JAN Y CUJE

Written by Libre Online

28 de noviembre de 2023

Por Roberto Luque Escalona

Pocas cosas me sacan más de quicio que las lamentaciones por la muerte de un enemigo. 

Que, si a un enemigo lo mata otro enemigo, no veo motivo para lamentarlo. Así soy yo de malo

con los que malos son

* Las visitas de los jefes de estado casi siempre son en la capital del país visitado. Por eso me pregunto a qué viene esa visita de Xi Jinping, el presidente chino, a San Francisco. Ahora bien, en Washington o en la costa del Pacífico el presidente Biden siempre es el mismo. Para demostrarlo, llamó “dictador” al mandatario chino.

* El sistema de túneles cavados por los palestinos en Gaza y más allá ha de haber costado cientos de millones. Incluye todo tipo de instalaciones, no todas ellas destinadas al combate. Por supuesto, todo ello pagado con la “ayuda humanitaria” que le llega por tuberías a esos terroristas. Israel parece empeñado en destruir ese canto a la solidaridad.

* Rashida Tlaib, congresista demócrata por Michigan, tiene relación con un grupo que publica en Facebook propaganda a favor de los terroristas de Hamas. Me pregunto ¿qué puede hacer permisible que una miembro del Congreso participe en tales actividades, claramente orientadas contra América? 

* Barbra Streisand dice que se marchará de Estados Unidos si Donald Trump es elegido de nuevo presidente. Me parece muy bien, por lo que quiero expresarle mi solidaridad a la gran actriz y cantante. Si pudiera conseguir su dirección en el país que escoja como residencia le enviaría un ramo de rosas Príncipe Negro. Mi flor favorita para mi cantante favorita.

Si por fin llevara a cabo su propósito espero que otras estrellas de Hollywood la imiten.

* A la compañía cuyo dueño es Robert De Niro  la condenaron a pagar un millón 200 mil dólares a un ex asistente de producción o algo así. De Niro, un “never Trump” me cae de la patada, aunque mucho disfruté algunas de sus actuaciones, sobre todo Midnight Run, un banquete de película en la que se bate con una gran actuación de Charles Grodin, y otras menores, pero también interesantes de Yaphet Kotto y John Ashton.

* Las pejigueras sobre la muerte de Camilo Cienfuegos parecen haber perdido dolientes. Este año no me han llegado los tristes clamores; aunque quizás se deba a lo aislado que vivo. Ojalá que no se hayan producido, que pocas cosas me sacan más de quicio que las lamentaciones por la muerte de un enemigo. Que, si a un enemigo lo mata otro enemigo, no veo motivo para lamentarlo. Así soy yo de malo con los que malos son.

* Los últimos miserables años de la ancianidad de Fidel Castro fueron un regalo para mí. En cambio, la vejez de Raúl no la he podido disfrutar. El tipo se mudó a Santiago de Cuba y no se deja ver. Me imagino que ha de estar todo el tiempo ajumao.

* Durante años he oído decir que Raúl Castro (o Mirabal o lo que sea) es homosexual. Por si quieren saber mi opinión, se las digo: no me importa. Las preferencias sexuales de un asesino son irrelevantes; lo que cuenta son sus asesinatos.

* Ernesto Guevara de la Serna, alias El Che, es un personaje sumamente peculiar. Con Argentina, su país de origen tiene muy poca relación. Como ente histórico está ligado a la lejana Cuba. 

Argentina ha sido pródiga en personajes famosos. Como es natural, tales personajes tienen un desempeño destacado, exitoso, en el ámbito en que actúan o han actuado. Todos los argentinos famosos que yo conozco dejaron una huella marcada por el éxito. Hasta Luis Ángel Firpo, derrotado por Jack Dempsey, ha quedado en la historia como el autor del más famoso golpe del boxeo, el que sacó a Dempsey del ring.

Los demás, sean futbolistas (Di Stéfano, Maradona, Messi), escritores (Borges, Cortázar, Sábato), los tres Premios Nobel de Medicina, Juan Manuel Fangio, Pascual Pérez, el actual Papa, incluso Juan Domingo Perón, único dictador derrocado que recuperó el poder por medio de unas elecciones: todos ellos eran personas dotadas con el don de la eficacia: lo que hacían, lo hacían bien. Única excepción: Ernesto Guevara. El Che Guevara.

María del Carmen Ferreyra, a quien todos llamaban Chichina, una muchacha cordobesa de clase alta que fue novia del sujeto que nos ocupa, lo definió con exactitud. Al pobre Ernesto, dijo, todo le salía mal.

Cierto. Y si todo le salía mal era por su mala cabeza, una cabeza llena de sueños disparatados. Su desempeño como funcionario gubernamental en Cuba sólo se puede calificar de lamentable. Cuando decidió que lo suyo no era el gobierno, sino la lucha, y se fue al Congo (a pesar de que era racista), tuvo que salir de estampida para no morir o caer prisionero, acosado por surafricanos y cubanos de Miami.

Entonces, después de mucho pensarlo en su retiro checo, se decidió por Bolivia.

Nunca le he prestado mucha atención a ese país. Sin embargo, sé que una de sus provincias, Santa Cruz, es de mayoría blanca. El resto de los bolivianos son indios o mestizos, que no parecen simpatizar con los que indios o mestizos no sean. “Fuera mulatos”. Con ese grito despidieron a los hombres del mariscal Sucre, que los habían liberado de España, tropa casi toda de zambos llaneros venidos de Venezuela y la entonces Nueva Granada. Pues allí va el Che con sus cubanos, no necesariamente mulatos, pero absolutamente extranjeros. Y mientras se movía por las serranías andinas, acosado por los rangers bolivianos y la naturaleza, todavía creía que si tuviera 150 hombres dominaría aquel país, un país extraño de casi un millón de kilómetros cuadrados.

La esquizofrenia es un trastorno mental que consiste en la ruptura del enfermo con la realidad. Recia ruptura es pensar en dominar un país de las dimensiones de Bolivia con 150 hombres.

 Los continuos fracasos del Che Guevara lo alejaban cada vez más de la realidad. “Si nos sorprende la muerte, bienvenida sea”, había escrito. Pamplinas. Lo cierto es que hablar de darle la bienvenida a esa señora sólo es posible cuando parece estar lejos. Al ser capturado tuvo un momentáneo regreso a la realidad cuando le dijo a sus captores: “No me maten. Yo soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto”. Algunos definen esa actitud como cobardía. No estoy de acuerdo. En su lugar, ¿saben lo que yo hubiera dicho? “No me maten. Yo soy Roberto Luque, un encanto de criatura, y valgo más vivo que muerto”.

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