Nuestra Señora de la Caridad de los Remedios recibió nuevamente su bautismo de fuego. Las llamas de la piratería destruyeron el trinquete bajo el cual se afianzaba, pero ella, como un milagro de Dios, surgió de las pavesas, se irguió a despecho del pirata, para decorar nuevamente la Iglesia Parroquial de La Habana, que bajo los auspicios del entonces alcalde Juan de Rojas, se inició en 1550, para quedar definitivamente terminada en 1571.

Pero su historia, la historia que la reclinaría más tarde a soñar con la humildad de una almita buena no estaba terminada. La nueva construcción de mampostería no ofrecía peligros para la furia del pirata, ya que se afianzaba también con las defensas de La Habana. Nuestra ciudad no era entonces de madera y guano. El alto trinquete había desaparecido, pero aún quedaba la civilización para derribarla.

En 1741, la explosión en puerto de la fragata “Invencible”, la arrancó de su férreo soporte, como la tea incendiaria la había desprendido antes del trinquete de madera; pero hecha a perdurar tras las generaciones, surgió de nuevo en la nueva Catedral, la iglesia que respetarían los siglos y los siglos…

Conociendo el cariño que el Obispo Morell de Santa Cruz sentía por esta campanita buena, los ingleses se la pidieron a cambio de un rescate que se negó a pagar.

El Obispo se limitó a contestarles:

—Mi vida vale muy poca cosa, pero si tuviera algún valor, es bueno que ustedes sepan, que esta campana vale más que mil vidas como la mía.

Y su lengua de bronce, lengua que no ha enmudecido, ni por el fuego, ni por los años, ha llamado durante 437 años a los de La Habana; ha resistido desde el trinquete de guano de la primera capilla al sólido campanario de la Catedral de hoy las furias infieles de los hombres y los tiempos.

¡Más de cinco siglos hablándoles de Dios a los feligreses habaneros!

*En el 2018 fueron bajadas las campanas (se piensa que por primera vez) para su restauración. Durante alrededor de dos meses se pudieron ver de cerca las ocho campanas, cada una con nombre y año de fundición inscritos a relieve con la ortografía de la época y trazos de diferentes estilos, anagramas, símbolos e imágenes religiosas: La San José, El Divino Corazón de Jesús y la Madre Santísima de La Luz, Mediate, Nuestra Señora de La Caridad y Remedio, San Cristóbal, San Miguel, San Pedro y la campana del ingenio Maynicú propiedad de Don Pedro Iznaga.

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