LA CASA TURULL

Written by Alvaro J. Alvarez

5 de octubre de 2022

La crisis económica más amplia y honda, particularmente en las órdenes agrícolas e industriales, fue el efecto material inmediato de la Guerra de Independencia de 1895 y la ulterior participación de EE. UU. en la contienda. Los campos y sembrados, especialmente las colonias de caña y los ingenios azucareros, quedaron en gran parte arrasados, destruidos e inutilizados por la tea incendiaria.

Con los esfuerzos denodados del criollo por reparar la industria azucarera y mejorarla, por echar a andar la tabacalera y ganadera, por dotar de vida nueva a los cafetales, cultivos cítricos y de cacao, por rehabilitar la minería, mejorar la higiene, dotar de comodidades rurales y urbanas a la población, por tecnificar la vida moderna en todos los órdenes, en suma vino a coincidir el establecimiento en Cuba, desde 1908, de Thomas F. Turull, especialista en el fomento de los recursos económicos. 

Turull, por lo tanto, fue uno de los decanos de la colonia norteamericana radicada en Cuba, país el nuestro con el cual se compenetró cordialmente, sintiendo como propias las necesidades, aspiraciones y demandas de mejoramiento, sin haber por ello dejado de sentirse muy norteamericano y, como tal, hombre de visión práctica y organizadora, con amplio sentido realista y objetivo de su medio circundante y de sus posibilidades. 

HOMBRE DE VISIÓN PRÁCTICA Y ORGANIZADORA

Thomas F. Turull, nació en Brooklyn, N.Y. el 27 de enero de 1888.

Al año de su llegada, contrajo matrimonio con la cubana Hortensia Alicia Jústiz Curbelo, hija de Eloisa y Francisco, un distinguido periodista, fundando una familia en que se armonizaron la sangre, las costumbres, las formas de vida y hábitos de los dos

 pueblos vecinos, a manera de símbolo de cordialidad entre ambos.

Turull había sido enviado a Cuba, como agente de la compañía American Hay, de Nueva York, una empresa dedicada a la venta de forraje a base de heno. 

De ese modo se generó la Havana Hay Co. Sociedad Mercantil que llegó a ser subsidiaria de la primera mencionada, con Turull como presidente.

Al observar el número creciente de automóviles que circulaban en la ciudad, en contraste con la disminución de la de tracción animal, como estaba sucediendo también en EE. UU. y Francia, el hombre de empresa, dotado de aguda visión, se percató de que toda la Isla era un campo inexplotado para la mecanización de las diversas actividades económicas, ofreciendo vastas perspectivas del negocio de productos químicos para la agricultura, construcción, industria extractiva y la salubridad.

inicio de una nueva era

En 1911, Turull estableció en el edificio de la Lonja de Comercio (calle Lamparilla #2), entonces el mejor dedicado a oficinas en La Habana, su negocio de importación y distribución de productos químicos. Dando inicio a una nueva era de tecnificación y aplicación de los conocimientos científicos a la producción económica.

La empresa de Thomas F. Turull se vinculó estrechamente con el mejoramiento y expansión de la agricultura nacional y al crecer, esta última el negocio mejoró enormemente por lo que trasladó su oficina y almacenes para la calle Oficios #16.

Luego en 1914, Turull anunció los productos químicos que estaban disponibles para vender y que abarcaban los renglones de azufre, soluciones sulfurosas, piedra azul, amoníaco, sosa cáustica (lejía), aceite de ballena, jabones industriales, arseniato de plomo en pasta, cal y otros.

Además, Turull mantenía en la calle Broadway #170, en Nueva York, una oficina de consultores que atendían todas las cuestiones y daban los consejos necesarios para las soluciones factibles.

En 1915, los negocios estaban tan ampliados, que tuvieron que mudarse para la calle Muralla #60, sitio definitivo hasta el final.

El infatigable empresario anunció en 1916 y en español, la llegada de su nuevo producto para reparar goteras en los techos, el Sella Todo, así como el insecticida contra la garrapata del ganado, un producto que contribuyó a mejorar el estado de la ganadería. 

En 1918, los abonos Turull revitalizaron los terrenos cansados por medio siglo de siembras de caña. Mérito adjunto para los laboratorios y consultores técnicos de la Casa Turull.

Al expandirse vertiginosamente la industria azucarera cubana, aumentaron también sus necesidades, por lo que Turull vendió a sus clientes diversidad de productos útiles, vitales más bien para la producción, sin cortarles ni limitarles sus créditos. 

Al llegar la crisis y terminar la Danza de los Millones, la Casa Turull tenía deudores por enormes sumas, algunas de las cuales jamás fueron abonadas. 

La empresa hizo frente a tales pérdidas, sin cerrar sus puertas ni dejar de servir a la economía nacional.

Cuando, años más tarde, la nación se recuperó de nuevo y comenzó su rehabilitación económica, La Casa supo mantenerse al nivel de las circunstancias, sirviendo los pedidos y demandas con parejo aporte de productos.

Gracias a esta correlación y armonía entre oferta y demanda, crecieron los cultivos de frutas y vegetales frescos para la exportación y tal rendimiento se hizo posible gracias a los aportes químicos de la empresa Turull.

Al prosperar la industria azucarera y en 1950 producir unos 5,400,000 toneladas de azúcar con la cooperación técnica indudable y de los productos servidos por esta empresa. 

Lo mismo sucedió con los naranjales, toronjales, tabaco, café, cacao, arroz, henequén, conservas, minas, etc.

La Casa Turull estableció su Tienda Agrícola junto al Mercado Único, a la vista de todos los pequeños agricultores que allí acudían con sus cosechas. Más adelante hubo tiendas Turull en muchas otras ciudades del interior del país.

Si en 1911 la Casa Turull vendía unos 20 productos, en la década del cincuenta eran más de 1,000.

Interesante saber que el Consejo Técnico de Turull estaba integrado por algunos extranjeros, pero la mayoría de los especialistas y técnicos eran cubanos y muchos de ellos, distinguidos profesionales.

Consolidación a través de medio siglo

La permanencia y consolidación de la Casa Turull a través de medio siglo, demostró la falsedad de los pronósticos 

pesimistas que se hacían sobre la duración de más de 40 años de las empresas comerciales. 

Todo lo contrario, esta institución económica demostró con su longevidad, que el fruto del trabajo, del esfuerzo, de la inteligencia se enriquece y afirma superiormente con el abono de los años. Claro, lo único que nunca estuvo en mente fue que en 1959 iba a llegar un destructor rodeado de bandidos y todo se acabaría.

Había Tiendas Agrícolas Casa Turull en: Caibarién, Camagüey, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Colón, Florida, Güira de Melena, Holguín, Pedro Betancourt, Pinar del Río y Santa Clara.

La familia Turull-Justiz tenía su residencia en la Avenida 15 # 22228 en Marianao. Tuvieron tres hijas. Su hija Gladys (1911-1964) se casó en 1941 con Harry T. Johansen, que también nació en Brooklyn, pero en 1905. 

Poco tiempo después de haberse casado Johansen se fue a trabajar con su suegro a Cuba. Todos, cuando abandonaron La Isla se fueron a vivir a Nueva York

Thomas Turull falleció en 1961 a los 73 años.

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