LA CRISIS MIGRATORIA SE AGRAVA CON LOS HAITIANOS

Written by Adalberto Sardiñas

29 de septiembre de 2021

La crisis migratoria, que ya es, de hecho, humanitaria, no parece abatir. Al contrario, con la adición de miles de haitianos recién llegados a una pequeña población al sur de Texas, Del Río, acampados bajo los puentes de las carreteras, a la orilla del río, el tono de la tragedia se agrava. Es otra crisis que la administración de Joe Biden ha mostrado no saber cómo manejar, y mucho menos resolver, a pesar de haber resurgido por las manifestaciones del ahora presidente, pronunciadas en los días de su campaña política. Fue una oferta de “puertas abiertas”, o, así fue percibida por millones de centroamericanos y caribeños. Ahora, confrontados con la realidad de una crisis fuera de control, los funcionarios de la Casa Blanca, en total desorientación, no encuentran una salida viable a esta desdichada calamidad.

El caos, ya generalizado, no se radica, o limita, sólo a Texas, sino que envuelve a Arizona y California, y, en menor escala, a otros estados de la Unión. En Arizona, en el mes de julio, los agentes de inmigración aprehendieron a 212,000 personas tratando de cruzar ilegalmente la frontera, para hacer un total de 1.3 millones en la que va del año. En la ciudad de Tijuana, al sur de California, alrededor de 40,000 aspirantes a asilo esperan su turno para ser entrevistados y evaluadas sus solicitudes. Todas estas personas, provenientes de Centro América, son miembros de las varias caravanas que emprendieron desde Honduras, y libraron largas caminatas, de cientos de millas, en busca de la promesa explícita o tácita, que les hiciera Joe Biden.

Lo de los haitianos, es algo diferente, curioso, y sospechoso. Viajaron en grandes autobuses, nada de caminata, y de algún modo, transitaron por México hasta llegar a la frontera de Estados Unidos. Allí se refugiaron bajo el Puente Internacional de Del Río, pequeña ciudad no lejos de San Antonio. Nadie sabe cómo afrontaron el costo de la travesía, puesto que son los más pobres y desposeídos de todos los aspirantes al asilo político. Son los más carentes de todas las carencias; pero, irónicamente, se transportaron en autobuses. ¿Cómo? Algunos, nada despistados, afirman que los carteles de la droga estuvieron envueltos en esa transportación.

Lo cierto es que este desborde de caótica explosión humana, triste y dolorosa, como ciertamente es, significa una seria amenaza para la salud del pueblo americano. ¿Cuántos de éstos han sido vacunados? ¿Son todos saludables? ¿Qué enfermedades traen? Y, por otro lado, ¿quiénes son? Estas son simples preguntas que el americano común se hace ante esta potencial invasión a su país, a su modo de vida, y a su seguridad. Existe un creciente malestar, una entendible frustración en las poblaciones fronterizas, que se sienten traicionadas por una administración que parece preocuparse más por aquellos que cruzan la frontera ilegalmente, que por la seguridad de sus ciudadanos.

Es evidente que la cuestión migratoria ha empeorado alarmantemente desde el arribo de Joe Biden al poder. Mediante un acuerdo entre Trump y López Obrador, los millares de migrantes que llegaban a la frontera eran retenidos en México. Biden, que irresponsablemente los invitaba a venir, ignoró el acuerdo que iba trabajando bien, dejó entrar al país a miles de ellos, hasta que la Corte Suprema decidió que debían permanecer fuera del territorio americano. Semejante actitud de la administración, envuelta en una desconcertante confusión, ha elevado el caos a un nivel dramático.

Como medida de desesperada urgencia el Departamento de Homeland Security ha ordenado una rápida expulsión de unos 15 mil haitianos agrupados en Texas. Cuatro vuelos diarios los están retornando a Haití. Pero, ¿Por qué sólo a los haitianos? ¿Y los otros, que en total suman un cuarto de millón? ¿Qué hacer con ellos?  ¿Deben aplicárseles diferentes medidas a los haitianos que a los otros? La persecución a caballo, contra estos infelices, ofrece un cuadro repulsivo.

Muchas conjeturas se pueden hacer sobre el tema. Empero la realidad es que el meollo de la cuestión, independientemente de la ineficiencia de la burocracia oficial, descansa en la inhabilidad del Congreso, de éste y otros anteriores, de formular una reforma migratoria justa, que implique, como objetivo principal, la protección y seguridad de la frontera, y la disminución, a su mínima expresión, del flujo ilegal de inmigrantes. Las leyes que conformen esa futura reforma deben ser claras, sin tonos grises que permitan a las cortes interpretaciones caprichosas.  El perseguido político es diferente al que viene por razones económicas, y ambos casos deben ser tratados, en su justo y legítimo contexto.

Pero, ¿cuándo tendremos esa reforma? Distintos gobiernos, demócratas y republicanos, han tratado, infructuosamente, por los últimos treinta años, de llegar a esa meta sin jamás alcanzarla. Y es que el tema es extremadamente complejo. Hay detalles, pequeños y grandes, que envuelven esta maraña. Existen, entre ellos, la piedad humana y los intereses, humanos y materiales. Es difícil la conjugación de ellos para para terminar con una solución favorable a todos. Pero hay que persistir hasta lograrlo. Serviría mucho a la paz y la tranquilidad de la nación americana.

Mientras esperamos por esa necesaria reforma, en el presente, la crisis que se agrava por día, pertenece a Joe Biden. Él la exacerbó. Con sus palabras como candidato, incentivó a miles de inmigrantes a tomar el riesgoso e ilegal camino hacia nuestras fronteras, creyendo que el riesgo era minúsculo contra la oportunidad de entrar a Estados Unidos.

Ahora, contra las promesas de ayer, les dice: “no vengan, las fronteras no están abiertas y los enviaremos de vuelta a sus países”.

Muy tarde, Mr. President. ¡El daño está hecho!

BALCÓN AL MUNDO

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, quiere, con cuatro sujetos, sin principios, ni democráticos, ni de ninguna otra índole, liderar el movimiento CELAC, que pretende substituir a la OEA. Este movimiento fue creado por el binomio Fidel Castro y Hugo Chávez con el propósito de excluir a Estados Unidos y Canadá de la región latinoamericana e iniciar la campaña comunista bolivariana. Bajo la carpa de ese circo, que nunca llegará a nada, se albergarán Maduro, Díaz Canel, Ortega, Evo Morales y López Obrador.

Ningún gobierno democrático se prestará a esa pantomima. Una organización sin la presencia de Brasil, Colombia, Canadá y Estados Unidos, es un verdadero absurdo político.

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 El mandarín chino, Xi Jinping, ha puesto un repentino freno a los negocios privados en gran escala. Quiere regresar a los planes originales de Mao Tse Tung de utilizar la fuerza capitalista en forma transitoria, al principio, para después limitarla al máximo. Ya empezó con los grandes conglomerados, especialmente en la tecnología, y seguirá con otros sectores. Pero se ha encontrado con un tremendo problema con el más grande developer de China, el grupo Evergrande, cuyas enormes actividades se extienden a varios sectores de la economía, y que está al borde de la bancarrota, con seria amenaza no tan sólo a la economía china, sino a la de varios países de Asia y Latinoamérica.

Si el gobierno comunista chino no desembolsa cientos, o tal vez miles, de billones para rescatar a Evergrande, su economía sufrirá seriamente, junto con la de México, Chile y Perú.

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  El pollo Carvajal, compinche de Chávez, Maduro y Cabello en el Cartel de los Soles, donde robaron billones de dólares al margen de otros delitos, regresará, deportado, a Estados Unidos, donde dicen que cantará como un sinsonte contra sus antiguos compañeros de pillaje. Después, si las cosas no cambian, vendrá Alan Saab, cómplice Maduro y Chávez por los mismos delitos. 

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