Hablan testigos y familiares en Miami. El horror de Fidel: el primer secuestro aéreo de sobrevivientes que fueron devorados por tiburones

Written by Germán Acero

12 de mayo de 2026

Lo único que recuerdan los sobrevivientes, testigos y familiares es que un hombre de mal aspecto sorpresivamente apareció en la cabina de un avión de “Cuba de Aviación” y le dijo secamente al piloto portando un arma de fuego: ¡Esto es un secuestro!

Eran en total cinco secuestradores pertenecientes al movimiento revolucionario 26 de Julio que apoyaban la lucha del dictador Fidel Castro en Sierra Maestra a donde tenían que llevar armas, explosivos y municiones, para apoyar allí la lucha y por eso decidieron cargar y secuestrar este avión.

Así fue el primer secuestro aéreo en Cuba (y considerado por muchos el primero de la aviación civil con fines políticos) ocurrió el 1 de noviembre de 1958, cuando miembros del Movimiento 26 de Julio desviaron un avión de Cubana de Aviación (Vuelo 495) que cubría la ruta Miami-Varadero.

Pretendían en el fondo desviarlo hacia la zona oriental de la isla. Detalles claves del suceso hay varios. Pero lo que buscaban los secuestradores era abordarlo para llevar armas, municiones y dinero para apoyar a las guerrillas de Fidel Castro, en la Sierra Maestra que luchaban contra Batista.

Pero terminó todo en una espantosa y horrible historia que se recuerda en Cuba y en Miami. Hubo un trágico desenlace: el avión, un Vickers Viscount, se quedó sin combustible y se precipitó en la Bahía de Nipe, resultando en la muerte de al menos 14 personas.

Pero lo más tenebroso es que algunos sobrevivientes fueron devorados por los tiburones y partes de sus cuerpos aparecieron flotando en el mar. Otros lograron salvar sus vidas aferrándose a los escombros y equipajes del avión esperando ser rescatados.

Ocultamiento: El hecho fue silenciado en su época por ambas partes, ya que ni a Batista le convenía difundir la inseguridad, ni el suceso encajaba en la narrativa posterior. Aunque a menudo se confunde con los secuestros masivos hacia la isla tras el triunfo de la revolución en 1959, este evento ocurrió meses antes y fue perpetrado por fuerzas revolucionarias.

Reynol Rodríguez contiene las lágrimas cuando se acuerda de esta terrible tragedia y, secándose sus lágrimas, dijo: “Ahí entre los 14 muertos estaba mi abuelo, José Manuel Rodríguez, a quien hoy recordamos con profundo cariño y dolor”.

“Los secuestradores estaban entre los 17 de los 20 a bordo que murieron cuando la nave se estrelló cuando intentaba aterrizar en la provincia de Oriente. Lo más terrible es que la mayoría de los pasajeros murieron devorados por tiburones y otros ahogados”, afirmó. 

Reynol Rodríguez, debido a esto, inició una campaña para financiar una película cuyo director ha sido Lilo Vilaplana, siendo inaugurado este acto en el Big Five de Miami el pasado sábado donde asistieron familiares y testigos como la hija del piloto.

El cineasta Lilo Vilaplana y el activista Reynol Rodríguez ahora han intentado hacer visible un crimen que contó con el silencio cómplice de muchos, incluidas autoridades y numerosos e importantes medios de prensa de la época.

“Han transcurrido décadas, abrumadores días y horas, al extremo que los que vivimos esos tiempos aciagos apenas lo recordamos, razón por la cual es prudente que las nuevas generaciones del hemisferio conozcan que el castrismo desarrolló muchas de las estrategias más violentas y criminales que se hayan conocido”, relató Rodríguez.

“Es muy importante incursionar en el pasado, ningún crimen debe quedar impune y, menos aún, olvidado. De ahi la importancia de nuestro trabajo apoyado ahora por un documental sobre el fatídico vuelo 495 de Cubana de Aviación, procedente de Miami y con destino a Varadero, caído en las cercanías de la Bahía de Nipe, después de haber sido secuestrado por seguidores de Fidel y Raúl Castro”, recalcó Rodríguez.

“Quiero aclarar que los pasajeros no tenían vínculo con el Gobierno cubano. No eran un objetivo político. Simplemente, los secuestradores, al parecer, pretendían transportar a las guerrillas orientales armas, municiones y tal vez dinero”, aclaró Reynol.

“El viaje a Varadero, poco más de 300 kilómetros, 45 minutos, nunca llegó a su destino. A bordo del turbohélice Vickers Viscount, iban 20 pasajeros, entre ellos una mujer embarazada. 

Omara González, sobreviviente, en un cortometraje de Lilo Vilaplana, sobre este horrible secuestro, dijo que los secuestradores actuaron con sevicia y, a cada momento, le ponían una pistola en la cabeza a los pasajeros para que mantuvieran la calma ante la rebeldía súbita.

La aeronave –según Reynol Rodríguez del movimiento Alpha 66, fue capturada por cinco jóvenes militantes del fatídico Movimiento 26 de julio, quienes cumplían órdenes de Raúl Castro, terminando la operación en una tragedia.

“Ninguno de los culpables, como Edmundo Ponce de León, pagó por el crimen. Otra tragedia cubana que nadie quiere escuchar y menos ver. Como lo ocurrido con Hermanos al Rescate. Pero Estados Unidos tiene suficiente autoridad judicial para encausar a Raúl”, aseguró Rodríguez.

“Este secuestro fue ordenado por Raúl Castro. Tenía contactos con Miami y así planificó este execrable crimen de los pasajeros de ese vuelo. Allí iba, incluso, una familia, que llevaba a sus hijos. Ninguno sobrevivió”, recordó Rodríguez. 

“Este fue, uno de los primeros actos de piratería aérea en la historia de Cuba y lo cometió el Movimiento 26 de Julio con Fidel Castro a la cabeza, ya que el dictador, desde la Sierra Maestra comandaba el M-26-7, para luego negar toda responsabilidad en lo que calificó de “acto aventurero”, insistió Reynol.

“Es terrible recordar que un comando de cinco miembros del M-26-7 desvió a punta de pistola el vuelo 495 de Cubana de Aviación, con 16 pasajeros a bordo, que cubría la ruta Miami-Varadero. Media hora después de iniciado el vuelo, cuando faltaban 15 minutos para llegar a Varadero, dos hombres encañonaron con sus pistolas al piloto y lo conminaron a que dirigiera el avión hacia la región oriental de Cuba”, narró.

“Mientras tanto, los otros tres secuestradores, amenazando con sus armas a los aterrorizados pasajeros, les ordenaron que no se movieran de los asientos. Luego, apagaron las luces del avión (según testigos como Patricia Medrano, quienes relataron que uno de los secuestradores apagó de un balazo uno de los focos).

Los secuestradores, cuyo objetivo era unirse a las guerrillas castristas, para las cuales llevaban municiones y dinero, ordenaron al piloto aterrizar en la pista del central Preston, en la costa norte de la actual provincia de Holguín.

Como había advertido el piloto a los secuestradores, la pista no fue lo suficientemente larga para el aterrizaje del aparato, un turbohélice Vickers Viscount 755D, y el avión, que estaba a punto de quedarse sin combustible, se salió de la pista y fue a parar a las aguas profundas e infestadas de tiburones de la Bahía de Nipe.

Hubo 17 muertos: 14 de los 16 pasajeros y tres secuestradores. Entre los muertos había tres niños de dos, cuatro y cinco años, y su madre, que estaba embarazada.

El crimen quedó impune. A pesar de que seis de los fallecidos eran ciudadanos norteamericanos, el gobierno estadounidense, alegando no tener jurisdicción, no investigó el hecho.  Y tampoco hubo indagaciones por parte de Batista, que sería derrocado dos meses después por los rebeldes.

Fidel Castro, que desde la Sierra Maestra comandaba el M-26-7, negó toda responsabilidad en lo que calificó de “acto aventurero”, y Raúl Castro calificó el hecho como “una estupidez heroica”.

Testigos relataron que los secuestradores rebeldes hicieron un intento de aterrizaje en medio de la noche en una pista de la Empresa United Fruit, en el pueblo de Preston, cuando ya la nave no tenía combustible, pero el avión se partió por la mitad y se hundió en la Bahía de Nipe.

Murieron 17 de las 20 personas que viajaban a bordo. Fue el primer secuestro de un vuelo internacional originado en Estados Unidos. “Mi padre, Ruskin, fue un héroe. Un mártir de esa horrible dictadura castrista. Lo extrañamos y lo recordamos con profundo amor”, dijo su hija Patricia Medrano. 

“Sufrimos esa noche en casa porque nadie daba noticias del avión. Fue algo trágico e inolvidable. Esto no puede quedar en la impunidad. Los autores tienen que sufrir consecuencias jurídicas como Raúl Castro”, enfatizó Patricia, quien asistió al acto en el Big Five.

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