JAN Y CUJE. “Nuestras dolorosas patrias americanas”

Written by Libre Online

27 de septiembre de 2022

Seis países insignificantes, dicho sea, sin ánimo de ofender. De tres de ellos, Guatemala, Costa Rica y Panamá, no se habla, y tampoco de la República Dominicana, lo que quiere decir que no ha ocurrido en ellos nada particularmente malo. En cambio, Nicaragua ha ido de mal en peor, 

con Daniel Ortega y su pelúa cada vez más represivos. En cuanto a Honduras, los hondureños acaban de elegir Presidente a la esposa de quien ocupó

 el mismo cargo y fue depuesto por corrupto.

Martí las llamó “nuestras dolorosas patrias”, pero se equivocó en el uso del posesivo. Suyas no eran. Probó a vivir en México, luego en Guatemala, luego en Venezuela, y terminó asentándose en The land of the Free and the Home of the Brave, que era, a no ser su propia e inalcanzable patria, el lugar para un hombre como él. Como nosotros, que yo tampoco puedo vivir en ciertos lugares. 

México lo tiene todo para ser un gran país, pero no lo es y todo parece indicar que nunca lo será. Era mejor, incomparablemente mejor a fines de los años 50’ y principios de los 60’. Allí se podía vivir. Pero el narcotráfico y la corrupción lo han convertido en un matadero de gente con algunos pocos oasis de civilización… que ojalá se mantengan. Como si fuera poco, y poco no es, ahora tienen de Presidente a una especie de payaso charlatán, al que le ha dado, entre otras marihuanadas, por convertirse en paladín del indigenismo, aunque no parece tener sangre india y sus proclamas son, como tenían que ser, en español. Una maldición que siempre ha pesado sobre México, desde su independencia, es la glorificación de uno de los pueblos que encontraron los españoles, el que les amargaba la vida a los demás con su condición feroz y depredadora. Los mexicanos no son, ni remotamente, aztecas, que poco quedó de ese pueblo luego de la toma de Tenochtitlán, pero aztecas se llaman. He escrito este párrafo con cierto dolor, porque yo fui feliz allí. Pero aquel México de mi juventud ya no existe. 

Veamos a Centroamérica. Seis países insignificantes, dicho sea, sin ánimo de ofender. De tres de ellos, Guatemala, Costa Rica y Panamá, no se habla, y tampoco de la República Dominicana, lo que quiere decir que no ha ocurrido en ellos nada particularmente malo. En cambio, Nicaragua ha ido de mal en peor, con Daniel Ortega y su pelúa cada vez más represivos. En cuanto a Honduras, los hondureños acaban de elegir Presidente a la esposa de quien ocupó el mismo cargo y fue depuesto por corrupto. En El Salvador, su Presidente ha encarcelado a miles de miembros de las feroces bandas llamadas maras, lo cual no está mal, pues la cárcel es el sitio adecuado para los delincuentes; el problema es que como son tantos miles, alimentarlos se ha convertido en un problema, un problema que Hitler, Stalin o Mao hubieran resuelto, solución que no está al alcance del Presidente salvadoreño. 

Colombia. Hace mucho leí un libro cuyo título era Cómo fue que se jodió Colombia. El autor se adelantó a los hechos porque ahora, después de setenta años de democracia mantenida contra viento y marea, el viento de la guerrilla y la marea del narcotráfico, los colombianos acaban de elegir Presidente a un izquierdista que hará lo único que los izquierdistas saben hacer, o sea, precisamente joder. Joderlo todo. Por cierto, ese verbo de tan peculiar fuerza expresiva es de uso común entre los colombianos, mejor hablados que nosotros los cubanos, que lo consideramos “una mala palabra”. 

Junto a Colombia, Venezuela, donde los venezolanos eligieron, hace un cuarto de siglo, a un militar golpista, luego de casi medio siglo de gobiernos democráticos y elecciones libres. El golpista murió, pero ahí está su heredero, el podrido Maduro, que se las ha arreglado para arruinar un país petrolero, algo que, como dicen en la Isla, “no es fácil”. 

Veamos a Ecuador, donde, como en los tres centroamericanos y la Dominicana, no pasa nada. Mejor así, que, en estos países, cuando algo pasa, siempre es malo. 

Perú, un país “latino”, donde los políticos llevan apellidos quechuas, polacos y japoneses, el pueblo soberano eligió a un señor llamado, menos mal, Castillo. Su apellido no lo salva de la ridiculez, materializada en un enorme y feo sombrero. Ya se metió en líos de corrupción con tánganas callejeras y todo. 

Bolivia. Me pregunto qué pensaría el Che Guevara del país que fue a liberar y donde murió. A los argentinos, y el Che nunca dejó de ser argentino, aunque su nombradía está ligada a Cuba y a los cubanos, y nada tiene que ver con su país de origen, a los argentinos, les decía, no les gustan nada los indios. Por poco no dejan uno vivo en lo que llamaron “las Campañas del Desierto”. En fin, Bolivia, donde ya no está Evo Morales, es como si estuviera. 

Los chilenos parecen empeñados en superar a todos los países “south of the border on Mexico way” en materia de disparate político. Luego del desastroso gobierno de Allende, del cruento golpe militar que lo derrocó y de una exhibición de eficacia dada por Augusto Pinochet, que llevó a Chile a los umbrales del Primer Mundo, ahora se aparecen con una segunda versión de tercermundismo socialista. Parece un mal que no tiene remedio. 

Argentina, ya no es lo que fue, lo que parecía ser hace un siglo cuando era uno de los países más prósperos del mundo. Pero comenzaron los golpes de Estado militares, surgió el peronismo, más golpes, más peronismo ya sin Perón y Argentina no para de dar tumbos. ¡Pero, caramba, no se cae! No acaba de caerse. Ya no es lo que fue, pero al menos se le parece, se parece al gran país que ya no es, Lo que me hace pensar que quizás podría volver a serlo. Esta idea se me ha ocurrido al pensar en mi propio país. Cuba no volverá ser lo que fue, nunca llegará a ser aquello a lo que parecía destinada. 

Uruguay y Paraguay son otros países de los que apenas se habla, lo que, insisto, cuando de un país latinoamericano no se habla, es porque nada malo está sucediendo en ellos. Uruguay tuvo, hasta hace poco, un Presidente sumamente agresivo y deslenguado, José Mujica, antiguo miembro de la organización terrorista Tupamaros. Tan deslenguado era, o es, que cuando estuvo en Cuba y fue a visitar al pobre Fidel, que ya estaba ido, lo describió como “un viejito chocho”. Aunque, como todos los tupamaros, ha de haber sido un asesino, esa frase sobre el Destructor en Jefe casi me hace simpatizar con él. 

Para terminar, Brasil, el País del Futuro que Nunca Llega, que ahora parece encaminado a elegir -a reelegir- al exconvicto Lula Da Silva, condenado por corrupción. A pesar de su inmenso territorio, el quinto mayor del mundo, y de su fútbol, y un poco -no mucho- de su música, no puedo tomar en serio a Brasil, que, dicho sea de paso, es un país sumamente racista, que no sé de ningún negro o mulato brasileño que sea un político importante. 

“Nuestras dolorosas patrias americanas”. Martí, insisto, se equivocó al llamarlas “nuestras”. Acertó, en cambio, al llamarlas “dolorosas”. No para todos, pero sí para muchos, siempre ha sido un dolor vivir en ellas. La nuestra, que era la mejor, junto con Argentina, ya ven como terminó.

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