Homenaje eterno al Apóstol de la Patria

Written by Redacción

19 de mayo de 2021

Cuando en 1895 José Martí decidió salir al campo de batalla y dar su vida por la independencia de Cuba, quizás nunca pensó en el viaje que le esperaba a sus restos después de la muerte. ¿Qué pasará con su cadáver? No es preocupación para aquel que piensa en todo un país.

Martí es considerado un prócer que sirvió incondicionalmente a su patria y proclamó ante el mundo que luchar por la esperanza donde cristaliza el sueño del hombre es crecer, vencer y multiplicarse en la vida.

Las balas extinguieron físicamente al Apóstol, cercenaron a una de las figuras cumbres del pensamiento del continente americano, pero no impidieron que su enseñanzas se multiplicaran. Hoy sus restos reposan en el cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, pero este fue su quinto entierro; antes su cadáver tuvo que pasar por cuatro destinos más.

Lo cierto es que tras su muerte en Dos Ríos, los españoles trasladaron su cuerpo inerte del maestro hasta el cementerio de un asentamiento rural en el oriente de Cuba llamado “Remanganaguas”, en la provincia de Oriente.

El cementerio de Remanganaguas estaba muy cerca del lugar donde cayó pero era un sitio muy humilde, el día 20 de mayo en horas de la tarde; el cadáver de Martí es arrojado, sin ataúd, a una fosa de tierra, lo que para muchos resulta una muestra del desprecio del mando español que dio muerte al Delegado del Partido Revolucionario Cubano y los restos del Apóstol sufrieron un gran deterioro.

El 23 de mayo de 1895, los restos de Martí fueron exhumados para la realización de una autopsia por el Dr. Pablo Aurelio Valencia Forns. Tras la confirmación de que se trataba en efecto de José Martí, su cadáver fue depositado en un rústico ataúd de madera construido por un campesino de Remanganaguas y trasladados a Santa Ifigenia por una columna española.

Tras un largo recorrido y una parada en Palma Soriano, llegó a Santiago de Cuba el 27 de mayo de 1895, fue depositado en el nicho 134 de la galería sur, del cementerio de Santa Ifigenia. En esta ocasión, el coronel Ximénez de Sandoval, con todo respeto, pronunció la oración fúnebre, luego de percatarse que no se encontraba allí presente ningún amigo o familiar de José Martí.

Pese a la compleja situación del país, el octubre de 1898 el patriota Emilio Bacardí trajo y colocó una lápida de mármol donada por los emigrantes radicados en Jamaica que consignaba «Martí, los cubanos te bendicen», y pasó a la historia como el primer detalle genuinamente popular para la veneración del Apóstol.
El 24 de febrero de 1907, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba había decidido de acuerdo con una disposición sanitaria, demoler los nueve nichos de la galería sur del Cementerio General, dado su avanzado estado de dete-rioro, y entre ellos el identificado con el número 134 contenía los restos de Martí.

El coronel del Ejército Libertador Federico Pérez Carbó, concibió y promovió la idea de respetar aquel nicho y construir en el lugar un modesto monumento hasta que pasasen los aciagos días que vivía la República y su pueblo agradecido pudiese erigirle un mausoleo digno a su memoria.

El 21 de octubre de ese propio año, se levantaría alrededor del nicho 134, el primer monumento ante su tumba. El modesto mausoleo de estilo jónico, combinaría el aspecto sencillo y elegante, que en su interior llevaría como póstumo recuerdo un ramo de flores y una bandera. Templete edificado alrededor del nicho 134 donde depositaron nuevamente los restos del Maestro tras ser ubicados en un osario.

El 3 de diciembre de 1943, un grupo de personas se visitaban al cementerio local, observó que se mantenía en una tumba muy sencilla el Templete, los restos de Martí.  Como resultado de la impresión de ese día, emitieron un juramento, hacer todo lo posible para levantar un mausoleo que fuera digno del Apóstol.

Debido a la inconformidad de un pueblo expresado en la voluntad de un selectivo grupo de martianos, por tan modesto monumento erigido al Maestro al pie de sus restos mortales, y los daños ocasionados por las intensas lluvias al panteón donde estos descansaban, dio lugar a que se constituyera el Comité: “Por una Tumba Digna del Apóstol Martí”, promovido por el Club Rotario de Santiago de Cuba, entre ellos el futuro Alcalde Luis Casero, el presidente del comité fue el Dr. Felipe Salcines.

Los focos de este club diseminados por el país, la voz de García Inclán en la revista Bohemia, la propuesta y defensa del senador villaclareño Elio García de Cárdenas y el reclamo de los veteranos, concluyeron con la aprobación de una ley que concedía 100 mil pesos para la construcción de un mausoleo.

Para llevarlo a efecto, en 1946 se convocó a un concurso nacional donde se presentaron 18 proyectos y resulto electo el del escultor Mario Santí y el arquitecto Jaime Benavent.

Ante la necesidad de erigir dicho obelisco se impuso la necesidad de trasladar provisionalmente el osario hacia el Retablo de los Héroes, lugar donde descansan los mayores generales Moncada, José Maceo y Flor Crombet, entre otros heroicos mam-bises.

Con la solemnidad correspondiente a su alto rango y de manera sencilla, el 8 de septiembre de 1947 eran depositados en aquel lugar, hasta tanto culminaran las obras del nuevo monumento.
Las obras del nuevo mausoleo culminarían en 1951. El día 29 de junio de 1951 luego de la comprobación de rigor, fueron transferidos de la vieja caja donde habían sido colocados en 1907 y depositados en el interior de una urna de bronce, elaborada al efecto, y, ante el público asistente, fue sellada con una soldadura autógena para que se conservaran a perpetuidad.

Terminado dicho acto, en reverente peregrinación, sus restos fueron trasladados al Salón del Gobierno Provincial de Oriente, donde colmado de coronas de flores se le rendirían Guardias de Honor por las más altas figuras de la nación, sin distinción de credo o filiación política, desde las dos de la tarde del día 29 hasta el día 30, a las tres de la tarde, cuando se trasladaría la urna cubierta con la enseña nacional en un armón de artillería, hasta su definitiva tumba erigida en Santa Ifigenia.

Una solemne y emotiva ceremonia encabezada por el Presidente de la República, doctor Carlos Prío Socarrás, marchaba detrás, acompañado por Hortensia, Alia y Aquiles, hijos de Amelia Martí Pérez, hermana del Apóstol, y otros integrantes del Gobierno, seguidos de unas cincuenta mil personas, mientras las mujeres santiagueras colocadas en ambas aceras, desde el Gobierno Provincial hasta Santa Ifigenia, arrojaban pétalos de rosas al paso de los restos del más grande de los cubanos.

En medio de un silencio sepulcral, una batería colocada a la entrada de la necrópolis santiaguera, disparaba una salva de 21 cañonazos, en honor al Mayor General y Delegado del Partido Revolucionario Cubano, muerto en campaña, mientras en brazos del Presidente de la nación, el tesoro más valioso del patrimonio martiano, era depositado en una hermosa cripta en la que descansaría para siempre.

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