JAN Y CUJE. Crímenes estudiantiles

Written by Libre Online

14 de septiembre de 2022

Por Roberto Luque Escalona

Entre los protagonistas de los violentos sucesos de aquellos años figuraron muchos jóvenes alumnos de la Universidad de La Habana. A dos de esos sucesos quiero referirme

 Me gustan los estudiantes

porque son la levadura

del pan que saldrá del horno

con toda su sabrosura

El autor de estos versos es un trovador suramericano, creo que argentino o uruguayo, de cuyo nombre no puedo acordarme. Sólo le deseo que sea él quien se coma ese pan.

Los estudiantes, tan alabados cuando participan en hechos contra un gobierno, casi siempre de manera violenta, son personas muy jóvenes, cuya experiencia política es nula y que, con raras excepciones, nunca han trabajado. Rolando Masferrer trabajaba de traductor en el periódico comunista Hoy mientras estudiaba Derecho y Wilfredo Ventura era “caballo”, estibador suplente en los muelles cuando- estudiaba Medicina. Son los únicos casos que conozco, aunque seguramente hubo otros.

Lo que les falta de experiencia les sobra de arrogancia. Lo saben todo, mientras que “los viejos” no saben nada. Y si descubren una ideología que les alumbre su sendero, pueden alcanzar las más altas cimas de la bobería. Lo digo por experiencia propia, que cuando descubrí el socialismo siendo estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México cometí algunas de las peores imbecilidades de mi vida. Sólo Fidel Castro, con su absurda y criminal manera de gobernar, logró sacarme de aquel error.

Buenos no son aquellos que, por haber vivido pocos años, han tenido poco tiempo para ejercer la maldad. Malos, los que aprovecharon la oportunidad para ejercerla cuando se les presentó.

En los primeros años de la década del 30´, bajo Machado, las bombas y los disparos eran el sonido nuestro de cada día. Sobre todo en La Habana, que de ser espectadora en las guerras de independencia se convirtió en escenario principal de la lucha contra la dictadura machadista. Casi todo lo que sucedió en esos años sucedió en la capital, con la única excepción de la expedición que desembarcó en Gibara en agosto de 1931, desbaratada en un dos por tres por el entonces eficaz ejército de la República.

Entre los protagonistas de los violentos sucesos de aquellos años figuraron muchos jóvenes alumnos de la Universidad de La Habana. A dos de esos sucesos quiero referirme.

En el verano de 1932 un grupo de estudiantes alquiló una casa en una de las calles aledañas al cementerio de Colón. Partiendo de ella, se dieron a la tarea de construir un túnel hasta el panteón de la familia de Clemente Vázquez Bello, presidente del Senado, que apoyaba el buen gobierno devenido en dictadura de Gerardo Machado.

Se dice fácil, pero era toda una obra de muy difícil ejecución; una tarea para ingenieros. No ingenieros, pero sí estudiantes de Ingeniería fueron quienes hicieron los cálculos y dirigieron las excavaciones. Los implicados en el complot cavaron y cavaron hasta llegar justo debajo del panteón que era su objetivo. Una vez alcanzado éste, llenaron el recinto subterráneo con quién sabe cuántas libras de explosivos, conectados a un sistema eléctrico situado en la casa.

Listo el escenario, los estudiantes asesinaron a Vázuez Bello, un hombre al que nadie acusó nunca de cometer crímenes, y se sentaron a esperar el entierro.

Al sepelio debía concurrir el Presidente Machado, junto con todos los miembros de su Consejo de Ministros, legisladores de ambas cámaras, los más altos jefes militares, algunos embajadores y, como es natural, la esposa, hijos y familiares cercanos del difunto, más el sacerdote encargado del responso, probablemente un miembro de la jerarquía católica. Toda esa gente debía morir.

Pero no murieron. Sucedió que la viuda del difunto dispuso que fuera enterrado en Santa Clara, su ciudad natal, lo que impidió la ejecución de lo que hubiera sido la mayor masacre de nuestra Historia, ejecutada por jóvenes idealistas, al frente de los cuales estaba Pío Álvarez.

Pío es no sólo un nombre propio, por cierto, muy común entre los papas; también es un adjetivo que se relaciona con la bondad. Y no era sólo el nombre; había que ver la cara de muchacho bueno que se gastaba este joven que pudo haber sido el peor asesino nacido entre cubanos.

Un año después, derrocado Machado, hubo otro crimen estudiantil, este sí ejecutado con éxito. Un grupo de estudiantes entre los que estaban Carlos Prío, Rubén de Leon, Lincoln Rodón y otros que no tuvieron posterior nombradía prendieron a José Soler Lezama, acusado de haber delatado a otro joven asesinado por la policía machadista, lo llevaron a una finca en las cercanías de La Habana y allí lo juzgaron, condenaron a muerte y ejecutaron.

O sea, lo asesinaron, que los estudiantes jueces y verdugos no tenían la menor potestad para juzgar a nadie y menos para ejecutarlo, pues en Cuba, en aquel entonces, no existía la pena de muerte. Fue, ni más ni menos, “un juicio revolucionario, antecedente de los miles que definirían al fidelismo como un régimen criminal.

Carlos Prío, uno de los jueces y verdugos de José Soler Lezama, se definiría a si mismo como “un Presidente cordial”. La cordialidad no estuvo presente aquel 4 de septiembre de 1933. Porque fue ese 4 de septiembre cuando ocurrió lo que acabo de contarles.

Un cuarto de siglo después, cuatro jóvenes estudiantes llegaron al Montmartre, cabaret-casino en la calle P de El Vedado, con el propósito de matar a Santiago Rey, Ministro de Gobernación, jugador empedernido que todas las noches acudía allí. Pero, vaya usted a saber por qué, esa noche no acudió. Los jóvenes, frustrados, calmaron su frustración matando al coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar… que resultó ser un comunista infiltrado desde hacía mucho tiempo en el ejército.

Rolando Cubela, que dirigió el disparatado asesinato, acaba de morir en Miami. Miembro de la dirigencia del Directorio, participante en el asalto al Palacio Presidencial, comandante, Presidente de la FEU, campeón nacional de remos, presunto conspirador con la CIA para matar a Fidel Castro, posible agente doble. Muy complicada vida la de Cubela. Sin embargo, su muerte apenas fue noticia en la prensa local.

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