LA GRAN JOSÉPHINE AL PANTEÓN

8 de diciembre de 2021

La República francesa ha distinguido a la otrora famosa artista negra americana Josephine Baker abriéndole las puertas del Panteón, el gran monumento civil que en París esta consagrado desde poco después de la Revolución de 1789 a honrar a personalidades que han marcado de manera indeleble la historia nacional. Naturalmente que con tal vocación en sus criptas no son todos los que están, ni están todos los que son. Pero bueno. Sabido es además que en estos tiempos de sobregiro en cuanto a todo lo que sea socialmente correcto, la figura de esta mujer excepcional llena muchos requisitos que hacen consenso.

El Presidente Emmanuel Macrón presidió la ceremonia el pasado martes 30 con todo el fastuoso protocolo que las instituciones galas dan a este tipo de acto. Pero de veras, ¡qué recorrido el de la Baker!. Nacida muy pobre, en Saint Louis, Missouri el 3 de junio de 1906 ya en 1914 empezó a trabajar ayudando a una doméstica. Parece ser llevaba en sus venas no solo sangre afroamericana, sino también amerindia y española. Con solo 14 años de edad se casó, o la casaron que finalmente no se sabe bien, y enseguida comenzó a bailar que era su sueño.

No tardó  en llegar a New York con ansias de Broadway que no se dieron sino después de varios intentos fallidos. Así se abrieron para ella las puertas de un espectáculo hecho solo por negros en el cual la vió en escena la mujer de un diplomático americano destacado entonces en Francia. Del tiro integró la mítica “Revue Nègre” y debutó junto a Sidney Bechet en un gran teatro de la capital francesa:  tenía 19 años.

Se quedó en Francia, se puede decir que para siempre. Su vida es muy rica para enmarcarla en dos cuartillas como estas. Hubo hasta un cabaret en el barrio de Montmartre que llevó su nombre duranta varios años: “Chez Joséphine Baker” en la calle de la Fontaine no lejos del Molino Rojo. Transcurrían los llamados “années folles” en Europa y en 1930-1931 fue la vedette indiscutible del entonces afamado Casino de Paris. Fue en ese centro que bailó portando sobre su escultural figura solamente el célebre panti del que colgaban varios plátanos (en español la sobrenombraban La Platanito ). En esa escena hizo célebre la canción “J’ai deux amours”, de Vincent Scotto. Los dos amores aludidos eran Estados Unidos país de nacimiento y París que la había adoptado y donde sufría menos del racismo que desde niña había encarado en América.

Años más tarde y ya casada  con un hombre que poseía una gran propiedad en el centro de Francia, se vio en el corazón de una de las regiones donde más fuerte fue la resistencia contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Joséphine se incorporó de hecho a la lucha, arriesgando con ello la vida. Cantó para los soldados en los frentes y como espía enviaba informaciones al cuartel general del General de Gaulle en Londres.

Ya terminada la Guerra se convirtió en una verdadera embajadora de la alta costura francesa. Fue muy amiga de Christian Dior y de Pierre Balmain. Sucedieron muchas cosas en su vida y vivió la tristeza de perder en un parto el único embarazo que llevó a término. Fue probablemente por eso que adoptó 12 niños de orígenes diferentes. Viajó mucho y volvió esporádicamente a su país natal. Vestía en actos público el uniforme de la aviación militar ornado de las medallas que le habían otorgado. Fue la época en la que militó por la lucha en pro de los derechos cívicos de los negros americanos. El 28 de agosto de 1963 cuando Martin Luther King pronunció la célebre frase “I have a dream”, Joséphine estaba junto a él en la tribuna.

Siendo como era La Habana precastrista un escenario obligado para toda vedette internacional, Joséphine Baker paseó a principio de la década 1950 “su gloria, sus piernas y su gracia” encima de las tablas de varios teatros y cabarés de la ciudad. Ya andaba por “la media rueda” pero tenía “frescura y juventud en su rostro”. Mi amigo Trasancos, que tiene ahora 90 años cumplidos, dice haber ido a verla con sus padres al América de la calle Galiano. “No había una butaca libre, fue apoteósico, afirma. En efecto gracias a los archivos en línea de la revista Bohemia (3/12/1950 y 6/01/1952) pude leer elogios de los cronistas faranduleros de entonces. Sin embargo, a la “primera dama del cabaret Follies Bergères” no la dejaron hospedarse en el Hotel Nacional pretextando no tener habitaciones disponibles. Nicolás Guillén, poeta comunista, aprovechó para versar: “…porque tienes la piel oscura, siendo divinos tus pies”.

Más tarde, en un plano de izquierdizante simpatía fidelista propio de entonces, compareció en La Habana como invitada especial a una conferencia procomunista celebrada en 1966. Aprovechó la ocasión para cantar en el Teatro García Lorca (antes Nacional) y “con arte y con fantasía volvió a cosechar aplausos”.

Iremos pronto ante su flamante cenotafio del Panteón,  porque dicho sea de paso el féretro que portaron a la cripta esta vacío. Contiene tierra traída del jardín del castillo en el que crió a sus hijos adoptivos los cuales unánimemente decidieron no sacarla de su sepultura original en el cementerio del Principado de Mónaco. Grace Kelly, malograda princesa, fue también su amiga.  En cuanto a Francia, el país la adoptó, la naturalizó y le dio la Legión de Honor.  En cuanto a mi puedo afirmar modestamente que también tengo de cierta manera idénticos dos amores: “mi país y París”.

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