Grenet nos trajo a Negrete

Written by Libre Online

10 de enero de 2023

Por Don Galaor (1940)

Eliseo Grenet, me presentó a Jorge Negrete en Nueva York. Grenet en la gran ciudad es ya un personaje conocido. Los críticos lo respetan y los músicos, sean americanos o extranjeros, lo quieren y lo admiran. Cuando estuve hace tres años en Nueva York, Grenet acababa de inaugurar con Oscar Roche, con Roldán y Richard, aquel inolvidable cabaret, “Yumurí” en Broadway y calle 52. Allí se congregaba noche tras noche, lo mejorcito del Nueva York, artístico y literario. Después de las dos de la mañana, podían verse en el “Yumurí”, las estrellas de Hollywood que estaban de paso por la gran ciudad, los autores más eminentes, los directores de orquesta más populares y otros personajes que iban al cabaret cubano a gozar de la música eminentemente criolla de Eliseo Grenet.

Esta vez, cuando llegué a New York, Grenet acababa de llegar de Hollywood. Me lo encontré en el casino cubano una noche. Estaba con Negrete, y en la mesa, con Chemoley Baños y Sergio, el temido columnista de “La Voz”, me contó sus últimas andanzas.

–¿De dónde viene usted? –le pregunté.

–De Hollywood.

–¿Qué ha hecho por allá?

–Una película para la “Warner Bros”, con Negrete y mi orquesta. Y dejamos listos los preparativos para rodar “La Virgen Morena” y “Drums over Havana”, cuyo argumento es de Enrique Uhthoff. ¿Se acuerda usted de Uhthoff?

–¡Cómo no! Fue cronista social y crítico teatral a la vez de la antigua “Prensa”. Hace muchos años que anda viajando por Europa. Ignoraba que estuviese por los Estados Unidos.

–Uhthoff, que no olvida a Cuba ha hecho un argumento precioso. Tan bonito, que me inspiré y he hecho la partitura de la cual me siento orgulloso.

–¿Y para cuándo cree usted que comenzará a trabajar en esas películas?

–Para pronto. Este año queda una terminada. El próximo año otra.

–¿Hay en Hollywood el mismo entusiasmo que en New York por la música cubana?

–Hay más. Y estoy seguro de que no se hacen más películas de ambiente cubano, por falta de elementos.

–¿Negrete trabajará en sus dos películas que tienen música de usted?

–Sí, desde luego. Para su voz, para su figura y su estilo están escritas, tanto los libretos como la música.

–¿Es verdad que Negrete colabora con usted en sus últimas canciones?

–Sí, él ha escrito las letras de “Para Ti”, “Morir en ti”, “Te adoro”, “Quiero olvidarte”, “Mexicana” y muchas más.

El maestro Grenet, no desperdicia ocasión para hablar de los méritos artísticos de Negrete. Es una pareja que se complementa, y si en uno la música fluye fácil, alegre o sentimental, pero siempre criollísima, el otro a medida que el maestro improvisa en el piano los ritmos de una canción, él escribe la letra.

Una noche con un frío que se colaba hasta los huesos en el pórtico de un edificio de apartamentos. Nos reunimos con Negrete y Grenet un puñado de cubanos. Nadie los había citado. Nunca se habían reunido siquiera. El caso es que Negrete y Grenet se pusieron a cantar a media voz la canción “Para ti”.

Debo advertir a ustedes que me están leyendo, que no hay sensación de júbilo comparada a la de escuchar una canción cubana en pleno Time Square a la medianoche, enfundados en gruesos abrigos.

Sabíamos que los que pasaban no comprendían la letra de aquella canción, pero que la disfrutaban porque era una música sabrosa, con ritmo tropical.

–¡Es una canción cubana!, dijo una rubia que pasaba cogida del brazo de un atleta de seis pies de estatura.

Y el hombre más sentimental, se detuvo. Sonreía.  Negrete al verse ante este auditorio imprime más romanticismo a su voz y la rubia poniendo los ojos en blanco, suspiraba.

–La Habana… luz de luna… atmósfera tropical. ¿Conoces tú, La Habana? 

–La iremos a conocer este año ¿quieres tú? 

–Yes, darling.

Y se fueron rumbo a Broadway, media cuadra a la izquierda.

Una hora más tarde estábamos allí más de ocho cubanos y canción tras canción, Negrete y Grenet nos hicieron evocar nuestro cielo estrellado, nuestra luna de maravilla, nuestro paisaje de encantamiento.

Así, en Hollywood, actuando en los teatros y los sets de ambiente criollo en Nueva York, cantando en los “night clubs” y en los escenarios de los teatros latinos, Jorge y Elíseo hicieron por nuestra música una propaganda inapreciable.

Ahora, aquí está conmigo Negrete. Grenet se ha marchado urgido por no sé qué asunto importante que tenía que resolver con Gonzalo Palacio, que los representa. 

Yo le pregunté a Negrete:

–¿Cuántas películas ha protagonizado usted en México?

–Muchas. “La perjura”, “La madrina del diablo”, “Juntos, pero no revueltos”, “El cementerio de las Águilas”, “El fanfarrón”, “Caminos de ayer” y “La Valentina”.

–¿Qué proyectos ha traído a Cuba?

–Los de todo artista que se precie un poco. La Habana es un imán para los que hemos sido recibidos con agrado por la crítica y el público de otros países. He oído hablar tanto de La Habana.

–Yo lo interrumpo

–Claro, anda usted con Eliseo Grenet.

–Es cierto, sí señor. Pero no a Elíseo solo. A cuántos estuvieron por acá. Uhthoff en Hollywood, suspira por La Habana. Los compañeros que trabajaron conmigo en las películas mexicanas, los músicos de los teatros y cabarets de Nueva York. La Habana… La Habana y sus noches desfilan por nuestra imaginación como si, en efecto, las hubiéramos gozado y sus mujeres sonríen en un sueño que no se necesita cerrar los ojos para producirse. ¡Y la música compadre, sobre todo la música!

Negrete, muchacho entusiasta un poco sentimental, como todo artista joven, se queda un momento en éxtasis, después vuelve a hablarme:

–¿Conoce usted las canciones de Grenet?

–Desde luego.

–No, no, le pregunto por las últimas.

–¿No se acuerda usted que las escuché a usted mismo? Me dijo Grenet que la letra de esas canciones es de usted.

–Pues a eso iba. A decirle que yo he hecho letras a esas canciones, inspirado nada más que en lo que yo soñaba de La Habana.

–¿Y la realidad respondió a sus sueños?

–Sí, señor. Dígalo usted. Responde, en todo. En sus noches de maravilla, en sus ritmos únicos, en sus mujeres de encantamiento.

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