GIGANTES DE LA MEDICINA EN EL SIGLO XIX

Written by Libre Online

8 de diciembre de 2021

Por el Dr. José Chelala (1950)

Introducción. Los grandes  de la biología y de la medicina. Cuvier, Brown, Schwann, Bassi, Pasteur, Meyer, Joule, Darwin. Rokitansky el precursor de las enfermedades cardiovasculares. Virchow, el patólogo más eminente de todos los tiempos. Progresos de la obstetricia y la ginecología: Italia, Alemania, Inglaterra, Norteamericana, Francia, Austria. La antisepsia en el siglo XIX. Pasteur y Lister. El italiano Lázaro Spallanzani. CARLOS J. FINLAY el “Pasteur de las Américas”. Un gran genio de la medicina: Ignacio Felipe Semmelweis. Su batalla contra la fiebre puerperal y contra la ignorancia de su época.

Por el Dr. José Chelala (1950) †

En todas las épocas se han reflejado sobre la evolución del pensamiento médico los acontecimientos políticos y sociales, determinando su revisión y orientación. Los conocimientos médicos sufren en cada conmoción social un retardo  en su progreso, pero apoyándose en las necesidades surgidas al calor de los acontecimientos, reanudan su avance y dejan señales evidentes de nuevos descubrimientos y enseñanzas que benefician a la humanidad. Asi ocurrió en siglos pasados y  continuará sucediendo en los próximos, como se ha comprobado en el transcurso de las dos últimas guerras mundiales.

Estancado estuvo el pensamiento médico durante el período de la Revolución francesa y de las grandes convulsiones bélicas ocurridas casi contemporáneamente en América y más tarde en los países de la Europa central. El triunfo de los principios de la Revolución, asegurando la libertad de palabra y de pensamiento, dieron más auge y posibilidades de progreso a las ciencias y a las artes que  ningún otro acontecimiento histórico. Estas encontraron su mejor horizonte cuando el hombre entabló sus batallas más audaces contra el dogmatismo, la ignorancia, contra la metafísica y contra todo obstáculo pensamiento libre que pretendía imponer la política tradicional. La  victoria en esas batallas abrió las puertas para dar acceso a los estudios superiores, liberando del control religioso o político la cátedra universitaria, suprimiéndole al clero privilegio de la enseñanza y de la cultura, del mismo modo que se arrebató a la aristocracia el privilegio de la soberanía política y militar.

Con el progreso del comercio, de las industrias, de los grandes núcleos humanos, la política y la medicina se ven forzadas a encarar -a través de sus representantes profesionales- nuevos y mayores problemas de higiene y salubridad. El despertar del Nuevo Mundo, con el surgimiento de nuevos Estados americanos independientes y sin inmediatas consecuencias de mayor tráfico comercial e industrial traen aparejados el intercambio de ideas, experiencias y descubrimientos, dándole un impulso vigoroso al pensamiento médico y una gran difusión. 

Los progresos de la Química y de la Física ofrecieron elementos más sólidos a las ciencia originando dos ramas importantes de la medicina: la física biológica y la química biológica. El surgimiento de nuevas técnicas permitieron investigaciones mas acuciosas, descubrimientos de laboratorio que mejoraron la terapéutica y mayores conocimientos sobre la naturaleza humana.

El final del siglo XVIII y comienzos del XIX testimonian sobre descubrimientos científicos que repercuten constantemente en todas las actividades contemporáneas

Cuvíer, Brown, Schwann, Bassí, Pasteur, Mayer, Joule, Darwin.

Los descubrimientos que saludaron los comienzos del siglo XIX constituyeron el basamento de toda la biología y de la patología celular. Georges Léopold Cheretien F. Dagobert, barón Cuvier, el gran muralista fnancés, eleva a rango científico la anatomía comparada, a tal extremo que aún hoy tenemos que escrutar en ella si aspiramos a dilucidar los problemas más importantes de la biología.

Robert Brown, botánico inglés, descubre y da a conocer por primera vez la importancia de la célula como elemento de la planta y el desarrollo del organismo vegetal de la célula; y descubre el movimiento rápido de oscilación de las partículas pequeñísimas suspendidas en un líquido sin cambio en la posición respectiva de las partículas (pédesis).

Theodor Schwann, genial fisiólogo alemán, funda la doctrina de la célula como elemento del organismo animal, dando cimiento firme a la biología moderna.

Agustín Sassi señala en 1837 a un hongo como agente patógeno de la enfermedad del gusano de seda, ratificando los estudios  de  Lazarro Spallanzani, naturalista y médico italiano, negando  la generación espontánea; este último realizó investigaciones sobre la fecundación y la circulación, estableciendo una ley que la posteridad ha dado su nombre: «la regeneración es más completa en los animales jóvenes que en los viejos».

Luis Pasteur, biólogo francés, demuestra que la fermentación es debida exclusivamente a organismos vivos, estableciendo definitivamente la teoría de los gérmenes. Como culminación de estos descubrimientos que dieron a la medicina una sólida base científica, Julio Robert Mayer, alemán, contemporáneamente con James Prescott Joule, se establece la ley de la conservación de la fuerza. Carlos Darwin funda la ley de la selección natural, expuesta en su obra inmortal «El origen de las especies». Rokitansky y Virchow.  

El siglo XIX daría aún más bases para el progreso de las ciencias, con otros descubrimientos en el campo de la Patología y de la Bacteriología.

Carlos Rokitansky, genial maestro vienés, escudriña en los cadáveres y ofrece al mundo extraordinarias descripciones de enfermedades que dan realces a los descubrimientos anteriores de Morgagni.

Rokitansky con sus estudios sobre las enfermedades de las arterias, del hígado y de otros sistemas, fue el pionero de los conocimientos modernos sobre el sistema cardiovascular.

Rudolf Virchow, considerado como el patólogo más eminente de todos los tiempos, médico, antropólogo y destacado político, concibió y demostró que la célula es el centro de los cambios en las enfermedades,  destruyendo la antigua -concepción de «los humores»; aunque us concepciones han sufrido modificaciones, no hay duda de que en su época significaron  un gran avance científico. Como antropólogo. Virchow realzó extensas investigaciones en la antropología   física   de los niños alemanes y estudió las viviendas lacustres o palafito, los tatuajes y otras materias del campo de la salubridad.

Siendo el médico más influyente de Alemania en su época, descolló en las luchas por la democracia y la libertad, oponiéndose enérgicamente a la política del canciller de hierro Bismarck, llegando a ser miembro del Reichstag. Su informe sobre la epidemia de tifus  en Silesia, modelo de análisis sanitarios y de recomendaciones revolucionarias, le valió el destierro de Berlín, regresando  después como profesor de Patología en dicha capital.

Contemporáneo con Virchow, Luis Pasteur, médico-veterinario, funda la ciencia bacteriológica que indujo después al gran cirujano inglés Lister a aplicar sus principios para la antisepsia quirúrgica.

Progresos de la  Obstetricia y la Ginecología

El siglo XIX asiste al nacimiento y desarrollo de la obstetricia como una disciplina propia dentro del campo de la medicina, estableciéndose como enseñanza especial en las universidades. los descubrimientos de la patología, de la antisepsia, de la técnica quirúrgica y la obra cumbre de Ignacio Felipe Semmelweis demostrando los causas de la fiebre puerperal; el desarrollo que adquieren la anatomía y la histología, todos en conjunto contribuyeron al ascenso de la medicina. La ginecología comenzó a destacarse como especialidad, aunque todavía su práctica quedaría vinculada por mucho tiempo a la obstetricia.

En Italia se destaca Alfonso Corradi como el más insigne historiador de la obstetricia. Francia se coloca a la cabeza con los grandes Baudelocque, Antonio Dubois, Alfred Valpeu y Madame La Chapelle, esta última directora de la Maternidad de París y autora de un tratado sobre el mecanismo del parto.

En Alemania fueron célebres Adam Elias von Siebold y su hijo Eduardo Siebold, quien escribió un texto, considerado el más competo en el campo de la obstetricia.

Italia resurge con los notables tocólogos Asdruballi, Bongíovanni, Lovarti, Billi, Esterle, Juan Bautista Fabbri, Balocehi, Mínato, Sillani y Frari, todos autores de textos de clínica y cirugía obstétricas.

Inglaterra contribuyó a la ciencia obstétrica con notables figuras como la de James Young Simpson, catedrático de Edimburgo a los 29 años introductor del cloroformo -descubierto por Liebig y Woeh-ler, en la obstetricia; modificó el fórceps que todavía hoy se utiliza en Inglaterra.

Le siguieron Jonhn Burns, cuyas obras fueron traducidas a varios idiomas; Bozzi Granville, de origen italiano y residente  en Inglaterra, notable por su técnica operatoria; Roberto Lee, autor de investigaciones sobre laa funciones intestinales del feto y sobre la versión en la presentación de hombro.

Norteamérica hizo presencia en el siglo XIX con los ginecólogos y tocólogos de fama, como Efraim Mac Dowll, este último practicando, la primera operación sobre los ovarios. Los hermanos John Lemuel, Atlee y Washington Lemuel Atlee. Samuel Bard, autor del primer tratado americano de obstetricia y Hugo Lenox Hodge, inventor del primer pesario uterino.

Francia respondió a los progresos del nuevo continente con las figuras de losé Claudio Anselmo Recamier  inventor del espéculo vaginal que lleva su nombre. Pedro C. Huguier que realizó estudios sobre la medida del útero, los quistes ováricos y la amputación del cuello uterino.

Austria nos ofreció a Carlos Braun von Fernwald; José Spaeth, Lucas Juan boer a quien debemos numerosas innovaciones instrumentales. Francisco Carlos Naegele, llamado el “Euclides de la la Obstetricia», fue el tocólogo de más renombre en la primera mitad del siglo XIX.

Carlos Schrvredcr, tocólogo y ginecólogo, escribió una de las obras más notables sobre ginecología,  traducida a varios idiomas Fernando A. Maximiliano von Ritgen, el primero en practicar la sinfisiotomía (sección del hueso de la cadera) para el parto.

A medianos del siglo XIX varió la conducta del tocólogo, haciéndose más expectante y menos quirúrgica, pero al finalizar el siglo la operación cesárea adquiere nueva actualidad y con mayores éxitos.

La ginecología comienza a destacarse con la introducción de la anestesia. Contribuyeron a su progreso Young Simpson, de Edimburgo, Tomás Spencer Well, quienes realizaron operaciones sobre los ovarios, consideradas hasta entonces siempre mortal. Aún antes de Liester, introdujeron la limpieza escrupulosa de las manos y de los instrumentos en las operaciones. El norteamericano Jaime Marion Sims, calificado como cirujano atrevido y habilidísimo, crea un espéculo que lleva hoy su nombre y practica con grandes éxitos las fistulas vésicorrectales.

En contraste con los defensores de la antisepsia Roberto Lawson Tait. que ejerció en Birmingham,  se reveló como uno de los adversarios más violentos de la antisepsia, afirmando de que era suficiente el uso de agua caliente para el lavado de las manos y de los instrumentos. Más tarde aceptó los principios de antisepsia señalados por Lister, practicando las más audaces operaciones considerándose, que fue el primero en operar el embarazo extrauterino.

Ya en la mitad del siglo XIX aparecieron los primeros estudios sobre las afecciones venéreas del árbol genital de la mujer. La ginecología adquiere adultez y comienza a ser una disciplina clínica y quirúrgica separada de la obstetricia, contribuyendo por ella misma al progreso de la profilaxis y de la higiene social.

La antisepsia en el siglo XIX

Aún cuando la clínica, y la cirugía adquirieron relevantes progresos en este siglo, un elemento limitó esos progresos hasta que la voluntad férrea de numerosos biólogos y médicos pudo vencer el tradicionalismo y  la  ignorancia: nos referimos al desconocimiento existente entonces de la antisepsia.

Numerosas   enfermedades  eran atribuidas a influencias astrales, magnéticas, a maleficios, a humores y aires de pantano; las intervenciones quirúrgicas, no obstante el descubrimiento de la anestesia, conducían a la muerte, no sólo por las deficiencias técnicas sino principalmente por las infecciones causadas por gérmenes todavía desconocidos y por carecer de métodos que las impidieran.

UN PERÍODO BRILLANTE

Pasteur y Lister marcan en la historia no sólo de las ciencias sino de la humanidad, un periodo  brillante  en  extremo, por sus contribuciones:  el  primero en el campo de la bacteriologia y el segundo en el orden de la antisepsia y de la cirugia.

Pero sus merecidas glorias  tienen antecesores que por espíritu de justicia no podemos olvidar. Como señala justamente el historiador Douglas Guthrie, antes de esa época se hicieron ensayos encaminados a adoptar un   método  antiséptico, lo mismo que antes del nacimiento de Harvey se vislumbró la existencia de una circulación sanguínea.

El término antiséptico fue usado por Sir  John Pringle en el siglo XVIII. En realidad su  historia  comienza un siglo antes con Leeuwenhoek (creador del primer microscopio) y sus animalillos. El y Kircher fueron los primeros  bacteriólogos conocidos, aunque no pudieron explicar lo que veían en sus primitivos microscopios. Hacia 1640, hacía ya observaciones semejantes el parasitólogo y poeta italiano Francesco Redi. En sus investigaciones advirtió que los gusanos  no  aparecen espontáneamente en la materia putrefacta y que tampoco aparecen cuando se cubre un trozo de carne de manera que no puedan posarse en él las moscas. Y nos dice el historiador, de este rudimentario experimento, que a nadie se le  había ocurrido hacer hasta entonces. Redi dedujo que la tan defendida doctrina de la generación espontánea era errónea. Sólo la vida produce la vida, declaró. Todos los seres necesitan de progenitores.

Un siglo después  Lazarro Spallanzani demostró que los gérmenes no se desarrollan en los líquidos contenidos en frascos bien tapados expuestos previamente al calor. Tuvo que realizar muchas experiencias, para replicar las observaciones de su crítico más virulento, un sacerdote católico apellidado Needham, que continuó sosteniendo la tesis de la generación espontánea.

LUIS PASTEUR

El sucesor genial de Spallanzani en estas investigaciones lo fue Luis Pasteur, en cuyas investigaciones se basó después Lister para sentar las bases modernas de la antisepsia.

Hasta entonces no se concebía aún más, se consideraba un insulto hacia los médicos y demás practicantes, el lavado de las manos y el de los instrumentos de su profesión.

Semmelweis fue el pionero más destacado, más valiente y decidido de la antisepsia. Sus luchas contra la fiebre puerperal y contra la ignorancia de los médicos de su época, lo han hecho merecedor de la eterna veneración de todas las madres del mundo.

Carlos .J. Finlay

Cuba ofreció también una brillante contribución al progreso de las ciencias con los trabajos del sabio médico camagüeyano Carlos J. Finlay, quien descubrió que la fiebre amarilla se transmitía por la picadura del mosquito estaegomya y más tarde inventó el método seguro para la extinción  de la enfermedad.

Carlos J. Finlay nació el 3 de diciembre de 1833 en la ciudad cubana de Camagüey; su padre era médico de origen escocés, y su madre Eloísa de Barrés, francesa. Realizó sus primeros estudios en Francia (1844) que tuvo que interrumpir por un ataque de Corea.

En 1851 reanuda sus estudios que también tiene que interrumpir por sufrir de fiebre tifoidea. En 1855 inició sus estudios de Medicina en Filadelfia,  graduándose en 1856 regresando a la Habana donde hace su reválida en el año 1857.

LA FIEBRE AMARILLA

En 1857 comenzó Finlay a preocuparse por la Fiebre Amarilla que hacía estragos en ‘Cuba, México. Centro y Sur América. Millares de muertes producía la Fiebre Amarilla en todos los países.

Como señala el doctor Filomeno Rodríguez Abascal en su biografía, de una manera científica razonada, el doctor Finlay buscando ese agente capaz de transmitir la terrible enfermedad, la fiebre amarilla, rechazando las influencias atmosféricas, meteorológicas o miasmáticas, llega a encontrar ese agente en el Culex Mosquito, entre las 600 o 700 especies de mosquitos existentes. Auxiliado eficazmente por el sabio naturalista cubano Don Felipe Poey, el Dr. Finlay pudo afirmar que el Culex Mosquito, también llamado Staegomya Fasciatus. era el único capaz, de transmitir la fiebre amarilla.

Completando su extraordinario descubrimiento, Finlay señaló más tarde las bases de la profilaxis de la fiebre amarilla, confirmándose años después con los estudios sobre vacunación anti-amarilla que han llegado a nuestros días. El genio de Finlay, sus sacrificios y abnegación sin límites, su tenacidad ante los recelos, incomprensiones, ignorancia y mala fe de muchos de sus contemporáneos nacionales y extranjeros, permitieron con su descubrimiento salvar a la humanidad del azote de la fiebre amarilla y al mismo tiempo dio impulso histórico a las grandes obras sanitarias, comerciales, industriales y marítimas que se vieron imposibilitadas, por las epidemias antes del descubrimiento de Finlay.

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