HALLOWEEN: cómo reciclar una fiesta milenaria

Written by Libre Online

25 de octubre de 2022

La fiesta de Halloween, con sus disfraces y sus calabazas, tiene su origen en una milenaria tradición celta que Estados Unidos reinventó, hizo suya y exportó. Hoy es una celebración de ocio y consumo extendida por casi todo el mundo.

Por Teresa Sánchez-Bermejo

Los orígenes de Halloween se remontan a hace más de 3.000 años cuando los pueblos celtas celebraban el llamado Samhain («Fin del verano» en gaélico antiguo). Era a finales de octubre y marcaba el final de la temporada de cosechas y el comienzo del “Año nuevo celta”.

  Los celtas creían que esa noche los espíritus de los muertos podían caminar entre los vivos. Por eso dejaban comida fuera de sus casas y encendían velas para ayudar a las almas a encontrar el camino. También se reunían alrededor de hogueras y llevaban disfraces o máscaras para confundir a los espíritus. Los druidas -sacerdotes celtas- preparaban pócimas, hacían vaticinios y realizaban ritos y ofrendas a sus dioses para tener buenas cosechas.

  Luego, con los romanos, la celebración se mezcló con otras como la Fiesta de la Cosecha; y en el siglo VIII el papa Gregorio III, probablemente con la intención de eliminarla, cambió el Día de Todos los Santos de mayo al 1 de noviembre. No lo consiguió, o, al menos, no del todo, ya que la noche anterior continuó celebrándose y comenzó a llamarse la “Víspera de Todos los Santos”, en inglés «All Hallow´s Eve», que terminó derivando en «Halloween».   De Irlanda a América y al Mundo.  La tradición celta se extendió por gran parte de Centroeuropa, y en la península ibérica llegó a zonas como Galicia y Asturias; pero además a mediados del siglo XIX se produjeron grandes migraciones de irlandeses y escoceses que la llevaron a la costa este de los Estados Unidos, donde se fue asentando y extendiendo.

    En 1921 tuvo lugar el primer desfile de Halloween en Minnesota. Le siguieron otros estados y a partir de entonces la fiesta arraigó en Estados Unidos y Canadá.

  La internacionalización se produjo a finales de la década de 1970 gracias al cine y las series de televisión norteamericanas. En España, al igual que en otros países, comenzó a hacerse hueco en fiestas infantiles, y luego fue ganando terreno entre los adultos.

   Hoy, Halloween es una celebración asentada en buena parte del mundo y un gran negocio en el que no faltan disfraces, elementos decorativos (telas de araña, esqueletos, ataúdes, calabazas…), dulces y fiestas. Todo, con una escenografía relacionada con la muerte, pero al servicio de la diversión y el consumo.  Disfraces y Calabazas.  

La gran tradición en Halloween es disfrazarse, y hacerlo de algo que dé miedo. Por ello, esa noche las calles se llenan de esqueletos, zombis, fantasmas, brujas, momias y monstruos varios; además de otros personajes menos “clásicos” que van apareciendo cada año a rebufo de juegos, series o películas.

   El origen de esta tradición es una antigua leyenda irlandesa, la de Jack, un irlandés tacaño y estafador, que consigue engañar al diablo, pero que al morir no puede entrar en el cielo ni en el infierno, por lo que se ve condenado a vagar eternamente. Lo hace alumbrándose con un candil fabricado con un nabo hueco con una vela en su interior.  Truco o Trato.  En la noche de Halloween es habitual organizar fiestas de disfraces y reuniones para contar historias de miedo o ver películas de terror, pero lo que nunca falta son niños que van puerta por puerta diciendo «trick or treat», una costumbre que también proviene de Irlanda, aunque hay distintas explicaciones. 

Una de ellas nos remite a la antigua tradición de los celtas, que creían que los muertos podían volver al mundo esa noche y hacer maldades si no se les daba lo que querían. Otra, en cambio, sitúa su origen en la Edad Media, cuando los niños pobres iban por las casas pidiendo limosna y comida a cambio de rezar por las almas de los muertos.

  Aunque la traducción “truco” en castellano por el inglés “trick” se ha generalizado, no se refiere a un truco sino más bien a un susto o una broma. Los niños piden caramelos o dulces, con la frase “Trick or treat”, de forma que, si no consiguen el premio, podrían hacer alguna travesura. 

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