Historia de la Navidad

Written by Libre Online

19 de diciembre de 2023

Ilustraciones de Hal Foster (1949)

El camino estaba preparado para el advenimiento de Jesús. Los profetas antiguos lo habían proclamado y los sacerdotes habían dicho siempre a sus congregaciones:

– Apartaos de vuestros hábitos mundanos y preparad vuestros corazones para el advenimiento del Mesías.

– “La voz del que clamó en el Páramo: preparad el camino del señor, y haced, recta, en el desierto, una gran vía para nuestro Dios”.

José quedó asombrado y atónito cuando María, la doncella con quien se había desposado, le dijo que había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. José, confundido y perplejo, no sabía qué hacer, y hasta que un ángel se le 

apareció, diciendo:

-José, hijo de David, no temáis acoger a María vuestra esposa: pues lo que ella ha concebido en su entraña es obra del Espíritu Santo.

“Y ella dará un hijo, y tú le pondrás Jesús: pues él salvará al pueblo de sus 

pecados”.

No solo a los judíos se le apareció la estrella; hombres de razas diferentes, y diferente credo, la vieron. En la lejana Persia, entre las colinas, más allá de Babilonia, tres sabios, los Magos del culto de Zoroastro, vieron la gran estrella, elevarse en el firmamento y, habiendo interpretado su significación, cargaron sus camellos con ricos presentes y partieron en el largo, largo viaje hasta Belén, a rendir homenaje al Príncipe del cielo.

José y María no eran los únicos que estaban de viaje. Por orden del emperador César Augusto, todos los habitantes del país tenían que ir a su ciudad de origen para inscribirse en un censo. ¿Qué hizo José? “Subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser miembro de la casa y familia de David.”

La gran multitud que había venido a Belén a inscribirse llenaba cada abrigo. Pero José halló un lugar para María en el pesebre del cobertizo del ganado, pues se le había cumplido ya el tiempo, la hora del alumbramiento estaba al llegar.

Y ahora la estrella despedía tal esplendor que los pastores se juntaron y la contemplaron con asombro. Débilmente al principio, pero creciendo en volumen, oyeron el canto de las voces de los ángeles:

-Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Hoy ha nacido el Salvador.

En el heno fragante yace María contemplando amorosamente a su hijo , mientras los pastores permanecen en asombrado silencio a la entrada.

El aire mismo parecía cargado de júbilo como si a lo lejos, los ángeles estuvieran regocijando y la música de sus voces descendiera tenuemente a la tierra.

Todas las profecías se habían: el dulce Salvador había nacido.

Todos creemos en la enseñanza de este Príncipe de la Paz. Algún día las 

seguiremos y, al fin,  tendremos Paz.

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