La batalla de MALTIEMPO

Written by Libre Online

19 de diciembre de 2022

Por Rafael Soto Paz (1950)

El combate de Maltiempo sirvió para fortalecer el espíritu guerrero del cubano al probar que también sabía combatir en las espaciosas llanuras. Además, como advierte el comandante Varona Castillo, esta acción de guerra “fue la más trascendental de toda la campaña de la Invasión; por sus consecuencias, puede asegurarse que abrió las puertas de Occidente al Ejército invasor”. 

El 15 de diciembre de 1895 tuvo lugar el terrible encuentro que iba a cubrir de gloria a Máximo Gómez y Antonio Maceo, sobre todo al viejo, que fue el héroe de la jornada con sus dos caballos muertos. “Por los flancos la carnicería había sido tremenda- anota Miró en su memorable Crónica-, Gómez, brioso y enardecido como en Palo Seco, ha roto el más fuerte núcleo de los españoles, siendo el primero en abrir el boquete”. Se ha dicho que Gómez tuvo que realizar tal hazaña porque se vio obligado.

Como el hombre del cuento que salvó al abogado porque alguien lo empujó.  En vísperas de la batalla, cuando el Generalísimo disponía sus planes, explicó el teniente coronel Cepero que, apenas divisara a las tropas enemigas, las cargara al machete con la caballería, sin permitir formaran cuadro. Cepero avanzó con sus fuerzas, pero al advertir la presencia de los soldados del batallón de Canarias que trataban de cortar el paso al contingente invasor, bien por inexperiencia o por impericia, lo cierto es que inició el combate con carga de fusilería. 

Tal desacato a la orden dada permitió formar el cuadro a los españoles, entonces el General en Jefe furioso no tuvo más remedio que darle el frente a la situación, con la valentía en él característica. De colofón, digamos que este José Loreto Cepero posteriormente traicionó al Ejército Libertador. 

Para analizar el combate de Maltiempo, preciso tener en cuenta que el territorio está en el triángulo ferroviario de Cruces hacia Cienfuegos, es decir, un sitio estratégico de singular valor. Por ello, con conocimiento, el coronel Arizón de que la tropa cubana por allí iba a pasar, dispuso que salieran de Cruces para el cercano paraje tres columnas, una comandada por el teniente coronel Rich, otra con el teniente coronel Sanz y la tercera comandada por el propio Arizón. 

El total de las tres unidades sumaba unos 1,200 hombres de infantería y alrededor de 80 jinetes. El coronel Manuel Piedra, uno de los héroes de la hora, que cayera gravemente herido, describe así el combate: “Yo había tomado puesto aquella mañana en el centro de la columna a causa de tener mi caballo sumamente cansado, pero habituados como estaba a marchar cerca del General Maceo durante la marcha y casi sin darme cuenta, me había ido aproximando a su Estado Mayor hasta reunirme al mismo, justamente en ese instante sonaban los primeros disparos en la extrema vanguardia, la que en vez de cargar de acuerdo con la orden dada, se desplegó frente al enemigo.

– ¡A la carga! – mandó imperiosamente Maceo. 

Y como él ocupaba con sus ayudantes y su escolta el lugar más delantero de la vanguardia, fuimos los primeros en lanzarnos a galope en la dirección en que habían hecho fuego los españoles. Más al llegar a la zanja, no encontrando de inmediato por dónde poder pasarla, tuvimos que seguir por sus bordes, varios cientos de metros dando el flanco derecho al enemigo. 

Al fin la vadeamos, pero entonces nos detuvo la cerca de alambre del otro lado de la cual se encontraban los españoles formando dos cuadros, uno a la derecha de la cerca de malla y otro a la izquierda, que era el que más próximo nos quedaba. En estos momentos, avanzó a reunírsenos el regimiento “Céspedes” y con su ayuda echamos al suelo la alambrada en unos cuantos minutos. Esta, como he dicho antes, le quedaba tan cerca al enemigo que es inexplicable por qué no apoyó su formación en ella. 

De todas maneras, el habernos tenido que detener a pocas varas del cuadro español fue una desventaja para nosotros, porque no pudiendo renovar a tal distancia el aire de carga, llegamos a él a paso de camino casi al mismo tiempo, el general Máximo Gómez, viniendo desde el centro con su Estado Mayor y escolta y algunos escuadrones villareños, con el propio general Serafín Sánchez al mando. 

Su conversión se había efectuado en ruta contraria a la de Maceo, o sea, hacia su derecha. Cuatrocientos cincuenta o quinientos jinetes arremetieron contra los españoles. Sonaba el golpe de nuestros machetes, contra las bayonetas, pero con bastante más frecuencia contra el cráneo de los soldados enemigos. 

Los disparos eran muy pocos, ellos no tenían tiempo para cargar sus fusiles y a nosotros nos embriagaba el uso de nuestra arma favorita. ¡Oh, Máximo Gómez, que acertado estuviste en ponerla en nuestras manos!

El impetuoso ataque, que duró unos 15 minutos empedró el terraplén de cadáveres con más de un centenar de hombres mutilados, el botín de guerra fue abundante, se recogieron ciento cincuenta fusiles máuser, sesenta Remington, seis cajas de municiones, los caballos de los oficiales y de la tropa, las acémilas, el botiquín y la bandera roja y gualda.

Por los documentos hallados se descubrió que la columna destrozada la componían el batallón de Canarias, dos secciones de Bailón y un escuadrón de Treviño. Por su parte, los cubanos sufrieron cuatro muertos y 42 heridos de los primeros, el bravo Teniente Coronel José Cefí, de las fuerzas invasoras de Oriente, verdadero dechado de heroísmo. En sustitución de Cefí ascendieron a Ricardo Sartorio, otro monumento de valor.

Fue de tal vehemencia la escena que el general Bernabé Boza en su Diario de la Guerra, no pudo por menos que exclamar: “¡Qué cosa más horrible es un macheteo! ¡Los hombres nos convertimos en fieras hambrientas de sangre! Mientras que José Miró Argenter quien fue testigo de aquella heroica epopeya, apuntó: «Firme aún, la infantería española, rodilla en tierra, resistió con un fuego mortífero y las puntas de las bayonetas, para que nadie pasara. Al grito de «arriba Oriente, al machete, viva Maceo», abren brecha los orientales y acuchillan sin piedad durante quince minutos». «No duró más tiempo el drama. Aquí han caído dos secciones completas con sus oficiales que los mandaban, más allá, grupos de infantes y jinetes mezclados en confusión, ruedan al filo del sable cubano».

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