José Francisco Martí y Zayas Bazán

17 de noviembre de 2021

La fibra patriótica del Apóstol ha brotado espontánea en el alma de Jose Francisco Martí sin ocultar a su madre la intención de participar en la guerra que se libra en lo campos de la isla de Cub . Pobre mujer a quien ha tocado sufrir profundamente la política de Cuba, …ahora por segunda vez en su vida.

En una carta de Carmen Zayas Bazán -octubre 1896- escrita en New York y dirigida a Manuel Mercado, -el que siempre fue gran amigo del Apóstol, y en cuya casa se efectuó el matrimonio civil de Carmen y Martí-, dice ella entre otras cosas refiriéndose al hijo amado:

“… Pepe hace un año que lucha entre los deseos de irse a la guerra y el dolor en que quedaré yo sumida, y la soledad en un país extranjero, pues no me permitirán volver a mi país. Aquí, después que pasó la muerte horrible de su padre, pensé educarlo y hacerlo un ingeniero. En cinco meses que hace estudia el inglés, lo domina bastante para entrar en la preparación de su carrera alcanzando a sus condiscípulos los que le llevaban un mes de adelanto. Si en medio de una vida de destierro se puede tener alguna paz yo creía haberla conquistado haciendo con mis lágrimas que mi hijo olvidara sus deseos, pero he llevado un golpe terrible, ayer me convenció que está muy lejos de haber renunciado a su ideal, y creo que o por un esfuerzo supremo lo saco de aquí, o he de verlo embarcarse en una de esas peligrosas expediciones que llevan tantos héroes a morir…”

Y continúa la madre explicando al gran amigo mexicano:

“…Si los cubanos triunfan, como creo, mi tierra quedará sumida en gran pobreza, y no sé qué vida le espera a mi hijo que deseo ver un hombre distinguido. Ya Ud. sabe qué son los militares en nuestras tierras, instrumentos de descontentos para las guerras civiles. Sus pocos año (diez y siete), él no puede ocupar un puesto serio y tendrá que contentarse con ser protegido de algún general, a pesar del nombre que lleva…

En otra parte de la misiva expone su pensamiento al respecto y termina con una muy inquisitiva pregunta:

“…Yo no creo que a sus cortos años sea un compromiso ineludible ir a pelear donde se sobran hombres que hagan lo mismo. Si él fuera un general, un hombre civil ya de responsabilidad, que pudiera ayudar con su saber o su espada, yo misma lo creería inevitable, pero ¿sólo porque lleva el nombre de su padre ha de ir a exponerse sin grandes ventajas para la patria ni para él?…”

Ella pedía ayuda al Sr. Mercado con el propósito de residir en Ciudad México, pensando que al sacar a Pepito de la zona neoyorquina, donde los cubanos gritaban a cada instante “viva Cuba libre”, el muchacho dejaría de pensar en ir a la contienda, la cual había organizado Jose Martí como la guerra justa y necesaria.

Sin embargo, el hijo del héroe caído en Dos Ríos escapó al tutor al que su madre había encomendado, y se alista en la expedición Laurada de los oficiales del Ejercito Libertador Emilio Nunez y Carlos Roloff Mialosky, de este mismo patriota del que Martí un vez expresó que era un “vehemente y fiel polaco, el cubano indomable y fidelísimo que trajo a la guerra de la libertad, la guerra de un país donde él no había nacido, su juventud y su fortuna”.

Partió la nave el 27 de febrero de 1897 desde algún lugar de New York y los 36 hombres desembarcan en la costa norte de la provincia de Oriente, Cuba; incorporandose Pepito Martí al Ejercito en el Departamento Oriental el 21 de marzo del mismo año como el soldado raso numero 35811 a las órdenes del General Calixto García Iñiguez . Tiene 19 años de edad, cuando en el mes de agosto se libra la Batalla y Toma de Las Tunas. Tres  jóvenes combatientes –Sedano, Portuondo y Pepe Martí- luchan como  improvisados artilleros, pero herido el jefe de ellos tres, el hijo del Apóstol toma su lugar. Al morir el capitán Juan Miguel Portuondo, Pepe se hace cargo del cañón y continúa como artillero en varias batallas hasta el final de la Guerra de Independencia. Debido a esa ocupación resultó lesionado permanentemente del sentido de la audición.

Por méritos propios había  obteniendo los grados desde “alférez”  a “teniente” a “capitán”.

Finalizada la guerra justa y necesaria recibe la medalla del Ejercito Libertador y la del Mérito Militar.

Poco después recibe el licenciamiento del Ejercito  -Departamento Oriental-.

Pero no fue fácil la vida activa civil para el que tantos méritos había alcanzado durante la guerra. Sus empleos fueron de sueldos muy bajos y horarios difíciles haciendósele, ademas. difícil continuar sus estudios universitarios.

El 20 de Mayo de 1902 -al cambio de poderes-  recibió el honor   para hacer el acto de banderas ante la Capitanía General.

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