FUE UN CRIOLLO AMABLE Y CORDIAL. RESEÑA DEL CRONISTA BERNARDO RODRÍGUEZ DEL PERIÓDICO “EL REPUBLICANO”, DE MATANZAS, CUBA, OCTUBRE DE 1957

Written by Libre Online

26 de mayo de 2021

Murió Villar… Fue esa la frase lacónica, desoladora, espeluznante, que corrió de labio en labio en las primeras horas de la mañana de hoy, llevando al corazón de todos un hálito de infinita tristeza, como todo lo que produce la caída de un hombre bueno que le sorprende la Parca en plena faena de la vida .

Así, escuetamente, corrió la desgarradora nueva por todos los ámbitos de la ciudad, propagándose de tal suerte que a los pocos minutos de producirse el fallecimiento del Dr. Villar, eran cientos de personas de todas las clases sociales, las que acudían a su enlutada residencia para patentizar su pena a los atribulados familiares del inolvidable amigo.

Bastará apuntar esa prueba de consternación, para dar una idea de la magnitud de la desgracia que a todos nos aflige, con motivo de la desaparición del médico eminente; del profesional prestigioso; del ciudadano ejemplar; del caballero intachable; del político de arraigo y del amigo que supo hacer un culto de la amistad.

En este último aspecto, se contaba el Cronista, al que supo siempre dispensarle su amistosa cordialidad y extenderle su mano franca y cariñosa como todo hombre de su lealtad y de sus altos principios morales.

Conocido es de todos el penoso cautiverio a que fue sometido en estos últimos tiempos el Dr. Fernando del Villar y de los Ríos. Herido por los estragos de una incurable dolencia que se prolongó en largos meses de terrible padecer a todo se recurrió en aras de su salvación pero todo fue inútil, su fin estaba decretado.

Consultado con los más ilustres galenos de Matanzas y La Habana, hemos visto resignado ante su propio infortunio al Dr. Villar, acatar en silencio la voluntad del Supremo Hacedor, engañándose asimismo del mal que amenazaba por derribar su amada existencia.

Conocedor como médico, de la dolencia que lo había hecho su presa, sufrió calladamente el martirio a que lo sometió el destino, compartiendo su desventura y su desdicha, su abnegada esposa y sus queridísimos hijos; a quienes hemos visto, día tras día, no separarse un instante de su lecho de dolor, prodigándole toda clase de atenciones y cuidados.

Nosotros que solíamos visitar a Fernando frecuentemente porque así lo exigía una deuda de gratitud, fue en días pasados por última vez, cuando pasamos a sus habitaciones privadas, para interesarnos por su salud  que ya se agravaba por momentos pese a los cuidados de la ciencia representada en este caso por los Dres. Guillermo Caballero Cil, Juan Luis Menéndez Llana y su propia hermana política, la Dra. Rosalía Arnold.

Sabíamos que solo un milagro podía salvarlo, que aquella vida tan útil a la humanidad y a la sociedad tocaba a su fin, pero esperábamos que el milagro se produjera, prolongando esa existencia tan amada de todos.

En pleno dominio de sus facultades, pasó de este mundo a la región de lo desconocido, tras de recibir los auxilios espirituales de la Religión Católica, con la íntima satisfacción de sus deberes cumplidos.

Mucho tiene que decir nuestra pluma ante la muerte del Dr. Fernando Villar y de los Ríos.

Nativo de Güines, era el primogénito del fallecido Dr. Toribio del Villar, médico también, que como los Dres. Valdés Anciano y Miguel A. Beato Forn, dieron días de gloria a su querida barriada de Pueblo Nuevo, corriendo allí los años de su infancia junto a sus hermanos Raúl, Toribio y Arturo.

Sus estudios mayores le hicieron pasar después a la ciudad de La Habana, matriculándose en la Universidad de aquella Capital, para cursar la carrera de medicina, donde tantos éxitos cosechó por su inteligencia, su capacidad y amor al estudio.

Dedicado por entero a la cirugía, supo en esa rama destacarse sobradamente y triunfar plenamente en el ejercicio de su profesión, dejando un nombre a manera de símbolo, como uno de los primeros cirujanos de esta población.

Fundador de la Clínica que lleva su ilustre nombre de la calle de Independencia, supo con su esfuerzo personal y la de sus compañeros de Directiva, elevar a un rango de popularidad dicho establecimiento facultativo, que hoy deja huérfano, con su desaparición, de sus sabias orientaciones y de su personal actuación.

Médico de las clases pobres, como Domingo L. Madan, Armando Carnot, etc., se desvivía en servir con su ciencia, a los que de nada podía esperar en pago a sus servicios profesionales, ya que ejercía su apostolado con verdadera devoción de Galeno.

Como ciudadano supo destacarse también en primer plano el Dr. Villar, por su constante preocupación por la comunidad, mereciendo siempre el laudo de las clases humildes y necesitadas.

Como caballero, fue la quinta esencia de la corrección y la hidalguía, conduciéndose siempre como hombre mundano de exquisita sociabilidad.

¿Y qué decir como político, cuya actuación de Alcalde Municipal por tres períodos lo colocan como uno de los gobernantes más honestos y de más popularidad y arraigo que ha tenido la población matancera en estos últimos tiempos?

Que fue también Jefe de Salubridad Local, en épocas inolvidables para la Yucayo, sorprendiéndole la muerte cuando ocupa un escaño en la Cámara Baja, derribando así un mundo de esperanzas en su brillante carrera política.

Como amigo, merecen anotarse asimismo los altos merecimientos del Dr. Villar como uno de los mejores exponentes de la amistad que siempre supo cosechar, sin tasa y sin medida.

Ascienden a cientos y cientos de admiradores y amigos, los que deja el Dr. Villar a su paso hacia la eternidad, los mismos que hoy se congregan en su lecho de muerte, para acompañarlo en su última estancia sobre la tierra.

Encerrado el cuerpo inerte del ex-Mayor yumurino en lujoso cofre de metal de la firma Torres y Cía., duerme plácidamente el sueño de la eternidad, con aquel rictus de serenidad en su rostro, que da solo la Parca a sus elegidos.

Son infinitas también las ofrendas florales que llegan a su cámara mortuoria, como testimonio de aprecio y cariño de sus familiares y amistades, pudiendo adelantar q. no quedará una sola flor en los jardines matanceros, que no sea dedicada al Dr. Fernando del Villar y de los Ríos.

El duelo es general, cerrando sus puertas en señal de duelo el Liceo de Matanzas y el Colegio Médico, colocando sus banderas a media asta, el Palacio Municipal y el Capitolio Nacional.

Queda llorando la eterna ausencia del más amoroso y ejemplar de los compañeros, su inconsolable viuda Ana Arnold y Abascal, que ha sido en todos los momentos, la más solícita y abnegada de las esposas.

Quedan llorando también la muerte de su buen padre con el alma, traspasada por el dolor más grande, los hijos que fueron su orgullo y adoración, Femandito y Rolando.

Y lloran también la pérdida irreparable del inolvidable Fernando sus hermanos Raúl, Toribio, María y Arturo; sus hermanos políticos y sobrinos, entre los que se cuenta el Sr. Eduardo Ruiz del Villar, Administrador de la Zona Fiscal de esta ciudad.

Para todos nuestra más expresiva condolencia y para el alma inmortal del amigo que se nos fue, el descanso eterno que pedimos al Altísimo por su paz espiritual.

¡Qué gran pérdida para Matanzas representa la desaparición del Dr. Fernando del Villar y de los Ríos, caído en plena gloria de su profesión y en la cumbre de su carrera política!

¡Adiós infortunado!

Bernardo Rodríguez

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